Ramón Ángel Gómez Villares, abogado malagueño de amplia trayectoria y referente de la abogacía local, falleció el pasado sábado por la mañana en Málaga, causando una honda consternación en el mundo jurídico.
Su muerte supone la pérdida de una figura muy respetada tanto por su ejercicio profesional como por su implicación institucional en la vida colegial.
Gómez Villares, actualmente retirado, fue cofundador del despacho Gómez Villares & Álvarez Abogados (GVA Abogados), firma creada a finales de los años noventa y consolidada como uno de los despachos de referencia en Málaga y que en 2024 se fusionó con Montero-Aramburu, dando a la luz a la firma Montero-Aramburu Gómez Villares, Atencia.
A lo largo de su carrera se distinguió por un ejercicio riguroso y exigente de la profesión, que le granjeó prestigio entre compañeros, clientes y operadores jurídicos.
Miembro de la Junta de Gobierno en los 90
Su compromiso con la abogacía se proyectó también en el Colegio de Abogados de Málaga, donde formó parte de la Junta de Gobierno como diputado durante la década de 1990.
Desde ese cargo contribuyó al fortalecimiento institucional del Colegio y a la defensa de la profesión en una etapa de importantes cambios normativos y organizativos.
En reconocimiento a esa trayectoria ejemplar, el Colegio de Abogados de Málaga le concedió la Medalla de Honor, una de las máximas distinciones de la institución, que simboliza el aprecio corporativo a quienes han prestado servicios destacados a la abogacía.
Colegas y antiguos compañeros han subrayado estos días su calidad humana, su cercanía en el trato y su permanente disposición a orientar y apoyar a los más jóvenes.
Su fallecimiento ha sido profundamente lamentado por la Abogacía de Málaga, donde figuraba con el número 387 de colegiado –desde el 10 de diciembre de 1974–, desde donde se ha trasladado su pésame y apoyo a su familia, entre la que se encuentran sus hijos Santiago, Ramón, Nicolás y Joaquín Gómez-Villares Pérez-Muñoz, quienes han seguido sus pasos en el ejercicio profesional de la abogacía.
Con su desaparición, la comunidad jurídica de Málaga despide a un abogado que encarnó, durante décadas, una forma comprometida y vocacional de entender la profesión.