Pocas trayectorias profesionales implican tanto compromiso como la de quien dedica cinco o seis décadas de su vida a ejercer la abogacía. Consciente de ello, el Ilustre Colegio de Abogados de Valencia (ICAV) celebró este 2024 un acto solemne para rendir homenaje a los colegiados que cumplen 50 y 60 años desde su incorporación al Colegio.
Una generación de profesionales que no solo ha visto cambiar el mundo jurídico, sino que ha contribuido decisivamente a construirlo.
El acto tuvo lugar en el Salón de Actos del ICAV, presidido por su decano, José Soriano, quien abrió la ceremonia con unas palabras de bienvenida repletas de emoción y gratitud. “Este Colegio no puede olvidar a quienes habéis construido este Colegio y esta profesión. Sois un ejemplo a seguir”, afirmó, subrayando la deuda de reconocimiento que la institución y la abogacía valenciana tienen con sus veteranos.
Medio siglo al servicio del Derecho
Tras la lectura del acuerdo de la Junta de Gobierno por parte de la secretaria, se hizo entrega de las placas conmemorativas a los colegiados que cumplen 50 años de ejercicio.
En representación de todos ellos, intervino el abogado Manuel Calvé, quien ofreció un discurso sobrio y sentido.
Recordó la evolución del oficio, desde los años difíciles de la transición hasta la actual complejidad del marco normativo y tecnológico. “El ICAV transmite la gran verdad de los abogados valencianos: su amor a la profesión y su esfuerzo ininterrumpido en pro de los valores de la abogacía”, dijo.
Calvé también quiso destacar el papel fundamental del Colegio en la formación continua y el acompañamiento profesional: “Gracias al ICAV por su incesante actividad. Habéis sido siempre un faro para varias generaciones”.
José Soriano, decano del ICAV: “Preservar la memoria de quienes han caminado antes que nosotros no es solo un acto de justicia, es también una guía».

Seis décadas de compromiso y dignidad
El momento más emotivo de la tarde llegó con la entrega de placas e insignias a los colegiados que suman ya 60 años de dedicación. Una vida entera ligada a la defensa del derecho y a la vocación de servicio público.
En nombre de este grupo intervino la letrada Ana María Darias, con un discurso que combinó la memoria personal con una profunda reflexión profesional. “Nos hemos enfrentado a grandes retos —recordó—, pero hemos salido victoriosos porque tenemos un compromiso con la sociedad y la justicia”.
Y añadió con emoción: “Nuestra misión siempre ha sido la misma: servir al Derecho con rigor y dignidad”.
Su intervención fue recibida con un largo aplauso por parte del público, compuesto por familiares, compañeros de profesión, y miembros de la Junta de Gobierno del Colegio.

Un legado que permanece
La clausura del acto corrió a cargo, de nuevo, del decano José Soriano, quien quiso cerrar el homenaje mirando al futuro, pero sin olvidar el pasado: “Preservar la memoria de quienes han caminado antes que nosotros no es solo un acto de justicia, es también una guía. Vuestra experiencia y vuestros valores son el mejor legado que puede recibir una nueva generación de abogados”.
La jornada concluyó con un vino de honor en el que se entremezclaron abrazos, recuerdos y anécdotas de toda una vida dedicada a una profesión que exige tanto como ennoblece.
Porque la abogacía —como la vida misma— se mide no solo por los años, sino por la huella que uno deja. Y la de estos hombres y mujeres es, sin duda, imborrable.