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Violencia sexual: arma de guerra contra mujeres en conflictos armados
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Violencia sexual: arma de guerra contra mujeres en conflictos armados

Claudia Cano
19 junio, 2017

Un día como hoy -19 de junio-, de hace dos años, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución por la que se declara esta fecha como Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos, con la intención de generar conciencia al abordar estos delitos. Claudia Cano, del departamento legal de la Fundacion FIBGAR, explica en esta columna por qué es importante conmemorarlo.

“Si parpadeas seguido, las lágrimas no caerán”, se dijo, al tiempo que se limpiaba la nariz discretamente con un pañuelo. Se sintió mal consigo misma, “soy una profesional, esto no debe pasarme”. Siempre se encontraba extraña en esas circunstancias, una mezcla de compasión, lástima, rabia y vergüenza, acompañadas de un ineludible dilema.

Como profesional, su papel era ser útil a otros, acompañar, apoyar y fortalecer, pero no podía evitar acabar convertida ella misma en víctima proyectada. Los ojos acuosos lo delataban, a pesar del inusual parpadeo.

¿Por qué esa permanente confusión entre víctima y acompañante? Reflexionando sobre esta cuestión, se preguntó que une a estas mujeres, qué une a una víctima de violencia sexual y a una funcionaria de una entidad pública, y una cooperante, y a una abogada.

Las mujeres, todas, hemos crecido con el miedo a sufrir una agresión sexual. Nos lo enseñaron nuestros padres, lo enseñamos a nuestras hijas.

Más allá de la manifestación extrema de la violencia de género y sus múltiples y perversas formas, las mujeres conviven con la discriminación y la violencia a diario. Esta violencia con la que lidian en el día a día, se ve exacerbada aún más en un contexto de conflicto armado, cuando los actores de la guerra convierten el cuerpo de las mujeres en un campo de batalla.

Les imponen normas, controlan su feminidad, castigan su placer, su identidad sexual y de género, y atropellan sus cuerpos conscientes de que esta violación del cuerpo trasciende a la propia víctima, causando heridas a todo un tejido social.

Frente a esto, algunas mujeres optan por el silencio; difícil compartir y buscar ayuda cuando el entorno sigue estigmatizando a la víctima y no al victimario y al contexto que hace posible que esto siga ocurriendo, y a los Estados y a los sistemas judiciales, que perpetúan la impunidad de este delito.

Otras, encuentran la forma de contarlo, de compartirlo y buscar ayuda de otras mujeres, se organizan y cambian el mundo.

Fruto de la lucha de todas ellas, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó en 2008 la resolución 1820, en la que se señala que la violación y otras formas de violencia sexual pueden constituir un crimen de guerra, un crimen de lesa humanidad o un acto constitutivo con respecto al genocidio y subraya la importancia de poner fin a la impunidad por esos actos para alcanzar la paz sostenible, la justicia, la verdad y la reconciliación nacional.

El 19 de junio del año 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución por la que se declara esta fecha como Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos, con la intención de generar conciencia al abordar estos delitos. Desde esa resolución, se han logrado importantes avances para la eliminación de la violencia sexual.

Una violencia sexual dirigida no sólo contra las mujeres

En febrero del año pasado, por primera vez un tribunal nacional imputó cargos de esclavitud sexual durante la guerra civil de Guatemala, condenando a dos ex oficiales militares.

En marzo del mismo año, un tribunal íntegramente femenino de la Corte Penal Internacional dictó su primera condena por delitos sexuales y de género cometidos por el exvicepresidente congoleño Jean-Pierre Bemba.

Posteriormente, las Salas Africanas Extraordinarias del Senegal condenaron al ex Presidente del Chad, Hissène Habré por crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad que incluían violación y esclavitud sexual.

Esta condena fue la primera contra un ex Jefe de Estado por cometer violaciones como delito internacional y el primer caso de jurisdicción universal enjuiciado en África.

A pesar de estos avances sin precedentes, la violencia sexual se sigue cometiendo en los conflictos armados en el mundo como un arma de guerra contra las mujeres, pero también contra los hombres y contra la población LGTBI (gays, lesbianas y transexuales), tal y como señalan algunos informes de las Naciones Unidas, como destacan algunos informes de su Secretario General.

En noviembre del año pasado, el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC-EP firmaron el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. Este Acuerdo de salida política a un conflicto que se ha prolongado por más de 50 años constituye un hito en la historia de los procesos de paz.

En el país hay hasta el momento registradas 19.684 víctimas de delitos contra la libertad e integridad sexual; hombres, mujeres y niños cuyos cuerpos fueron violentados convirtiéndose sin quererlo en territorio de guerra utilizado por los diferentes grupos armados en conflicto. Estas víctimas esperan que se satisfagan sus derechos a la verdad, la justicia, la reparación integral y las garantías de no repetición.

El mundo aplaude este proceso de paz y desde diferentes rincones enviamos el mensaje de que las víctimas de violencia sexual no están solas en su búsqueda de justicia.

Especialmente hoy 19 de junio es un día para recordar que ha habido avances, pero que es necesario seguir trabajando para eliminar la violencia sexual.

Claudia Cano

Claudia Cano

Claudia Cano es miembro del Departamento Legal de la Fundación Internacional Baltasar Garzón.


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