El próximo socio de un gran despacho podría estar ahora mismo preparando una demanda, revisando un contrato o asesorando a un cliente desde su mesa de trabajo.
Durante años, los despachos de abogados han competido por atraer a los mejores profesionales mediante fichajes estratégicos, salarios elevados y atractivas ofertas de carrera. Sin embargo, una parte del talento que necesitan para seguir creciendo ya está dentro de sus propias organizaciones.
La dificultad para encontrar abogados altamente especializados está llevando a las firmas a prestar más atención a sus propios equipos. Formarlos, ayudarles a desarrollar nuevas habilidades y ofrecerles oportunidades reales de ascenso se ha convertido en una estrategia para reforzar su competitividad.
El desafío ya no consiste únicamente en fichar a los mejores abogados, sino también en conseguir que los profesionales que empiezan desde abajo puedan convertirse algún día en los socios que dirijan el despacho.
De abogado joven a socio
La carrera dentro de un despacho suele comenzar en puestos júnior y avanzar por distintas categorías de asociado. A medida que ganan experiencia, algunos abogados ascienden a puestos de mayor responsabilidad, como asociado sénior o director.
Sin embargo, la gran aspiración de muchos es llegar a socio del despacho, una posición reservada a un número reducido de profesionales.
Ese ascenso no depende únicamente de dominar el Derecho. También cuentan la capacidad para dirigir equipos, relacionarse con clientes, generar negocio y asumir decisiones que afectan al conjunto del despacho. Además, no todas las categorías de socio implican participar en el capital de la firma.
La promoción interna ofrece una ventaja: quien lleva años en una organización conoce sus métodos, a sus compañeros y las necesidades de sus clientes. Para los abogados jóvenes, comprobar que otros profesionales han progresado dentro del despacho también demuestra que la carrera prometida puede hacerse realidad.
Un ejemplo es ECIJA, que en marzo de 2025 promocionó a Juan Carlos Guerrero y Marina Torres como socios en Madrid. Guerrero desarrollaba su carrera en la firma desde 2016, mientras que Torres se había incorporado cuatro años antes.
Los nombramientos, anunciados por el propio despacho, reconocieron su trayectoria en derecho digital y propiedad intelectual, en el primer caso, y gobierno corporativo y societario, en el segundo.

Afianza apuesta por formar a sus propios especialistas
La promoción profesional exige preparación. No basta con esperar a que aparezca una vacante: los despachos necesitan identificar a quienes pueden asumir responsabilidades y darles herramientas para hacerlo.
Afianza ha puesto en marcha un Máster propio en Fiscalidad y Tributación Empresarial para reforzar la especialización de sus equipos. La iniciativa combina formación práctica, casos reales y la participación de especialistas vinculados a la Administración Tributaria.
«La mejor forma de atraer talento es, en primer lugar, cuidar, formar y potenciar el que ya forma parte de nuestro propio proyecto», afirma Patricia Jaén de la Vega, Chief People Officer de Afianza.
La directiva considera que el mercado de especialistas en Derecho Fiscal está cada vez más tensionado y que formar a los profesionales de la casa permite responder mejor a las necesidades de las empresas. «Nuestros clientes esperan de nosotros, además de conocimiento técnico, criterio y visión estratégica», explica.
Jaén de la Vega resume las ventajas de este planteamiento en tres conceptos: compromiso, coherencia y colaboración. Invertir en formación refuerza el vínculo con la organización; compartir criterios mejora la forma de asesorar; y reunir a profesionales de distintas oficinas facilita el intercambio de conocimientos.
Nuevas habilidades ante la IA
Ya no basta con conocer las leyes y resolver asuntos complejos. Los abogados que aspiran a ocupar puestos de dirección deben saber gestionar equipos, entender las necesidades de sus clientes y participar en las decisiones estratégicas de la firma.
A estas exigencias se suma la inteligencia artificial, que está cambiando la forma de trabajar en los despachos. Herramientas capaces de localizar jurisprudencia, revisar contratos, analizar grandes cantidades de documentación o preparar borradores permiten reducir el tiempo dedicado a determinadas tareas.
Sin embargo, su utilización también plantea riesgos. Los sistemas pueden cometer errores, ofrecer información desactualizada o generar respuestas jurídicamente incorrectas. Por eso, la capacidad para comprobar los resultados y aplicar el criterio profesional resulta fundamental.
A ello se añade la inteligencia artificial, que está transformando tareas como la búsqueda de información, la revisión de documentos y ciertos análisis. Su utilización exige comprobar los resultados y mantener el criterio profesional.
«La IA está transformando nuestra profesión. Automatiza tareas de búsqueda, de análisis y de revisión que antes consumían mucho tiempo, pero no sustituye al asesor fiscal», subraya Jaén de la Vega.

Formar también implica ofrecer oportunidades
La formación, por sí sola, no garantiza que un abogado permanezca en su despacho. Si adquiere experiencia y nuevas competencias, pero no encuentra perspectivas de crecimiento, puede continuar su carrera en otra firma.
De ahí la importancia de contar con planes profesionales claros: qué se exige para ascender, cómo se evalúa el trabajo y cuándo se pueden asumir mayores responsabilidades.
También resulta necesario preparar el relevo de los socios veteranos y transmitir su conocimiento a las siguientes generaciones.
Los fichajes externos seguirán siendo útiles para incorporar especialidades y abrir mercados: «Deseamos que el talento externo quiera incorporarse a nuestro gran proyecto. ¡Talento atrae talento!«, subraya la directiva.
Sin embargo, la competitividad de una firma depende también de su capacidad para formar, promocionar y conservar a quienes ya integran sus equipos.