Con enorme dolor escribo estas líneas en recuerdo de un magnífico amigo y compañero que falleció el lunes. Tuve la inmensa fortuna de conocer a Tomás López-Fragoso, Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de La Laguna, desde que ya en tiempos lejanos (en la perspectiva humana), iniciábamos ambos nuestra vida académica, él bajo la dirección del inolvidable Manuel Morón Palomino, gran maestro de nuestra disciplina, al que sucedió en la citada Universidad como Catedrático, con talento y dedicación reconocidos sin excepción.
Tuve la satisfacción y el honor de contar con la amistad de Tomi, desde que nos conocimos a finales de los años ochenta, hasta que la triste noticia de su fallecimiento me ha sobrecogido.
Su obra científica es soberbia, pero más importante aún es señalar que era una persona de una calidad humana, una bondad, que nos anima a todos a seguir transitando por la vida tratando de hacernos mejores y a evitar el mal (entendido como la ausencia del bien, que Tomi irradiaba con la inocencia y la alegría de la vida que nace y se abre paso frente a cualquier impedimento).
Luchó el Profesor López-Fragoso contra la adversidad en la salud desde que era joven y fue superando los obstáculos físicos que se cruzaban en su camino, con gran entereza y determinación, en el ámbito personal y académico.
Nunca oí que dijera nada malo de nadie, pese a las añagazas que lamentablemente son habituales en la vida universitaria. Discreto y templado, Tomi era una de las más amables personas y finos juristas que he conocido.
Se ha ido de nuestro lado, pero Tomi no será olvidado.
Queda su espléndida obra jurídica y permanece su entrañable recuerdo en su familia, sus amigos, sus colegas y sus alumnos, a cuya formación profesaba devoción y que tanto le apreciaban.
Descanse en paz.