El presidente de Colombia Abelardo de la Espriella y Juan Gonzalo Ospina –ambos abogados penalistas, ambos conservadores– en una simpática foto realizada recientemente. Foto: JGO.

Por qué el presidente de Colombia ha elegido al abogado penalista Juan Gonzalo Ospina para la «superembajada» en Europa

27 / 09 / 2026 05:45

El abogado penalista Juan Gonzalo Ospina, socio fundador de Ospina Abogados, colgará (temporalmente) la toga el próximo 2 de octubre, tras celebrar su último juicio.

Cerrará así una etapa de diez años al frente de uno de los despachos de derecho penal más mediáticos de España. El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, lo ha elegido para representar a su país ante la Unión Europea, la OTAN, Bélgica y Luxemburgo, hoy está a la espera de que se formalice su nombramiento.

Ospina proviene, quizás de una de las familias con más trascendencia histórica en Hispanoamérica.

Tres presidentes de la República, elegidos democráticamente le preceden. Mariano Ospina Rodríguez (1857 – 1861), fundador del Partido Conservador colombiano en 1846, Pedro Nel Ospina Vázquez (1922 -1926) y su bisabuelo Mariano Ospina Perez (1946 -1950).

Juango como comúnmente lo llaman repasa en esta entrevista con Confilegal su relación con el nuevo Ejecutivo, el relevo al frente del despacho y su diagnóstico, sin filtros, sobre la Justicia española.

Poca gente sabe que su bisabuelo fue presidente de Colombia y que, antes que él, otros parientes suyos también ocuparon la Presidencia.

Así es. Mi bisabuelo, Mariano Ospina Pérez, fue presidente de Colombia. Mi abuelo, Mariano Ospina Hernández, fue senador, presidente del Congreso, embajador en Alemania y constituyente entre otros cargos públicos. Mariano Ospina Rodríguez, participó en la conspiración septembrina contra Simón Bolívar, años más tarde fue encarcelado en el Fuerte de Cartagena y condenado a muerte. Logró fugarse la noche anterior a su ejecución.

De modo que viene de una familia de criollos de gran raigambre histórica.

Los Ospinas somos de origen vasco, oriundos de Amurrio, que luego pasaron a Salinas de Añana, donde por cierto la plaza de este hermoso pueblo lleva nuestro apellido.  

El primer Ospina llegó a Colombia hacia mediados del siglo XVI. En mi familia hay una larga tradición política, pero creo que uno, que no es político, no decide cuándo le llega el momento de servir desde un cargo público.

Lo que debe de hacer es esforzarse por ser un buen profesional, íntegro, y dar lo mejor de sí en el ámbito privado. Si después el presidente de la República te desgana en un cargo de esta responsabilidad, es muy difícil decir que no.

Juan Gonzalo Ospina ve el futuro con confianza. Su rutina, como embajador en Bélgica, Luxemburgo, Unión Europea y OTAN, es el reto más importante de su carrera al que va a hacer frente. Y tiene confianza en que todo saldrá bien. Foto: Confilegal.

¿Cómo conoció al presidente Abelardo de la Espriella? Comparten profesión.

Abelardo es abogado penalista, como yo. Le profeso una profunda admiración desde hace años. Lo conocí hace más de una década gracias a mi abuela Helena, que en paz descansé. Ella era la directora de un diario llamado “La Linterna Azul” que aún existe y en el que el presidente De La Espriella escribía.  

Cuando conocí a Abelardo él era un abogado de reconocido prestigio en Colombia, con una forma de comunicar muy distinta. Compartíamos una manera de entender el derecho de defensa: el amor por la ley, la importancia de la comunicación y la determinación de denunciar las injusticias. Conectamos muy bien.

En 2021 coincidimos en una mesa de debate durante una conferencia en Barranquilla, junto con el decano de Melilla, Blas Imbroda. Después almorzamos en casa de Abelardo. A partir de entonces fuimos construyendo una relación de confianza, amistad y admiración.

También compartimos valores familiares. Él tiene dos hijos y dos hijas; yo tengo cuatro hijas. Su mujer, Ana Lucía, es abogada y un pilar fundamental en su vida.

Esa cercanía explica, en buena medida, que hoy tenga el privilegio de poder representar a Colombia y al presidente, ante la Unión Europea, la OTAN, el Reino de Bélgica y el Gran Ducado de Luxemburgo.

«Cuando conocí a Abelardo él era un abogado de reconocido prestigio en Colombia, con una forma de comunicar muy distinta. Compartíamos una manera de entender el derecho de defensa: el amor por la ley, la importancia de la comunicación y la determinación de denunciar las injusticias. Conectamos muy bien».

También hizo campaña por él en España.

Sí. Cuando decidió presentarse a la Presidencia, lo llamé en julio de 2025 para ponerme a su disposición. Tras los años del Gobierno de Gustavo Petro, yo creía que Colombia necesitaba una alternativa de centroderecha o de derecha.

Abelardo era una figura de reconocido prestigio, con posiciones claras, y mucha gente empezó a verlo como esa alternativa. Yo lo vi claro, era la persona , la única persona que podía rescatar a Colombia.

¿Qué cree que lo distinguía?

Su valentía, su claridad, su capacidad y su manera de hacer las cosas. Y como dice mi madre “Es un genio”. Venía de la sociedad civil y, como muchos colombianos, estaba cansado de lo que había. Creo que supo representar una alternativa necesaria.

¿Temía por su vida?

No me gusta hacer afirmaciones sobre lo que no puedo conocer. Pero Abelardo siempre ha incomodado a ciertas personas por decir lo que piensa y hablar claro y directo, y eso en Colombia puede ser peligroso.

Ospina conoció al actual presidente de Colombia en Barranquilla en 2021, en el marco del World Law Congress. En la foto en el panel que compartió con Abelardo de la Espriella, a la derecha, y con Blas Imbroda, decano del Colegio de Abogados de Melilla y presidente de la Subcomisión de Extranjería y Protección Internacional del Consejo General de la Abogacía Española.

¿Cuándo le dijo que quería contar con usted como embajador para cuatro destinos a la vez?

Durante la campaña sentí casi como un deber moral ayudarlo desde España, por el cariño, la lealtad y la amistad que nos unían. Cuando decidió presentarse, lo llamé y le dije: «Presidente —o ‘Tigre’, como lo llamamos coloquialmente—, cuenta conmigo».

Creo que hicimos una campaña importante. En Madrid obtuvimos más votos que la candidatura de Iván Cepeda, y en el conjunto de España logramos equilibrar la balanza. La victoria fue muy ajustada y, por eso, especialmente emocionante.

Mi hija Jimena nació el 14 de junio, una semana antes de la segunda vuelta. Recuerdo que le dije a Abelardo: «Jimena es un buen augurio».

Después de ganar, me llamó. Él es muy respetuoso y, como buen abogado, cuida las formas. Me pidió que viajara a Barranquilla, donde reside.

Fui a Barranquilla y recuerdo que en el segundo tiempo de partido Colombia–Suiza, me dijo que quería contar conmigo en Europa. Me puse a su disposición y entonces mencionó Bruselas: la Unión Europea, la OTAN, el Reino de Bélgica y el Gran Ducado de Luxemburgo.

Es lo que algunos llaman la «superembajada». Me sorprendió muchísimo. No lo esperaba. Yo no le había pedido ningún cargo.

¿A quién llamó primero para contárselo?

A mi madre, mi padre me acompañaba en ese momento. Después llamé a mi mujer, Blanca.

«Mi último día como abogado será el 2 de octubre, cuando celebre mi último juicio. A partir de ahí quedaré a la espera de que el presidente de la República firme el decreto de nombramiento».

¿Qué le respondió al presidente?

«A la orden, presidente». Creo que uno debe estar allí donde pueda aportar. Haber crecido en España y conocer el contexto europeo puede ser útil para esta misión diplomática. Es una gran oportunidad, personal y profesional, y daré lo mejor de mí para servir a Colombia.

Contaré con el excelente equipo de la embajada y de la Cancillería, y con el canciller, Omar Bula. Me honra poder contribuir al proyecto que impulsan el presidente y sus ministros: la Patria Milagro.

Su familia tiene una larga trayectoria política, aunque desde su abuelo nadie había asumido una responsabilidad semejante, salvo…

Mi tía, que fue embajadora durante el Gobierno de Iván Duque en México. En mi caso, es una oportunidad enorme. Creo que el presidente valoró que ambos procedamos del derecho penal.

Los penalistas aprendemos a negociar con jueces, fiscales, policías y clientes. Sabemos reconocer cuándo conviene llegar a un acuerdo y cuándo hay que buscar otra vía. Pienso que esas habilidades pueden ser útiles para futuros tratados y acuerdos de seguridad con la Unión Europea.

¿Cuándo colgará definitivamente la toga?

Mi último día como abogado será el 2 de octubre, cuando celebre mi último juicio. A partir de ahí quedaré a la espera de que el presidente de la República firme el decreto de nombramiento. Cuando se formalice, asumiré las obligaciones de plena dedicación que exige el cargo, incompatibles con el ejercicio de la abogacía.

Por eso era importante disponer de septiembre para terminar los juicios pendientes y organizar el relevo con Beatriz Uriarte. Ella asumirá la dirección del equipo jurídico y ocupará mi despacho. También está incorporando nuevos letrados, seleccionados mediante entrevistas y un proceso de Recursos Humanos.

Juan Gonzalo Ospina, hasta ahora socio director de la firma de penal económico Ospina Abogados, nació en Colombia pero ha pasado toda su vida en España. Posee la doble nacionalidad. Foto: Confilegal.

¿Cómo prefiere que lo llamen: «señor embajador» o Juan Gonzalo Ospina?

En el ámbito personal, pido a todo el mundo que me siga llamando Juango. Algunos funcionarios me corrigen y me dicen que, en el ámbito institucional, el embajador es el embajador.

¿Cómo deja organizado el despacho?

Beatriz, con quien fundé Ospina Abogados en 2016, asumirá la dirección como socia directora. El despacho conservará su nombre porque queremos que Ospina Abogados sea una institución de referencia en derecho penal, un proyecto que vaya más allá de una persona o de una generación.

Nuestra ambición es estar entre los mejores despachos penalistas de España. Siempre hemos apostado por especializarnos exclusivamente en esta materia.

Después de diez años, dejo una estructura organizada. He prestado atención a los gastos, la captación de clientes y la calidad del servicio. Son muchos detalles pequeños. El oficio de abogado consiste en defender los derechos del cliente a partir de los hechos y las pruebas que constan en el procedimiento.

Pero dirigir un despacho exige ocuparse también de cuestiones que no enseñan en la carrera: elegir una oficina, formar un equipo, facturar correctamente, comunicar y conocer el mercado.

«Beatriz, con quien fundé Ospina Abogados en 2016, asumirá la dirección como socia directora. El despacho conservará su nombre porque queremos que Ospina Abogados sea una institución de referencia en derecho penal, un proyecto que vaya más allá de una persona o de una generación».

También hemos abierto una oficina en Guadalmina, Marbella, que es nuestra joya de la corona, aunque aún debemos encontrar a la persona adecuada para desarrollarla plenamente.

Además, vemos mucho potencial en el trabajo internacional: extradiciones y asistencia a españoles implicados en procedimientos penales en el extranjero. Hace unos días estuve en Milán acompañando a un abogado italiano en la defensa de una persona detenida.

Nosotros no litigamos allí ni intervenimos ante el tribunal, pero muchas familias nos piden que trabajemos junto al abogado local para ayudarles a comprender y seguir la defensa. Yo lo llamo un ejercicio de consultoría.

Han sido pioneros en el uso de contenidos audiovisuales en la abogacía.

Empezamos entre críticas y aplausos del sector, y Confilegal fue testigo. Usted me entrevistó en 2018, cuando publiqué El abogado líder. Entonces pocos despachos apostaban por el marketing digital y los vídeos como lo hicimos nosotros. Algunos de quienes nos criticaban utilizan hoy las redes sociales de la misma manera.

Cuando me presenté a decano del ICAM, una de las críticas más repetidas fue precisamente mi uso de las redes. Aquella derrota me enseñó que la humildad es una herramienta fundamental y me permitió concentrarme por completo en Ospina Abogados. Antes había dedicado casi diez años al Colegio de Abogados de Madrid, donde ocupé distintas responsabilidades en su Junta de Gobierno.

Beatriz Uriarte, la socia de Ospina, asume el mando, como socia directora, de la firma que ambos fundaron hace diez años. Foto: Confilegal.

¿Aplicará en su nuevo destino lo aprendido en comunicación?

Sí. El mundo de la diplomacia me parece apasionante. Llevo dos meses conociéndolo de cerca en la Cancillería colombiana, donde excelentes funcionarios de carrera me han recibido con los brazos abiertos.

Se trata de una responsabilidad de Estado y hay que prepararse para ejercerla. He tenido que afrontar entrevistas y evaluaciones y, por las funciones relacionadas con la OTAN, también debo superar las comprobaciones de seguridad correspondientes.

Seguiré formándome en protocolo y negociación. La diplomacia tiene unos tiempos y unas formas muy definidos. Yo vengo de un entorno más dinámico, en el que estoy acostumbrado a actuar con rapidez.

Tendré que encontrar el equilibrio entre el rigor diplomático y la agilidad que requieren las decisiones que afectan a tantas personas. Ya he tenido ocasión de saludar a representantes de distintas misiones diplomáticas en Madrid, Bélgica e Italia. Cuanto más conozco este mundo, más apasionante me parece.

¿Cuáles son las prioridades del Gobierno de Abelardo de la Espriella?

El presidente quiere impulsar una transformación profunda de Colombia. Tiene por delante una tarea enorme. En su primer mes ha debido afrontar la tragedia del terremoto, pero también ha dejado clara una prioridad: la seguridad.

Sin seguridad física, un país no puede progresar. Los ciudadanos deben poder salir a la calle, viajar y trabajar con tranquilidad. A ello se suman la seguridad jurídica, la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento de las alianzas internacionales.

Su apuesta es mantener una interlocución directa con los países con los que Colombia comparte objetivos de seguridad, entre ellos Estados Unidos. También quiere reforzar la cooperación internacional contra el narcotráfico mediante el intercambio de información, la tecnología y la financiación.

«Le debo muchísimo a España y a su Justicia, que me ha visto crecer como profesional. Allí donde vaya recordaré a los jueces, fiscales, policías, abogados y demás personas que trabajan cada día para proteger los derechos y las libertades».

Otra línea importante es ampliar las relaciones con Israel y con socios de Europa y Asia. El ministro de Comercio, Mauricio Gómez Amín, trabaja para atraer inversión industrial a Colombia. Barranquilla, por ejemplo, ya cuenta con un vuelo directo a Madrid, una conexión que puede ayudar a consolidarla como centro de actividad regional.

Europa es fundamental. Hay oportunidades de financiación para el desarrollo y muchos asuntos concretos en los que avanzar: el reconocimiento de títulos, los acuerdos de doble imposición y la coordinación de las cotizaciones y pensiones de quienes han trabajado en ambos continentes, entre otros.

Nació en Bogotá, pero también tiene raíces españolas.

Sí. Mis padres son colombianos y, por la rama materna, mi abuelo era español de Jaén. Soy colombiano y español de origen. Me siento orgulloso de haber crecido entre dos culturas y dos países.

Le debo muchísimo a España y a su Justicia, que me ha visto crecer como profesional. Allí donde vaya recordaré a los jueces, fiscales, policías, abogados y demás personas que trabajan cada día para proteger los derechos y las libertades.

Ojalá Colombia alcance mayores niveles de bienestar, seguridad y prosperidad. Cada país tiene sus circunstancias, pero podemos aprender unos de otros.

Juan Gonzalo Ospina con el presidente De la Espriella en un encuentro reciente. Foto: JGO.

En España mantiene contactos con el Partido Popular. ¿Se trata solo de relaciones de amistad?

Mantengo una relación cordial y cercana con personas del Partido Popular y de Vox. Admiro y aprecio a Santiago Abascal, a quien considero una persona valiente y comprometida con España. También tengo una buena relación con dirigentes del PP.

Creo que Alberto Núñez Feijóo es un gran líder y siempre ha tenido la mejor disposición conmigo. Conozco desde hace años a Juan Bravo, Miguel Tellado, Cuca Gamarra y Borja Sémper, y admiro su capacidad de trabajo.

Me considero liberal y conservador. Creo que hay que reducir el tamaño del Estado y la presión fiscal, porque la riqueza la crean las personas y el Estado debe administrarla con responsabilidad. Me siento próximo a ideas presentes en ambos partidos y deseo que puedan impulsar las reformas que España necesita.

Ha mencionado su vínculo con el País Vasco.

Veraneo en Fuenterrabía y mis hijas tienen un vínculo muy estrecho con San Sebastián. España forma parte de mi vida y de la de mi familia.

Ha hablado de reformas. Como penalista, ¿qué pediría a un futuro Gobierno?

Un gran pacto de Estado por la Justicia. España no puede permitirse procedimientos que tarden entre tres y diez años en resolverse. Tampoco puede resignarse a que haya personas inocentes en prisión preventiva; es algo que he denunciado muchas veces.

Necesitamos revisar los tiempos y la forma de practicar las diligencias. Los procedimientos acumulan trámites y demoras que terminan perjudicando a todas las partes.

He planteado, desde estas páginas de Confilegal, crear una audiencia previa penal y conseguir que los juicios rápidos lo sean de verdad. Cuando una investigación necesite más diligencias, también debe tener plazos razonables y una dirección clara.

Me preocupa especialmente la duración de algunas prisiones provisionales. Son medidas excepcionales y deben tratarse como tales, sin convertirse en una pena anticipada. Recuerdo un procedimiento en Francia con un cliente al que detuvieron por la mañana.

A las seis de la tarde ya habíamos comparecido ante el juez; se fijó una fianza de 30.000 euros y pudo volver conmigo a España. Europa tiene margen de mejora y, en España, quienes gobiernen tendrán una gran tarea pendiente en materia de Justicia.

El próximo 10 de noviembre cumple 40 años.

Sí, y quiero celebrarlo en Madrid con mis amigos y mis seres queridos. Tengo muchas ganas de que llegue ese día.

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