Gallardón optó por salvar la cara y presentó su renuncia

Gallardón optó por salvar la cara y presentó su renuncia

23 / 09 / 2014 00:00

Actualizado el 08 / 04 / 2016 10:08

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Alberto Ruiz Gallardón, ministro de Justicia, se rodeó de su equipo más cercano para anunciar su dimisión en el Salón de Actos del Palacio de Parcent, una de las sedes que su cartera tiene a lo largo de la calle San Bernardo.

Frente a él, algunos visiblemente emocionados, como el secretario de Estado, Fernando Román, el subsecretario de Justicia, Juan Bravo, y el secretario general de la Administración de Justicia, Joaquín Silguero, entre otros, que ocupaban las primeras filas en un salón abarrotado con casi 200 periodistas. Con ellos estaba su hijo Héctor, con el que se fundió en un abrazo, al finalizar su última rueda de prensa como ministro de Justicia.  

Había sido una convocatoria a los medios “a traición”, con un enunciado ambiguo: “Gallardón comparece a las 17.30h en Palacio Parcent para valorar novedades LO de Protección del Concebido y Derechos de la Embarazada”. Y con un aviso de 45 minutos escasos por e-mail y sms. Aquello “olía” a dimisión a kilómetros. 

Por la mañana, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, había revelado que había decidido retirar el anteproyecto de Ley Orgánica de Protección del Concebido y los Derechos de la Embarazada redactado por el Ministerio de Justicia, por no haber encontrado el consenso suficiente entre las distintas fuerzas. 

Aquello dejaba públicamente a Ruiz Gallardón al pie de los caballos. Era evidente que el ministro tenía que mover pieza, en un sentido o en otro. 

Las apuestas estaban divididas. Unos pensaban que, siendo un animal político, como era, no dimitiría. Que se las arreglaría para hacer una de sus muchas piruetas dialécticas a las que nos tiene acostumbrados, y que seguiría en el sillón oficial. Otros creían que le podría su “vergüenza torera” y que se iría para salvar la cara.  

Ganaron los de la “vergüenza torera” porque Gallardón no sólo anunció que dimitía como ministro de Justicia sino que también renunciaba a su escaño en el Parlamento y a su pertenencia al comité ejecutivo de su partido. Se iba con todas las consecuencias. Y se iba agradeciendo a todos su colaboración y pidiendo perdón por los callos pisados a propios y extraños. Fue sin querer. 

Explicó que presentaba la dimisión por “su incapacidad para llevar adelante el proyecto”, el anteproyecto de la ley del aborto, diseñado por su Ministerio, quiso decir. “Yo no soy la persona para llevar adelante la regulación del aborto anunciada por el presidente del Gobierno”, aclaró dos o tres veces. 

El ministro reveló que comenzó a tener una idea de que el anteproyecto se caía a principios de agosto, “en un despacho con el presidente. Se abrieron diferentes posibilidades. Elementos de reflexión distintos a los que habíamos manejado”, reveló. No fue algo directo y claro. Pero Ruiz Gallardón, que es inteligente y listo, lo entendió perfectamente: “su” ley del aborto no iba a salir como estaba. 

Comenzaba la cuenta atrás para él. 

Dimitió la semana pasada

Así y todo, el ministro de Justicia más polémico y contestado de la democracia, aguantó hasta la pasada semana. Entonces presentó la dimisión a Rajoy, pero acordaron no materializarla hasta responder al desafío soberanista del Gobierno de Artur Mas. La coyuntura política mandaba. No era cuestión de abrir una crisis en Madrid con lo que estaba ocurriendo en Barcelona. 

Además, Ruiz Gallardón todavía tenía que hacer los deberes en lo relativo a Cataluña. Su equipo tenía que elaborar el recurso al Tribunal Constitucional que el Ministerio de Administraciones Públicas presentará en nombre del Gobierno de la nación en el momento en el que la mencionada Ley de Consultas catalana sea publicada en el Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña.

“Ahora el trabajo ya está hecho. La Ley de Consultas ha sido aprobada. Hemos elaborado el recurso. Su contenido no va a variar. Ahí está”, explicó, y aprovechó para lanzar un piropo a Marta Silva, la abogada general del Estado, responsable de la elaboración del recurso, por el formidable trabajo realizado.  

“No aspiro a ningún puesto de responsabilidad política”, aclaró en varias ocasiones para convencer a los incrédulos. “Mi vida política la doy por agotada”, remachó.

 

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