No cabía un alfiler en el acto de homenaje a la desaparecida fiscal del Tribunal Supremo, Soledad Cazorla, que fue en lo que se convirtió el acto de entrega del XI Premio del Observatorio contra la violencia doméstica y de género. Un premio otorgado a título póstumo. Fue en el Salón de Actos del Consejo General del Poder Judicial, en Madrid.
Que Cazorla tenía muchos amigos y que la querían, no quedó la menor duda. Allí estuvieron sus amigos de la Fiscalía en pleno, con la fiscal general a la cabeza, Consuelo Madrigal, tres exfiscales generales, Eduardo Torres-Dulce –ahora en Garrigues-, Cándido Conde-Pumpido y Carlos Granados, ambos magistrados del Tribunal Supremo, el teniente fiscal del Alto Tribunal, Luis Navajas, y once de los 25 fiscales de Sala del Supremo, entre ellos Joaquín Sánchez Covisa, Bartolomé Vargas, fiscal delegado de Seguridad Vial, Eduardo Fungairiño y Javier Zaragoza, fiscal jefe de la Audiencia Nacional, que tiene categoría de fiscal de Sala, además del nuevo fiscal superior de la Comunidad de Madrid, Jesús Caballero Klink y numeroso personal funcionario que la apreciaba mucho.
La juventud, los tres hijos de Cazorla, Joaquín, Santiago y Eduardo, y sus numerosos amigo,s ocuparon una gran parte del “fondo sur”, en el que también estaban Fernando Ledesma, consejero de Estado, Sonia Gumpert, decana del Colegio de Abogados de Madrid, la secretaria de Estado de Justicia, Carmen Sánchez-Cortés, o Antonio Dorado, secretario general de la Administración de Justicia, la diputada autonómica por el PSOE –y magistrada en servicios especiales-, Pilar Llop, el magistrado del Tribunal Supremo, Luis Sánchez Melgar, y la presidenta del Observatorio, Ángeles Carmona, sentada junto a Joaquín García Tagar, viudo de Cazorla.
Éste recibió el premio del Observatorio de manos de Madrigal, que antes le dio un largo y sentido abrazo sobre el escenario.
En el “fondo norte”, se mezclaban fiscales y magistrados del Tribunal Supremo, como Manuel Marchena, presidente de la Sala de lo Penal, Luis Díez-Picazo, su homólogo en la Sala de lo Contencioso-Administrativo, Antonio del Moral, Benito Gálvez y Jacobo López Barja de Quiroga así que José Ramón Navarro, presidente de la Audiencia Nacional, mientras que las primeras sillas eran ocupadas por el presidente del Consejo General de la Abogacía Española, Carlos Carnicer, y Juan Carlos Estévez, presidente del Consejo General de los Procuradores de España, que intervinieron en el acto para pronunciar unas palabras de recuerdo.
La base central del Salón de Actos fue ocupada por los “pesos pesados”: el ministro de Justicia, Rafael Catalá, el de Interior, Jorge Fernández Díaz, y el de Sanidad, Alfonso Alonso, junto con el consejero de Políticas Sociales, Familia, Igualdad y Justicia del Gobierno de la Rioja, Conrado Escobar, y el presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes.
Detrás de ellos, los vocales Rafael Fernández Valverde, Wenceslao Olea, Fernando Grande Marlaska, Carmen Llombart, Rafael Mozo y Mar Cabrejas.
Juan Manuel Fernández prefirió quedarse de pie, en el pasillo del “fondo norte”.
Los presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia de Madrid, Francisco Vieira, La Rioja, Ignacio Espinosa, y Navarra, Joaquín Galve, y la consejera de Justicia de la Generalitat valenciana, Gabriela Bravo.
También el promotor de la Acción Disciplinaria, Antonio Jesús Fonseca-Herrero, que tenía a su espalda a todas las representantes de la asociaciones de lucha contra violencia de género.
La soprano Mariví Blasco y el guitarra Javier Somoza abrieron el acto con música de Vicent Martin i Soler, Franz Peter Schuber y lo cerraron con una pieza de Kurk Julian Weill.
Todas y cada una de las diez personas que intervinieron resaltaron la calidad humana y el compromiso de Soledad Cazorla con la lucha por la igualdad, la justicia y contra la violencia de género.
Su hijo, Joaquín, dio unas cuantas pinceladas de quien era su madre que, por unos minutos, hizo que se materializara en las cabezas de quienes la habían conocido, provocando, en muchos de ellos, una abierta sonrisa.
Soledad Cazorla, fiscal jefe de Sala Delegada para la violencia de género en el Tribunal Supremo, falleció, en el Hospital Clínico de Madrid, el pasado 4 de mayo a consecuencia de un derrame cerebral.
Tenía 65 años.