Opinión | Siria, el gran reparto: cómo el país se convirtió en el premio de un nuevo orden y quiénes son sus nuevos amos

Jorge Carrera, abogado, exmagistrado, exjuez de enlace de España en Estados Unidos y consultor internacional, explica en qué ha devenido Siria para la salida del país de su anterior presidente, Bashar al-Assad. Un análsis que versa sobre Ahmed al-Sharaa, el presidente interino sirio (a la derecha), que aparece en la foto junto a Donald Trump, presidente estadounidense, y el príncipe saudí, Mohammed bin Salman. La foto fue tomada en Riad el 14 de mayo pasado. Foto: Wikipedia.

22 / 11 / 2025 05:41

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Olviden todo lo que creían saber sobre Siria. El colapso de Bashar al-Assad en diciembre de 2024 no trajo la paz; detonó un reajuste sísmico que ha redibujado el mapa de poder de Oriente Medio.

Hoy, Siria es un laboratorio de realpolitik pura y dura, y el hombre fuerte que se sienta en Damasco desafía toda lógica convencional.

Se llama Ahmed al-Sharaa, pero durante una década fue mundialmente conocido por su nombre de guerra: Abu Mohammad al-Julani. Sí, el antiguo líder de la filial de Al Qaeda, luego reconvertido en jefe de Hayat Tahrir al-Sham (HTS).

En menos de un año, Sharaa ha protagonizado la metamorfosis política más asombrosa del siglo XXI. Ha colgado el uniforme de insurgente para vestir el traje de estadista. Se ha despojado de la retórica yihadista global para abrazar un discurso nacionalista y pragmático centrado en la reconstrucción.

El resultado ha sido espectacular. En noviembre de 2025, el hombre que encabezaba listas de terrorismo fue recibido en la Casa Blanca por el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio.

Washington ha levantado las sanciones económicas clave. Pero mientras Sharaa firma autógrafos diplomáticos, el país que nominalmente gobierna está fracturado, subastado y ocupado.

Bienvenidos al nuevo reparto de Siria.

La anatomía del nuevo poder

El nuevo gobierno de Damasco es una obra maestra de ingeniería política diseñada para una audiencia global. Sharaa ha nombrado un gabinete que parece un manual de cómo apaciguar a donantes y críticos.

Ha colocado tecnócratas en carteras clave como Finanzas, un gesto directo para generar confianza en Riad y Doha, que ya han empezado a soltar los petrodólares.

Ha realizado nombramientos simbólicos de minorías —un ministro druso en Agricultura, uno alauita en Transporte— e incluso ha nombrado a una mujer (la única), Hind Kabawat, en Asuntos Sociales.

Pero no nos engañemos. Este es un gobierno de dos caras. Mientras la cara amable pide fondos en Londres y Washington, el núcleo duro del poder —los ministerios de Justicia y Dotaciones Religiosas— permanece firmemente en manos de los ideólogos islamistas leales a Sharaa.

Es un equilibrio precario: necesita el dinero de Occidente, pero también necesita mantener el fervor de las bases que lo llevaron al poder.

El mapa real: la soberanía fracturada

El mayor desafío para el nuevo «presidente» es que, aunque tenga el reconocimiento internacional, no tiene el control territorial. La soberanía siria es hoy una ficción legal.

El país está dividido en feudos donde mandan actores externos.

1. El sur: la nueva realidad israelí

Este es el cambio más drástico y permanente. Aprovechando el caos de la caída de Assad, Israel no solo bombardeó; lanzó una operación terrestre sin precedentes. Ha establecido una «zona de seguridad» de facto que penetra profundamente en Siria, ocupando más de 460 kilómetros cuadrados.

Sus tropas han alcanzado las proximidades de Qatana, a tan solo 25 kilómetros de Damasco. Imágenes satelitales confirman que están construyendo bases militares permanentes.

Esto no es una incursión temporal; es un cambio en el status quo territorial. Israel ha redibujado el mapa y, de paso, se ha posicionado como el protector de la comunidad drusa en la provincia de Suwayda, interviniendo en disputas locales.

2. El noreste: el dilema kurdo y el petróleo

Aquí la tensión es máxima. Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), lideradas por los kurdos y aún con protección residual de Estados Unidos, controlan la joya de la corona: el 95% de los campos de petróleo y gas.

Se han firmado acuerdos de «integración» con el nuevo ejército nacional, pero la disputa es fundamental. Damasco, presionado por Turquía, exige la disolución de las unidades kurdas.

Los kurdos, temiendo por su supervivencia, exigen integrarse como un bloque cohesionado, manteniendo su cadena de mando. Mientras tanto, controlan el grifo del petróleo, el único recurso real del país.

3. El desierto: el fantasma de ISIS

Mientras todos miran las fronteras, el Estado Islámico (ISIS) ha resucitado en el vacío. El desierto central (la Badia) vuelve a ser su santuario.

Sus células han pasado de la supervivencia a la ofensiva, atacando rutas logísticas críticas hacia Irak. Más alarmante aún, han demostrado capacidad para golpear el corazón del nuevo régimen, con un atentado suicida en una iglesia en Damasco en junio.

El gran juego: ganadores y perdedores

La caída de Assad ha provocado un realineamiento geopolítico total.

El gran perdedor: Rusia

Moscú ha sufrido un revés estratégico devastador. Tras perder a su aliado, el nuevo gobierno sirio anuló sumariamente el tratado de arrendamiento de 49 años del puerto de Tartus.

En febrero de 2025, los últimos buques de guerra rusos abandonaron la base. La presencia naval permanente de Rusia en el Mediterráneo ha terminado. Su base aérea de Khmeimim es ahora un nodo logístico secundario para reabastecer sus operaciones en África. Rusia está fuera del juego levantino.

El ganador indispensable: Turquía

Ankara es el nuevo hegemón. La relación personal entre Erdogan y Sharaa es el eje de la nueva Siria. Turquía proporciona inteligencia, entrenamiento militar y, lo más importante, legitimidad política.

A cambio, ha obtenido lo que siempre quiso: cooperación total de Damasco para aplastar cualquier aspiración de autonomía kurda vinculada al PKK.

Los banqueros: El Golfo

Arabia Saudita y Qatar han asumido su rol. Juntos, pagaron la deuda de 15 millones de dólares que Siria tenía con el Banco Mundial, desbloqueando el acceso a financiación internacional.

Han comprometido 89 millones de dólares solo para subsidiar salarios públicos y evitar un colapso administrativo. Riad ya ha comprometido más de 6.000 millones de dólares para la reconstrucción. El objetivo es claro: cimentar a Siria en la órbita árabe suní y alejarla para siempre de Irán.

Las bombas de relojería internas

Más allá de la geopolítica, Sharaa gestiona un país sobre cimientos podridos.

¿Justicia o Venganza? El desmantelamiento del «estado profundo» de Assad ha sido rápido y, a menudo, brutal. El paradero de Maher al-Assad es un misterio.

Pero la purga de leales al antiguo régimen ha cruzado líneas rojas, con informes de enfrentamientos en la región costera que resultaron en la muerte de unos 1.500 civiles alauitas. Las minorías temen que la «justicia transicional» sea solo una herramienta de venganza sectaria.

La economía del Captagon: Sharaa prometió erradicar el narco-estado de Assad, una condición clave para su normalización. Pero la realidad es terca.

El comercio de Captagon no ha desaparecido; se ha fragmentado. Las grandes instalaciones industriales vinculadas al régimen han sido reemplazadas por talleres móviles más pequeños en zonas fronterizas.

Las facciones tribales y elementos del nuevo gobierno siguen dependiendo de esas rentas ilícitas para pagar a sus combatientes.

El futuro incierto

La Siria de 2026 no es un estado unificado, sino un conflicto congelado en plena mutación. Su supervivencia depende de un equilibrio imposible: necesita el dinero del Golfo, la protección de Turquía y el visto bueno de Estados Unidos, todo mientras intenta someter a los kurdos, evitar una guerra con Israel y controlar a sus propias facciones radicales.

El país evoluciona hacia una «democracia iliberal» suní, tutelada por Ankara y financiada por Riad. Pero la ocupación israelí a las puertas de la capital y el resurgir de ISIS son las grietas que amenazan con derrumbar este frágil edificio en cualquier momento.

El juego en Siria no ha terminado; solo han cambiado los jugadores y las reglas.

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