El ministro de Justicia saliente, Rafael Catalá, y la nueva titular de la cartera, Dolores Delgado, estuvieron reunidos ayer por la tarde, durante tres horas -de las 5 a las 8 p.m.- en el despacho oficial.
Durante ese tiempo, Catalá le explicó a Delgado, de forma pormenorizada, cuál había sido la actividad del Ministerio durante los últimos tiempos y qué cosas dejaba pendientes a fin de que su sucesora tuviera un conocimiento claro para, en su caso, tomar las decisiones que considere oportunas.
«Catalá relató a la nueva ministra todos los asuntos y respondió a todas las dudas, entrando en todo tipo de detalles y aclaraciones. Al ministro saliente le preocupaba mucho que su sucesora tuviera una visión y una panorámica clara de la actividad del Ministerio. Y se ofreció a ayudarle para aclarar cualquier tipo de nueva duda, o dudas, que pudieran emerger en los próximos días», explicaron fuentes cercanas al exministro.
«Esa reunión de trabajo fue un traspaso de poderes en toda regla, no una mera entrega simbólica de la cartera. Rafael Catalá considera que la justicia es una pieza clave para la democracia española y que la persona que ocupe el lugar que venía ocupando él hasta ahora debe tener toda la información de la que él ha dispuesto. Su talante ha sido, y es, de total colaboración», añadieron.
Catalá fue muy criticado ayer en algunos medios porque se limitó a hacerse la foto, entregando la cartera -un auténtico rito de paso- a su sucesora y después no fue con ella al Palacio de Parcent, una de las cuatro sedes que tiene el Ministerio en la calle de San Bernardo, en Madrid, donde se celebró el acto oficial.
El ya exministro tenía previsto viajar a Cuenca, circunscripción por la que es diputado, para celebrar una reunión y una comida de trabajo.
Fue a su regreso de esa ciudad, cuando se reunió con Delgado en el que hasta ese día había sido su despacho.