Los llamados "secuestros virtuales" no son tales sino estafas telefónicas, simples timos

Los llamados «secuestros virtuales» no son tales sino estafas telefónicas, simples timos

5 / 02 / 2017 05:58

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«Los llamados ‘secuestros virtuales’ son estafas telefónicas, simples timos, que se aprovechan de la angustia que provocan a la persona a la que han llamado por azar, haciéndole creer que han secuestrado a un familiar muy cercano. A un hijo o una hija, a un hermano… Pero todo es falso», explica José Javier Galante, inspector de la Policía Nacional, especializado en negociación.

«Las llamadas se hacen desde Chile. Muchas de ellas desde prisiones. Se hacen con una guía telefónica de fijos y comienzan a llamar a toda la gente que figura en una provincia, pongamos por caso. Y juegan con el miedo del que descuelga el teléfono. ¿Se puede identificar el origen de la llamada? Sí. Son números que empiezan por 0056 o +56 o números ocultos», añade Galante.

Lo normal, según el inspector, es que, una vez descolgado el teléfono, pongan a una persona gritando. Para, a continuación, preguntar: «¿Cuánto cuesta la vida de su hijo? ¿Cuánto está dispuesta a pagar?. Somos una banda de secuestradores chilenos».

«A la persona le piden entonces un teléfono móvil para mantener la tensión. Lo habitual es que pidan 10.000 euros y que exigen su envío a nombre de determinadas personas en giros», sigue relatando el inspector Galante. «Aunque a veces piden menos».

Este tipo de estafas va en aumento. En 2015 se produjeron 660, de los que pagaron el 6 por ciento de los timados. En lo que llevamos de año ya se han denunciado 230.

Lola Fornier, una señora de mediana edad, fue uno de los casos de 2015. Vive en Las Rozas, Madrid. Mientras se encontraba en su casa, alrededor de las 20 horas, recibió una llamada telefónica.

«Lo primero que escuché fueron gritos. ¡Ayuda, ayuda!, pude escuchar. Luego se puso un hombre y me dijo: ‘señora, somos una banda de secuestradores chilenos’. Yo oía gritos. Y pregunté, con mucho miedo, ¿eres tú Javier? ¿Eres tú? ¿Estas bien? En ese momento la voz volvió a decirme: ‘tiene que ingresar 5.000 euros en tres partes. Dos de 2.000 euros y 1 de 1.000 euros, a través de Internet’. Yo no sabía cómo hacerlo y se lo dije. ‘Pégale. Dale’, me contestó la voz. Y la persona, al otro lado del hilo telefónico, que yo pensaba que era mi hijo, comenzó a gritar de dolor», relata Lola Fornier.

«Llamé a un amigo desde el teléfono fijo, llamada que pudieron escuchar. Y le pedí el favor de que ingresara 4.000 euros en la cuenta que me pidieron. La voz me decía, ‘beba agua, señora, beba agua que tiene la boca muy seca'», sigue contando la víctima. Yo temía por la vida de mi hijo, Javier, que vivía en Pamplona. El corazón se me salía del pecho. Porque creí que, de verdad lo tenían. Cuando les ratifiqué que ya había hecho la transferencia, les pedí que me dejaran a hablar con mi hijo. Se puso. ‘Gracias, mamá, gracias. Te amo’, me dijo».

«Ahí se me encendió la luz. Porque mi hijo jamás me había dicho que me amaba», revela Lola Fornier. «Cuando colgaron, y había pasado una hora y media, llamé a mi hija. Fue entonces cuando descubrí que todo había sido falso. Javier estaba bien».

La historia de Lola Fornier terminó bien, porque pudo anular las transferencias a la cuenta chilena. Pero otras muchas no tienen ese final feliz.

«Hay que estar ojo avizor. Los secuestros no existen. Son una farsa. Una estafa. Un timo. Y se pueden evitar», concluye el inspector Galante.

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