La formación de los jóvenes, el pensamiento crítico, la hiperespecialización y el cambio del modelo de negocio centraron una mesa en la que las participantes confrontaron sus visiones sobre el futuro de los despachos.
«La inteligencia artificial es un superpoder para un abogado veterano y un arma de destrucción masiva para un joven abogado sin criterio». Blanca Rodríguez Lainz, directora global de Talento en Ontier, puso sobre la mesa una de las cuestiones más delicadas de la transformación tecnológica de la abogacía: cómo formar a los profesionales que comienzan cuando una máquina puede resolver en segundos tareas con las que antes aprendían el oficio.
Su advertencia tuvo una explicación concreta: la capacidad de aprovechar la inteligencia artificial depende del criterio de quien la utiliza, y ese criterio necesita formación, experiencia y una manera propia de pensar.
«Lo que hay es que construir criterio, y si no tienes criterio, no tienes pensamiento crítico», afirmó. Por eso defendió ampliar la preparación de los abogados: «Hay que formarles en geopolítica, hay que formarles en filosofía, hay que formarles para que aprendan a pensar y a tener criterio propio».
La reflexión atravesó la mesa «Gestionar un despacho hoy: innovación, eficiencia y decisiones clave», celebrada el pasado jueves, 22 de octubre, por la tarde, dentro del Legal Innovation Forum de Wolters Kluwer, en The Valley, en la Universidad Alfonso X.
Moderó Eugenia Navarro, socia de LOIS y Spain Regional Community Leader en CLOC, y participaron, junto a Rodríguez Lainz, Mabel Klimt, diputada quinta del ICAM y socia directora de Elzaburu; Laura Fauqueur, fundadora de Legal Shake y miembro del Operational Board del movimiento internacional Legal Hackers; y Marisa Delgado, responsable de Conocimiento e Innovación de A&O Shearman.

Blanca Rodríguez: «Yo ya no pido el expediente académico»
La responsable de Talento de Ontier trasladó esa preocupación a la selección de los profesionales que se incorporan al despacho. Las capacidades que busca van más allá de los conocimientos acreditados en una calificación.
«Yo ya no pido el expediente académico en los procesos de selección», explicó.
En su lugar, utiliza dinámicas de grupo para observar cómo se comportan los candidatos, cómo se relacionan y qué pueden aportar a la organización.
«Lo que busco es gente que vaya a encajar en el despacho y a crecer, que tenga ese pensamiento crítico, que demuestre que sabe comunicarse, que tiene empatía, que trabaja bien con el resto del grupo», detalló.
La cuestión de si la inteligencia artificial reducirá la incorporación de abogados jóvenes quedó abierta. Rodríguez Lainz defendió su continuidad, aunque con expectativas diferentes: «Tiene que seguir habiendo juniors», señaló, para añadir que lo que se busca en ellos son «cosas distintas».
Entre esas capacidades destacó la de conectar ideas y personas, así como la inquietud necesaria para formular preguntas. También defendió una base transversal que permita comprender los problemas e identificar a qué especialista acudir.

«Los abogados vendemos horas de sueño»
La empatía ocupó un lugar central en su intervención. El valor del abogado también depende de cómo comunica sus conocimientos y de su capacidad para entender qué necesita quien le consulta.
Rodríguez Lainz lo explicó al contraponer una relación interminable de riesgos con una respuesta útil para el negocio del cliente: «El no mandar una retahíla de riesgos infinita, sino el decirle cuál es la solución que aplica a su negocio».
Recordó, además, una frase que se utiliza en la dirección de Ontier: «Los abogados vendemos horas de sueño a nuestros clientes».
La expresión resume la tranquilidad que busca quien acude a un profesional. «Eso pasa por la confianza. Pasa por el conocimiento y pasa por hablar el mismo idioma», añadió.
En ese contexto situó su advertencia sobre la IA. Los abogados experimentados disponen de referencias para valorar sus resultados.
Cuando se entrega esa capacidad a alguien que todavía no ha desarrollado su juicio profesional, el riesgo cambia de dimensión: «Cuando se lo das a alguien que no tiene construido ese criterio, lo que tienes es un arma de destrucción masiva».

Marisa Delgado: adoptar la herramienta exige transformar el despacho
Marisa Delgado describió un cambio profundo desde 2023. Los jóvenes que llegan ahora han cursado sus estudios mientras se extendía la inteligencia artificial generativa y muchos ya la han incorporado a sus hábitos.
«Vienen de la universidad ya con las suscripciones de pago», explicó.
Eso facilita la adopción, aunque obliga a trabajar sobre los riesgos y los usos adecuados. Delgado se mostró favorable a que los jóvenes utilicen estas herramientas: «Yo soy de la del sí». Una posición que acompañó de una cautela: «Hay que tener muchísimo cuidado».
También destacó la llegada de perfiles con nuevas capacidades: «Nosotros tenemos varios abogados que programan». A su juicio, «el perfil del abogado ha cambiado completamente» y esos profesionales impulsan la evolución de sus propios equipos.
En el plano de la gestión, describió una etapa más madura, en la que la pregunta ya no se limita a qué aplicación comprar. Se trata de decidir para qué utilizarla como organización y cómo integrarla en el trabajo.
«Hay que adoptarla, hay que adoptarla bien y hay que transformarse gracias a un uso sensato, responsable, con garantías», sostuvo.
La compra de licencias, por sí sola, deja una pregunta pendiente que, según explicó, ya se escucha en el mercado: «Tengo la herramienta, ¿para qué la utilizo, para qué me sirve?».

Dentro de cinco años, un futuro abierto
Delgado evitó dibujar un escenario cerrado sobre el futuro de los despachos. «Cómo va a ser el despacho dentro de cinco años, nadie lo sabe», advirtió.
La respuesta de las organizaciones debe ser prepararse para adaptarse. En A&O Shearman describió la creación de redes internas de expertos y una transformación que requiere trasladar decisiones globales a los equipos locales.
«La innovación ya no es un departamento», afirmó. En su planteamiento, debe formar parte del conjunto de la firma: «La innovación es el ADN del despacho».
Esa necesidad responde a las demandas del mercado. «No porque queramos ser los más modernos, los más divertidos o los más innovadores, que también, sino porque es una necesidad», explicó.
Laura Fauqueur pone el acento en las personas
La conversación ganó intensidad cuando Laura Fauqueur cuestionó que la tecnología constituya, por sí misma, una diferencia competitiva.
«La tecnología nunca ha sido y no es la diferencia competitiva ahora mismo», sostuvo. Para la fundadora de Legal Shake, se está convirtiendo en un recurso común, un commodity, y la transformación debe examinarse desde las personas y la organización.
De las posibilidades actuales destacó que la tecnología «permite un cambio humano, un cambio a más humanidad».
También apuntó a las oportunidades que abre para firmas de menor tamaño: «Los despachos pequeños y medianos pueden más fácilmente adoptar tecnología más rápidamente que los grandes».
Su intervención situó la agilidad de esas organizaciones como un factor capaz de alterar posiciones en el mercado.

Mabel Klimt: «Para mí sí va de tecnología»
Mabel Klimt introdujo una discrepancia explícita. El acceso a las herramientas, argumentó, puede convertirse en una barrera que condicione las posibilidades de competir.
«Para mí sí va de tecnología desde el momento en el que vas a tener gente que sí podrá acceder y gente que por modelo de negocio no va a poder acceder», afirmó.
La socia directora de Elzaburu destacó la velocidad, la eficiencia y la capacidad de revisión que aportan estas soluciones. Su disponibilidad puede determinar qué respuesta es capaz de ofrecer un despacho y en qué plazo.
También defendió que el futuro avanzará hacia una especialización cada vez más intensa: profesionales con un conocimiento muy profundo de ámbitos más concretos, integrados en equipos multidisciplinares más amplios.
Esa previsión contrastó con el énfasis de Rodríguez Lainz en la transversalidad. Ambas coincidieron, sin embargo, en una exigencia: disponer de juicio profesional. Klimt lo expresó de forma tajante: «Si no tienes criterio, no lo puedes arreglar».

Eugenia Navarro: el cambio va más allá de la eficiencia
Desde la moderación, Eugenia Navarro amplió el debate a la manera de comprar y prestar servicios jurídicos, la formación de los profesionales y la relación con los clientes.
La transformación tecnológica, señaló, «va mucho más allá» de la eficiencia. Afecta a los modelos de servicio y a las personas que deben sostenerlos.
El intercambio de posiciones fue suficientemente vivo como para que reconociera: «Me está costando ser moderadora de esta mesa, tengo muchas ganas de opinar».
Los honorarios también entraron en la conversación. Klimt planteó la necesidad de revisar cómo se valora un servicio cuando la tecnología reduce drásticamente el tiempo de algunas tareas, mientras el análisis y la estrategia mantienen su importancia.
Delgado explicó que esa evolución ya tiene reflejo en su firma: «Muy pocos clientes pagan por horas». Existen cantidades acordadas al comienzo de las operaciones y fórmulas que desplazan la atención hacia el valor del servicio.
La mesa terminó con diferencias sobre el peso de la tecnología y la especialización, y con una preocupación compartida por la formación. La pregunta que dejó Rodríguez Lainz seguirá acompañando a los despachos: cómo construir el criterio de quienes empiezan cuando obtener una respuesta resulta cada vez más fácil.