El Casino de Madrid acogió este martes un acto que puso cara y voz a una pregunta incómoda: ¿qué une a los registradores de la propiedad con el mundo académico?
Más de lo que parece.
El Colegio de Registradores de España y el Decanato Autonómico de los Registradores de Madrid entregaron hoy la decimosexta edición del Premio Gumersindo de Azcárate a la Universidad española.
La reconocida fue Eva Alcon Soler, presidenta de la la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) y rectora de la Universidad Jaume I de Castellón, quien recogió el galardón en nombre de toda la institución universitaria.
El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, estuvo presente.
Y no se limitó al protocolo. «Al entregar este premio a la universidad española, reconocemos la perseverancia, reconocemos la labor de quienes enseñan, investigan y gestionan; de quienes sostienen, en ocasiones en condiciones mejorables, una de las instituciones más valiosas de nuestra democracia», afirmó.
Palabras que suenan a diagnóstico tanto como a elogio.
Rigor frente a la complejidad
La decana-presidenta del Colegio de Registradores, Rosario Jiménez Rubio —que presidía por primera vez este premio—, trazó la línea que conecta ambas instituciones con una precisión casi notarial.
«Ambas instituciones, desde ámbitos distintos, comparten una misma vocación: la del rigor, la de la fiabilidad, la de la construcción de certezas en un entorno cada vez más complejo.» No es retórica hueca. Es, en realidad, el argumento central de una noche entera.
Jiménez Rubio aprovechó el estrado para hacer balance de la actualidad registral. Dos asuntos concentraron su atención.
Primero, el segundo aniversario de la Ley 11/2023, que alumbró el Registro electrónico y que, en su valoración, supuso «la más revolucionaria transformación del sistema registral desde su creación».
Segundo —y aquí el tono se hizo más exigente—, la necesidad de reformar el modelo de transmisión de participaciones societarias.
«Tenemos un sistema opaco de transmisión y averiguación de las titularidades societarias, que se basa de hecho en su formalización en escritura pública y en su constancia en el libro interno de socios, y tenemos el deber de cambiar de modelo adoptando el más seguro, ágil y eficiente», concluyó.

Una crítica directa, envuelta en forma de propuesta, en referencia a las medidas contempladas en el Anteproyecto de Ley Orgánica de Integridad Pública.
Por su parte, la decana de los registradores de Madrid, Jimena Campuzano, coorganizadora del premio, subrayó que el galardón reconoce a la Universidad «como espacio de conocimiento, rigor y libertad intelectual, por su contribución decisiva a la formación de generaciones de profesionales y al fortalecimiento de nuestra vida jurídica, académica y social».
«No hay democracia sólida sin instituciones sólidas»
Eva Alcon Soler no desperdició el momento. Al recoger el premio, la rectora castellonense elevó la reflexión hasta sus consecuencias más políticas.
«Recibir este premio de manos de quienes garantizan la seguridad jurídica en nuestro país refuerza nuestra convicción de que no hay democracia sólida sin instituciones sólidas, ni instituciones sólidas sin conocimiento», dijo.
Registros y universidades, dos mundos que raramente comparten titular.
Alcon los presentó como piezas de un mismo engranaje: «La Universidad contribuye a esa misma confianza desde otro lugar: desde el conocimiento validado, la evidencia científica y la formación rigurosa.» Y fue más lejos.
«Ambas funciones —seguridad jurídica y conocimiento— son complementarias. Se necesitan mutuamente. Sin seguridad, no hay desarrollo estable; sin conocimiento fiable, no hay decisiones informadas».

Un palmarés que habla por sí solo
El Premio Gumersindo de Azcárate, instituido para reconocer a quienes contribuyen de forma destacada a la promoción del Estado social y democrático de Derecho, tiene detrás un historial que no admite medias tintas.
En 2025, el galardón recayó en el Poder Judicial, y fue S.M. el Rey quien lo entregó a la presidenta del CGPJ, Isabel Perelló.

En ediciones anteriores, lo recibieron las Cortes Generales, el Tribunal Constitucional, el Consejo de Estado, los padres de la Constitución —Pérez-Llorca, Roca Junyent y Herrero y Rodríguez de Miñón—, el Ministerio de Justicia, galardón que recogió la entonces ministra Pilar Llop, el fallecido Nobel Mario Vargas Llosa, Rebeca Grynspan —hoy candidata a Secretaria General de la ONU— y el expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso.
Una nómina que conviertió este martes el Casino de Madrid en algo más que una ceremonia de entrega. Es, también, un espejo en el que la España institucional se mira a sí misma.