El Jefe del Estado, el Rey Felipe VI, clausuró ayer en Madrid el VI Congreso de la Conferencia Mundial de Justicia Constitucional, una cita que ha reunido a representantes de 85 tribunales constitucionales para abordar un reto central: cómo proteger los derechos humanos de las generaciones futuras en un contexto de transformaciones globales.
En el acto de cierre, el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, defendió con firmeza la independencia judicial.
No se trata, recordó, de “un privilegio de los jueces, sino de una garantía y un derecho de todos los ciudadanos”.
Esa idea —nuclear en el constitucionalismo democrático— cobra especial fuerza ante las “claras amenazas” que, según advirtió, afrontan diversos tribunales constitucionales: presiones políticas, retrasos en la ejecución de sus resoluciones, intentos de minar la confianza pública y límites presupuestarios o procesales que condicionan su actuación.
Conde-Pumpido reclamó a los poderes públicos el máximo respeto institucional y subrayó la legitimidad del modelo español para elegir magistrados del Tribunal Constitucional, sustentado en la participación equilibrada del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y en la sujeción al mandato constitucional.

Tecnología y derechos fundamentales
El Congreso dedicó buena parte de su agenda al impacto de la tecnología en los derechos fundamentales. Para el presidente del TC, garantizar la conectividad y el acceso equitativo a las herramientas tecnológicas y al conocimiento es hoy “un elemento vital para el desarrollo y la inclusión social”.
Alertó, no obstante, de los riesgos de un avance tecnológico sin límites éticos ni control jurídico: uso indebido de datos, discriminación algorítmica y vigilancia desproporcionada. En este terreno, afirmó, los tribunales constitucionales deberán marcar criterios para una “justicia tecnológica acorde con la dignidad humana y los derechos fundamentales”.
Conde-Pumpido mostró su convicción de que las conclusiones del Congreso influirán en futuras interpretaciones constitucionales y en reformas normativas. Cada Constitución, señaló, “es un árbol lleno de vida”, capaz de adaptarse a los desafíos de cada época.

El acto de clausura —al que asistió el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños— concluyó con una actuación de la orquesta infantil Acción por la Música, como gesto hacia las nuevas generaciones, protagonistas del debate y destinatarias de los compromisos adoptados.