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El crimen de Cuenca: Historia de un error judicial que ni fue un crimen, ni sucedió en Cuenca

El actor Guillermo Montesinos, que interpretó a José María Grimaldos López, alias "el Cepa", el "asesinado", rodeado de guardias civiles, el día que se presentó en el pueblo, 15 años después; la imagen pertenece a la película que rodó Pilar Miró, "El Crimen de Cuenca", que fue prohibida en 1980, y de la que ahora se ha realizado un documental recordando el rodaje y los hechos.
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Han pasado 40 años desde que Pilar Miró rodara una de sus películas más impactantes, “El Crimen de Cuenca”, que además tuvo el dudoso honor de ser la única secuestrada por orden de la autoridad nada menos que en 1980, en plena democracia.

Ahora se conmemora con el documental “Regresa el Cepa”, de Víctor Matellano, que se estrenará en el Festival de Cine de Málaga.

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Pero más allá de las peripecias de la película subsiste uno de los mayores errores judiciales de la historia, que además provocó sustanciosos cambios legales, de investigación e instrucción de crímenes.

UN ASESINATO QUE NUNCA EXISTIÓ

El conocido como “crimen de Cuenca” o “caso Grimaldos” fue un asesinato que nunca existió.

El muerto resultó estar muy vivo al cabo de los años, los supuestos autores fueron torturados, cumplieron condena de cárcel y sus familias quedaron destrozadas y la justicia española acabó maltrecha y avergonzada.

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EL “MUERTO” DESAPARECIÓ EL 21 DE AGOSTO DE 1910

José María Grimaldos López, alias “el Cepa” desapareció el 21 de agosto de 1910 entre los pueblos conquenses de Tresjuncos y Osa de la Vega tras vender unas ovejas de su rebaño.

El mayoral León Sánchez Gascón y el guarda Gregorio Valero Contreras, que trabajaban con él en la misma finca, fueron acusados por la familia del “Cepa”, y aunque el caso se archivó por falta de pruebas, en 1913 llegó al Juzgado de Belmonte, Cuenca, el juez Emilio de Isasa, que reabrió el caso y ordenó la detención de León y Gregorio.

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Sánchez Gascón y Valero Contreras fueron interrogados y torturados brutalmente de tal forma que, para acabar con ello, confesaron el asesinato del “Cepa”. Se inventaron, incluso, que lo habían descuartizado y que se habían deshecho del cadáver.

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Los dos acusados fueron juzgados por un jurado popular, de aquel entonces. Tras sólo media hora de debate fueron declarados culpables y condenados a 18 años de cárcel.

Cumplieron 12 años, pero cuando salieron, sus vidas habían sido destrozadas. Sus familias fueron víctimas del estigma de ser carne de carne de asesinos.

Los actores Daniel Dicenta y José Manuel Cervino interpretando, en la película de Pilar Miró, a los falsos asesinos, Gregorio Valero y León Sánchez, en el momento en que fueron detenidos.
Los dos investigados -como se les llamaría hoy- fueron brutalmente interrogados y torturados; sobre estas líneas, Daniel Dicenta, como Gregorio Valero, en plena fase de tortura.

EL “MUERTO” APARECE

Tras un año en libertad, en 1925, Pedro Rufo Martínez Enciso, cura de Tresjuncos y uno de los mayores instigadores de la culpabilidad de los acusados, recibió una carta del párroco de Mira, pueblo situado al otro extremo de la provincia.

En la misiva, su compañero le solicitaba la partida bautismal de José María Grimaldos.

Porque “el Cepa” quería casarse.

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El cura, aunque estupefacto, trató de ocultar la noticia durante meses por temor a un escándalo.

Sin embargo, el interesado, “el Cepa”, se presentó un día en Tresjuncos, inquieto, por no saber nada de su partida de bautismo.

Su aparición, con toda lógica, generó un escándalo considerable.

EL “ASESINADO” NO SE HABÍA ENTERADO DEL CASO 

“El Cepa” fue interrogado por la Guardia Civil. Declaró no saber nada de lo que había sucedido. Y añadió, para explicar su desaparición sin decirle nada a nadie: “Me dio un barrunto y me marché. Concretamente a tomar los baños medicinales de una localidad cercana.

Resuelto el caso, el padre Pedro Rufo Martínez Enciso, el sacerdote de Tresjuncos, se suicidó ahogándose en una cuba de vino. La culpa no le permitió seguir vivo.

El juez Isasa, por su parte, murió en su casa de Sevilla, según dijo su familia, por una angina de pecho.

El pueblo prefirió hablar de un suicidio. 

CONSECUENCIAS LEGALES

El tremendo error judicial y policial cometido levantó una fuerte polémica.

Tras la indiscutible identificación de Grimaldos, el asunto fue utilizado en la prensa opositora a la dictadura del general Primo de Rivera.

El ministro de Gracia y Justicia del momento, Galo Ponte y Escartín, ordenó la revisión de la causa y mandó al fiscal del Tribunal Supremo interponer recurso de revisión contra la sentencia de la audiencia de Cuenca.

EL TRIBUNAL SUPREMO RECONOCE QUE LA CONFESIÓN FUE EXTRAÍDA MEDIANTE TORTURA

En dicha orden se anotaba que “hay fundamentos suficientes para estimar que la confesión de los reos Valero y Sánchez, base esencial de sus condenas, fue arrancada mediante violencia continua inusitada”.

Según el Tribunal Supremo: “en vista del error de hecho que motivó la sentencia, se declara la nulidad de la misma, por haberse castigado en ella delito que no se ha cometido, afirmándose así la inocencia de Gregorio Valero y León Sánchez” (Tribunal Supremo, sentencia del juicio de revisión de 10 de julio de 1926).

Diez años después, el 17 de mayo de 1935, se inició en la Audiencia provincial de Cuenca el juicio contra los responsables del error judicial.

El fiscal solicitó 8 años de prisión y multa de 25.000 pesetas por un delito de coacciones, mientras la acusación particular les acusó de coacción, amenaza y falsificación de documento público.

Todos ellos fueron absueltos.

EL FALSO CRIMEN DE CUENTA PROVOCÓ LA MODIFICACIÓN DEL CÓDIGO PENAL

A raíz de caso Gimaldos se modificó el Código Penal de manera que no se pudiera presentar una acusación de homicidio si no se encontraba un cadáver, recuerda del abogado José María Garzón.

Una modificación que “ha estado vigente hasta la reforma de 2015, cuando a raíz del caso de Marta del Castillo la aparición del cuerpo ha dejado de ser condición indispensable para la acusación”.

El Tribunal Supremo reconoció que las confesiones se habían extraído mediante tortura y anuló la sentencia contra los dos condenados. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

En cuanto a las torturas que arrancaron la confesión, el abogado puntualiza que no tenían apoyo legal, pero sí estaban aceptadas socialmente en aquella época.

“Actualmente, sin embargo esas prácticas se han atajado y de hecho la mayor parte de las expulsiones de la policía se refieren a casos de tortura o violencia”, explica el abogado.

CONTINÚA LA POLÉMICA: ÚNICA PELÍCULA PROHIBIDA EN DEMOCRACIA

Pero el caso iba a seguir generando polémica décadas más tarde, cuando Pilar Miró decidió llevar el suceso al cine en 1979, con guión de Lola Salvador.

Su película, interpretada, entre otros, por Daniel Dicenta, José Manuel Cervino, Guillermo Montesinos y Héctor Alterio, fue la única prohibida durante la democracia.

Efectivamente, el 31 de enero de 1980 se ordenó la retirada del film en virtud del artículo 317 de Código de Justicia Militar y el 816 de la ley de Enjuiciamiento Criminal y la película no pudo estrenarse, -con gran éxito-, hasta 1981.

Pilar Miró fue también objeto de un proceso militar que acabó siendo civil y se sobreseyó.

“El crimen de Cuenca”, película dirigida por Pilar Miró, ha sido la única prohibida en nuestro periodo democrático; la realizadora fue formalmente acusada por la vía penal, que luego pasó a la jurisdicción civil y acabó archivándose.

RECUPERACIÓN DEL CASO Y DE LA PELÍCULA EN UN NUEVO DOCUMENTAL 

Casi cuatro décadas después de su rodaje, un documental del cineasta y escritor Víctor Matellano nos trae de nuevo tanto la película El crimen de Cuenca, como el caso Grimaldos.

El actor que interpretó al desaparecido “Cepa”, Guillermo Montesinos, regresa a los lugares de rodaje cuarenta años después para encontrarse con los vecinos.

Esta visita sirve de hilo conductor del documental, que entrevista a especialistas, juristas, ex responsables institucionales, guionistas, miembros del equipo y actores de la película.

Participan con su testimonio en el documental, que se proyectará en el  Festival de Cine de Málaga: Gonzalo Miró, hijo de la directora, Héctor Alterio, Assumpta Serna, Mercedes Sampietro, José Manuel Cervino, Francisco Casares;  los guionistas Lola Salvador y Juan Antonio Porto -que hizo su tesis doctoral sobre el caso-, la jefa de producción Sol Carnicero, el director de fotografía Hans Burmann, la maquilladora Paquita Núñez, el músico Antón García Abril, el director de doblaje Claudio Rodríguez, el ayudante de dirección Miguel Ángel Díez.

Guillermo Montesinos, que interpretó en “El crimen de Cuenca” a José María Grimaldos López, “el Cepa”, explica en este nuevo documental cómo fue el rodaje de la mítica película en el pueblo donde se rodó.