La Bowen School of Law de la Universidad de Arkansas en Little Rock ha despedido a la profesora Felicia Branch, especialista en Derecho Tributario, por unos comentarios publicados en su cuenta personal de Facebook sobre la muerte del activista ultraconservador Charlie Kirk.
El decano de la Facultad, Colin Crawford, comunicó la decisión a través de una carta fechada el 24 de septiembre de 2025, en la que justificó el despido “por causa” en virtud de la Política 405.4 de la Junta de Fideicomisarios de la Universidad de Arkansas.
En el documento, Crawford sostuvo que las publicaciones de Branch habían provocado “una seria perturbación del entorno docente y laboral”, vulnerando los estándares de “ética, civismo y profesionalidad” exigidos al profesorado.
Las publicaciones, según el informe, celebraban la muerte de Kirk —figura controvertida por sus declaraciones racistas y misóginas— y criticaban a quienes lamentaban su fallecimiento. Branch recordaba, además, que la organización del activista había señalado públicamente a un activista negro, exponiéndolo a amenazas de muerte.
El caso adquirió dimensión política. Altos cargos del Estado, entre ellos la gobernadora Sarah Sanders, exigieron públicamente medidas disciplinarias. Días después, el decano notificó el despido. Un comité interno de apelación recomendó posteriormente imponer solo una advertencia, pero la decisión fue ratificada por la dirección de la Universidad.
El episodio ha reabierto el debate sobre los límites de la libertad de expresión en el ámbito universitario y el papel de las redes sociales en la vida académica. Mientras el centro defiende su obligación de preservar la “imagen institucional y el ambiente docente”, varios juristas han recordado que el principio de libertad académica, recogido en la propia normativa universitaria, exige proteger la expresión de opiniones, incluso controvertidas, cuando no exista daño efectivo a los estudiantes o a la institución.
Felicia Branch, que se ha negado a disculparse, sostiene que puede separar sus opiniones personales de su labor docente. La Universidad, sin embargo, no le dio la oportunidad de demostrarlo.
En los pasillos de la Bowen School of Law, donde se enseña Derecho pero no siempre se practica justicia, ha quedado una lección amarga: la libertad de expresión no peligra por lo que se dice, sino por quién lo dice.