Martín César García Ortega tiene 33 años. Desde hace uno es director general del C.D. Leganés, municipio del suroeste de la Comunidad de Madrid, equipo de la Primera División de fútbol.
Hasta 2011 Ortega, que es como se le conoce, formó parte de su plantilla como jugador de fútbol. Hoy 7 años después, es el director general del «Lega», el eje central organizativo de un exitoso equipo que tiene 90 años de antigüedad y que desde hace dos se defiende, con un presupuesto humilde, en la División de Oro.
«En esta temporada que acaba de terminar, nuestro presupuesto, para la confección de la plantilla -que comprende el cuerpo técnico y los jugadores-, ha sido de 25 millones de euros. Para la próxima esperamos contar con 40 millones, pero tiene que ser validado por la Liga de Fútbol Profesional», cuenta.
Zinedine Zidane recordó, precisamente, la eliminación del Real Madrid de la Copa del Rey a manos del C.D. Leganés (que perdió en su campo, Butarque por 0-1, el partido de ida, y que luego venció a los blancos en un partido memorable en el Santiago Bernabéu por 1-2) como «el peor momento» de su carrera cuando anunció su dimisión la pasada semana.
Ortega renunció a su carrera de futbolista con solo 26 años, cosa que sorprendió a Paco Belmonte, el director deportivo, a Victoria Pavón, la presidenta, y a Felipe Moreno Romero, el máximo accionista del «Lega».
«Les comuniqué que quería dedicarme a mi profesión. A ser abogado. En 2011 España ya estaba inmersa en la crisis económica y yo fui consciente de que no iba a llegar a la Primera División. De que mi carrera se quedaba ahí. Lo tuve muy claro cuando tomé esa decisión, aunque tanto el Eibar como el Tenerife me lo pusieron difícil con sus ofertas», explica Ortega, un hombre muy afable de trato.
«Pero no alteré mi rumbo. Quería dedicarme a la abogacía y especializarme en derecho deportivo. Era una forma de seguir conectado con este mundo que me apasiona», relata.
El actual director general del Leganés comenzó a estudiar derecho al mismo tiempo que inició su carrera profesional como futbolista en su Murcia natal, a los 19 años.
«Debuté en el Ciudad de Murcia, que entonces estaba en la Segunda División B, a los 19 años. Como jugador era habilidoso, atrevido y rápido. Les debí gustar. Comencé ganando 120 euros y luego me subieron a 4.800 euros brutos, el mínimo garantizado por el Convenio AFE-Liga para la Segunda División. Era un buen sueldo para un chaval joven, como yo», cuenta.
Dos años después se marchó al Ciudad de Lorquí, otro equipo de la Región de Murcia de Segunda B: «No quise marcharme de mi ciudad porque estaba estudiando Derecho en la Universidad de la Merced. Para mí era prioritario terminar mi carrera. Eso era lo importante. Vengo de una familia en la que todos han estudiado. Mi padre es médico, como mi hermana, mi tío y mis primos; mi madre es enfermera. Desde pequeñito me inculcaron el hábito de estudiar. Pero una cosa sí tuve clara, no quería ser médico», aclara.

¿Y por qué estudió Derecho?
Hice la selectividad, sin tener idea lo que quería estudiar. Mi padre me envió a hablar con un amigo suyo, Pencho Madrid, profesor de Derecho Penal en la Universidad. Yo tenía una ligera idea de lo que podía ser el Derecho.
Pencho me contó lo que era el Derecho, cómo podías llegar a la gente y ayudarla, cómo el derecho te daba una cultura general, porque te permite saber un poco de todo. Y sobre todo cómo aplicar el sentido común y la justicia.
Me encantó. Cuando lo dejé tuve muy claro que lo que iba a estudiar era Derecho. Aquella conversación, sin duda, me cambió la vida.
¿Y le gustó?
Mucho. Fue una carrera que estudié disfrutando, al mismo tiempo que jugaba al fútbol. Entrenaba por las mañanas. Comía. Me echaba la siesta y luego me iba a clase o me quedaba estudiando en casa.
Usted es una rara avis, ¿lo sabe?
En mi caso tenía prioridad la carrera y después el fútbol, pero pude compaginar ambas cosas. Fui un hombre con suerte. El fútbol llamó a la puerta inesperadamente.
Y con todas las personas con las que hablo se lo digo: si lo hice yo, lo puede hacer todo el mundo. Para mí fue una relación de simbiosis. Hacer deporte me ayudaba a estudiar. Y el estudio me ayudaba a saborear más el deporte, divirtiéndome.
Una vez que terminé la carrera tuve la libertad para irme fuera. Fiché por el Granada. Fue muy bonito. Porque ese año ascendió a Segunda División, después de 22 años en Segunda B. Aquello pareció la Champions.
Allí sucedió una anécdota muy curiosa. Después de entrenar, estaba con mis compañeros en el vestuario y salió una cuestión jurídica. Y les dije mi opinión, explicándoles que era licenciado en Derecho. ¿Sabe cuál fue la respuesta de todos? Estallaron en carcajadas [se ríe].
Nadie se creyó que tuviera una carrera. Y yo no lo volví a mencionar otra vez. Luego fiché por el Leganés, que fue mi último equipo y mi gran amor.
¿Qué ha sido para usted el fútbol como jugador?
Ha sido como tener una novia guapísima a la que que todos admiran y por la que me envidian. Pero yo, realmente, no la quería.

¿Qué hizo después de dejar el fútbol con 26 años?
Un antiguo compañero de Murcia, José Javier Conesa Buendía, me ofreció trabajar en su despacho. Llevaba derecho deportivo. Pero allí hacíamos de todo, penal, laboral, contencioso, por supuesto derecho deportivo. Fue en aquella época cuando decidí hacer el Máster oficial de Derecho Deportivo en el INEF de allí. El contenido era buenísimo.
Mi vida, desde entonces, ha sido una concatenación de acontecimientos. En ese Máster conocí a José Luis Carretero, que era vocal del Comité Jurisdiccional de la Real Federación Española de Fútbol. Un día me dijo, ‘oye, Martín, para las prácticas, ¿qué tienes pensado?’.
Yo, en aquel tiempo ya estaba haciendo mis pinitos como intermediario o agente, junto a Javi Jaén y Pablo Ortega. Pablo ha sido una de las personas más influyentes en mi vida.
‘Tú vives en Murcia. ¿Qué te parecería hacer las prácticas en la RFEF? Te vienes conmigo al Comité Jurisdiccional’, me dijo.
Estuve seis meses levantándome a las 4 de la mañana de todos los jueves para estar a las 9 en Madrid ese día y el siguiente. En principio iban a ser tres meses, pero como estuvimos con la reforma del Reglamento, me pidieron que estuviera tres meses más.
Fue una experiencia inolvidable. Allí conocí a personas maravillosas, como Laura Hernández, que es la secretaria de la Asociación de Agentes de Futbolistas y a Juanjo Bermejo, que pertenece a la Asesoría Jurídica y es coordinador de intermediarios en la RFEF.
¿Por qué ha dicho que todo vino concatenado?
Porque a raíz de aquello le dije a Laura, ¿tú no puedes ponerme en contacto con 4 o 5 agentes de Alemania, Francia, Italia o Inglaterra que estén como yo, que estén con ganas de trabajar y con ilusión?
Me dio 5 nombres. Me puse en contacto con todos ellos.
Sólo uno me contestó.
Fue Michele Fioravanti, un intermediario italiano que es persona de confianza de la Juventus de Turín. La Juve tiene unos 80 futbolistas, de entre 18 y 23 años, a los que va cediendo a diferentes equipos.
Me reuní con Fioravanti en Barcelona y me preguntó que cuál era mi situación, porque estaba buscando a una persona en España.
‘¿Tienes algún contacto en equipos españoles?’, me dijo. Y rápidamente pensé en el Leganés, porque la relación con ellos era muy buena. Cuando decidí dejar el fútbol el «Lega» me quiso renovar.
¿Qué ocurrió?
Quedé con el Leganés, que había subido de Segunda B a Segunda División. El gusto en volver a retomar el contacto fue mutuo. El equipo había crecido. Les dije, tengo esto. Un centrocampista, Gabriel Appelt Pires, que entonces tenía 19 o 20 años. En cuanto Asier Gaditano lo vio dijo que había que ficharlo. Asier era entonces el entrenador. Este año nos ha dejado y le ha sustituido Mauricio Pellegrino.
Aquella fue mi primera operación como intermediario, junto con Michele, entre dos clubes. Su representante era Raiola.
Luego vino Brignoli, de la Juventus. Pero salió peor.

¿Cuándo empieza usted a implicarse más en el día a día del Leganés?
Fue en un viaje a Milán, con Felipe Moreno Pavón, que en aquel entonces era responsable de la dirección deportiva, y que sigue siéndolo a día de hoy, junto a Txema Indias. Recuerdo que le pregunté, ‘¿quién os lleva el tema de los recursos federativos, sanciones del estadio, las tarjetas…?’.
Me contestó: ‘No te voy a decir quién nos lo lleva, pero no hemos ganado uno en la vida’.
‘¿Cómo que no?’, le contesté. ‘Yo te lo voy a llevar, pero sólo te cobraré los que ganemos’.
Tuve la suerte de que en los tres meses siguientes se produjeron situaciones de recursos que afortunadamente se ganan.
Uno de ellos fue el recurso de la final contra el Mirandés, de ascenso a Primera División, que el Leganés ganó por 0-1. A uno de los jugadores, Alex Szymanowski, una pieza vital en el equispo, le habían sacado una tarjeta amarilla en el último partido y no podía jugar.
Planteamos el recurso y se ganó.
Cuando conocí a Alex, semanas después, me dijo, ‘o sea, tú eres el que ganó el recurso. No sabes la paliza de llorar que me di la tarde que me dijeron que podía jugar el partido’. Y me dio las gracias.
Tuve mucha suerte. Porque gracias a José Luis Carretero, que me facilitó estar presente en las reuniones que celebraban el Comité Jurisdiccional y el Comité de Competición, pude aprender cómo funcionaban las cosas por dentro. Eso me dio una ventaja competitiva clara.
¿Cuándo le dicen, ‘Martín nos interesa que formes parte de nuestro equipo, del C.D. Leganés’?
Desde aquel viaje a Milán, en enero de 2015, vine colaborando más estrechamente con el club en todo tipo de asuntos, como derechos de formación, mecanismos de solidaridad, recursos federativos, recursos ante la Liga, un poco de todo.
Luego a principios de 2017 me pidieron que valorara entrar aquí de forma permanente, llevando la Dirección General del Club.
Me lo ofrecieron don Felipe Moreno Romero y doña Victoria Pavón, y dije que sí. Porque esto es lo mío, el Derecho Deportivo. Este año que ha pasado ha sido un auténtico Master para mí.
El Club Deportivo Leganés gestiona 57 equipos, entre la cantera y los equipos relacionados. Eso genera mucho trabajo. Contratos. Es un desafío diario desde el punto de vista legal, ¿no es así?
Se intenta tener todo controlado. Hay que priorizar. Este trabajo te exige un orden absoluto. Y tienes que saber lo que es lo prioritario.
Uno de los éxitos es la gente del club. Tenemos un director de Escuela, que es bastante competente, junto con los dos coordinadores que ayudan. Tenemos un director de cantera, también muy competente y polivalente. No han estudiado derecho, pero su sentido común está fuera de toda duda.

Por encima de usted, ¿quien está?
La presidenta, doña Victoria Pavón, y el vicepresidente, don Felipe Moreno. Antes todos iban directamente a ellos y ahora lo que hacemos es que los departamentos de marketing, comunicación y seguridad, todos pasan por mí. Yo estoy aquí todo el día. Luego, yo despacho con el Consejo de Administración.
Y para fichar. ¿Cómo se hace?
El mecanismo de un fichaje tiene dos posibilidades. Una que vayas al futbolista porque te gusta. Si conoces al representante, hablas con él y le transmites tu interés. Y si no es así, contactas con el futbolista y le dices te diga quién es su representante.
La otra opción consiste en que los representantes te ofrezcan a sus futbolistas. Eso es lo más habitual. Aquí llegan una media de 200 o 300 correos diarios de representantes ofreciendo a sus futbolistas.
Hasta ahora la dirección deportiva la formaban dos personas y este año hemos pasado a ser ocho. Consideramos que 16 ojos ven más que 4. Y en una situación como la del Leganés esto es muy importante. Somos un equipo modesto de la Primera División que no puede competir económicamente con los grandes.
¿Quién negocia las condiciones económicas con los jugadores?
La dirección deportiva es la que crea sus propias decisiones. Yo intervengo una vez que las condiciones están claras. La negociación la lleva la dirección deportiva. Yo le doy la forma legal. Paso la situación de hecho a la situación de derecho. No entro en la negociación.
Y sobre el marketing y anunciantes.
El club tiene varios departamentos. De patrocinio, de comunicación, de marketing, de seguridad, de mantenimiento, de dirección deportiva, de tienda, jurídico.
El departamento jurídico lo llevo yo con la ayuda de la gestora. Cada uno lleva su organización interna. Una vez que ellos han tomado sus decisiones, las valoramos juntos e intentamos decidirnos por la mejor opción.
¿Cuánta gente sois en total, trabajadores?
Somos 25 o 30 personas, más los jugadores.
¿Qué es lo que más le impresionó del Leganés de su época como jugador?
Que las cosas se habían venido haciendo muy bien. Ví la forma de trabajar de esta gente y me dije, si les acompaña la suerte, llegarán lejos. Porque aquí hay formalidad, seriedad, humildad y ganas de hacer las cosas. Se palpaba entonces y se puede palpar ahora. Aquí se trabaja de forma muy prudente, con los pies en la tierra.
¿Es importante haber sido jugador?
No es indispensable, pero sí que representa una ventaja el hecho de haber sido futbolista, de haber estado ahí dentro. Porque sabes cómo piensa el entrenador, como piensan los jugadores. Es mucho más fácil entenderlos porque yo eso lo viví.
