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Los pretores romanos eran jueces y también jefes militares en el imperio del que Hispania formaba parte

En la foto, a la derecha, Lluis Homar, que interpreta en "Hispania" al pretor Galba, y José Sancho, que en la secuela de la serie, asumió el papel del senador Quinto Cervilio Sepión. Bambú Producciones.
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Hispania, la España romana, que no fue colonia sino parte del imperio, estuvo, en los primeros tiempos, dividida en dos provincias, desde un punto de vista administrativo. Eran la llamada Hispania Citerior y la Hispania Ulterior.

La primera, la Hispania Citerior comprendía el norte de lo que hoy es Portugal, Andorra y las Comunidades Autónomas de España de Asturias, Cantabria, Galicia, País Vasco, Navarra, La Rioja, Aragón, Comunidad Valenciana, Murcia, Madrid, Cataluña, gran parte de Castilla-León y Castilla-La Mancha y el noreste de Andalucía.

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La Hispania Ulterior era lo que hoy es Portugal, y las regiones españolas de Extremadura, parte de Andalucía y de Castilla-La Mancha y Castilla-León, y que tenía su capital en Emerita Augusta, el nombre que después derivó en Mérida.

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Cada provincia era regida, desde el año 197 antes de nuestra era, por dos pretores, que era como los romanos denominaban a los actuales jueces, y por un periodo de un año de mandato.

Aquellos pretores, hay que aclararlo, no tenían las mismas funciones que los jueces de nuestros días.

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Porque no se limitaban sólo a administrar justicia sino que eran, de hecho, jefes militares y civiles que capitaneaban las tropas y dirigían el aparato administrativo romano tras la conquista.

Era, para que nos entendamos, los sucesores del jefe del ejército conquistador del territorio. En su persona confluían, por lo tanto, tanto el poder jurídico como militar.

Los pretores provinciales representaban a Roma en todos los aspectos de la organización provincial y gozaron de una independencia prácticamente completa. Nadie controlaba sus actividades en la provincia.

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Cualquier tipo de queja contra su gestión tenía que presentarse ante el Senado Romano. Pero no tenían mucho efecto porque los que tenían que sopesarlas y decidir solían hombres que esperaban ser, o habían sido con anterioridad, pretores.

Un pretor «famoso», televisivamente hablando, ha sido Servio Sulpicio Galba (190 antes de nuestra era y 135 a. E.), protagonista de la serie televisiva española «Hispania», un nombre que en latín quiere decir tierra de conejos. En la misma Galba, interpretado por el gran actor español, Lluís Homar, tiene que hacer frente a la rebelión del caudillo hispano, Viriato (Roberto Enríquez) que aglutina a las tribus de los lusitanos, vetones, arévacos, tintos y bellos contra el poder de Roma.

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JUECES-GOBERNADORES

Roma esperaba de sus pretores, de estos jueces-gobernadores, que hicieran su trabajo implementando en los territorios conquistados la administración romana, absorbiendo cultural y económicamente a la población local.

Sin embargo, las dificultades para hacer realidad esos objetivos en ocasiones eran titánicas. Porque, muchas veces la inestabilidad bélica persistía, con lo que se retrasaba la romanización y el paso de la administración militar a la civil.

Un factor crucial era el hecho de que el mandato de los pretores fuera de sólo de un año. Con tan poco tiempo de ejercicio del poder la tentación era patente.

Algunos pretores conocidos, como Quinto Pleminio, Catón o Livio, fueron, por ello, acusados y condenados por lo que hoy denominamos corrupción

El problema de la corrupción de los magistrados en las provincias fue abordado por el Senado romano con las llamadas leges repetundarum, a partir del siglo II, época de los Gracos.

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Los senadores obligaron a los pretores a presentar sus cuentas ante la máxima cámara legislativa del Imperio. Cuentas que, después, eran sometidas a pesados impuestos, tantos directos como indirectos.

La cosa, es verdad, se profesionalizó después y los pretores dispusieron de la asistencia de los cuestores, que tenían también el rango de magistrado. Magistrado entendido en el sentido romano, como aquella persona que ejerce la autoridad.

Como ven, el tiempo y la experiencia han depurado las funciones que tenían aquellos jueces romanos que se asemejaban mucho a los adelantados y a los comendadores que después vieron la luz en la España de la Edad Media y del Renacimiento.

Nuestro tiempo ha generado otro tipo de jueces, acordes con una sociedad moderna como la nuestra.

Jueces para hacer cumplir una ley igual para todos.