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La Unión Europea frena la eliminación del cambio horario

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Desde que el luxemburgués Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, lanzara en septiembre del pasado año la propuesta de terminar con el cambio de horario invierno-verano, la polémica se desató en toda Europa entre los que se manifiestan a favor de suprimirlo y los que están en contra de su abolición.

Ahora el Parlamento y el Consejo han echado el freno a la propuesta de Juncker, dando un plazo de tres años para implementarla.

Mientras tanto, sigue la polémica sobre cómo afecta a las personas, tanto física como anímicamente, ya que según los expertos es inevitable pasar por una adaptación para superar los efectos en nuestro reloj biológico.

La Comisión de Transporte y Turismo del Parlamento Europeo acaba de aprobar el informe de la eurodiputada socialdemócrata Marita Ulvskog, en el que se pide retrasar la abolición del cambio horario estacional hasta 2021, en lugar de abril de 2019, como propuso la Comisión.

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«La propuesta de la Comisión era algo prematura, ya que no se realizó una evaluación de impacto adecuada previa. Y la consulta abierta a la ciudadanía también se llevó a cabo durante un periodo relativamente corto, ocho semanas, en lugar de las 12 semanas habituales. Es una pena, ya que las evaluaciones de impacto son fundamentales para disponer de la información suficiente para tomar decisiones», ha explicado la eurodiputada.

El Comité de Transporte propone que el cambio de reloj del último domingo de marzo de 2021 sea el último para los países de la UE que decidan mantener permanentemente su horario de verano.

Los estados miembros que prefieren mantener su horario estándar, también conocido como «horario de invierno», podrían cambiar los relojes por última vez el último domingo de octubre de 2021.

Por su parte la vicepresidenta del grupo ALDE en el Parlamento Europeo, Izaskun Bilbao (PNV), también ha considerado «una buena solución» que los Estados miembros dispongan de plazo hasta 2021 para efectuar por última vez el cambio de hora y que deban comunicar su decisión definitiva a la Comisión en abril de 2020.

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UN EMPEÑO DE JUNCKER

El mecanismo de coordinación que debe efectuar este análisis estará formado por un grupo de trabajo que integra a un representante de cada Estado miembro y un representante de la Comisión Europea.

El organismo recibirá antes de abril de 2020 la comunicación de la hora que fijará cada Estado en su territorio tras el último cambio y analizará los efectos de cada propuesta.

Si la evaluación considera que la decisión última puede originar problemas operativos, de coordinación o funcionamiento del mercado interior o los servicios de transporte, se remitirá el resultado de esta evaluación al Estado referido, que tendrá de plazo hasta octubre del 2020 para explicar las medidas que adoptará para paliar los problemas señalados en el informe del órgano de coordinación.

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La propuesta aprobada concede finalmente a la Comisión la facultad de prorrogar un año más la fijación de los horarios definitivos en los Estados si este proceso de coordinación no plantea soluciones eficaces a los problemas detectados en esta fase de evaluación.

Se retrasa así el empeño de Jean Claude Juncker, tras estudiar el resultado de una consulta pública en la que el 80 % de los participantes, la mayor parte de los cuales eran alemanes, preferían poner fin a esta práctica que comenzó a aplicarse a principios del siglo XX.

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La mayoría de los Estados miembros de la UE tienen una larga tradición de cambio de hora de verano a hora de invierno y viceversa en octubre y marzo de cada año, que puede remontarse, según los países, a la crisis del petróleo de la década de 1970, o incluso a la Primera o la Segunda Guerra Mundial.

En su momento, se perseguía sobre todo el ahorro de energía, pero también otros objetivos como la seguridad vial, el aumento de las oportunidades de ocio por la  prolongación de las jornadas o la adaptación a las prácticas de los países vecinos o de los principales socios comerciales.

El presidente de la Comisión Europea, el luxemburgués Jean Claude Juncker, es el principal impulsor de este cambio. EU.

¿MALO PARA LA SALUD?

Los detractores del cambio de horario que tiene lugar dos veces al año, en octubre y en marzo, se amparan en el supuesto impacto negativo que tiene sobre la salud de los europeos.

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Y es cierto que los primeros días el cuerpo tarda en adaptarse y no sabe muy bien si tiene hambre o si tiene sueño, si es la hora de levantarse o de irse a la cama y aunque tal vez los niños sean los más afectados, lo cierto es que se necesitan unos días para que el reloj biológico vuelva a la normalidad y se adapte al nuevo horario.

La discusión se centra en que más allá de este momentáneo “despiste” corporal, si las pruebas científicas acerca del impacto negativo de la medida en la salud de los europeos son o no concluyentes.

De hecho, los científicos no han podido demostrar de forma certera que el cambio de hora provoque severas dolencias en el cuerpo humano.

«Los datos sobre los efectos globales en la salud, esto es, en el saldo entre las repercusiones positivas y negativas, no son concluyentes», admiten.

El ritmo circadiano es un ciclo de 24 horas gestionado por nuestro reloj biológico.

Este reloj, que se sitúa en lo más profundo del cerebro, regula nuestros sistemas internos, como los patrones de sueño y alimentación, la producción de hormonas, la temperatura, la alerta, el humor y la digestión, en un proceso que evolucionó para adaptarse a la rotación de la Tierra.

Este reloj se ajusta a estímulos externos, con la luz, pero también a factores como la temperatura o las horas de las comidas.

Como afirma el gurú del sueño Nick Littlehales, autor del libro “Dormir”: “Es vital comprender que estos ritmos están enraizados en nuestro interior; son parte del tejido de todos y cada uno de nosotros. Son el producto de millones de años de evolución”.

Por eso, en las personas más sensibles se produce irritación, somnolencia e incluso estados depresivos, sobre todo en los niños y las personas mayores, que los padecen en mayor medida.

Entre géneros, parece afectar más a las mujeres que a los hombres.

Los cambios de hora suelen hacerse siempre de un sábado a un domingo.

CUESTIONES ECONÓMICAS

A lo largo de los años se han realizado diversos estudios para evaluar la hora de verano.

Las pruebas disponibles llevan a concluir que permitir cambios horarios descoordinados entre los Estados miembros iría en detrimento del mercado interior, como consecuencia del aumento de costes en el comercio  transfronterizo, los inconvenientes para el transporte, las comunicaciones y los desplazamientos y la menor productividad en el sector de bienes y servicios.

En cuanto a la energía, los estudios indican que el efecto global de ahorro que se deriva de la hora de verano es marginal.

En lo que se refiere a la agricultura, la utilización de nuevos equipos, sistemas de iluminación artificial y tecnologías de automatización parece haber disipado la mayoría de los recelos que provocaban acerca de los biorritmos animales y los cambios en las rutinas de ordeño como consecuencia del cambio de hora.

PLANTEL DE EXPERTOS

En España se formó un plantel de expertos que desde su creación por Real Decreto el 14 de septiembre 2018 ha debatido la cuestión desde todos los puntos de vista.

Nueve mujeres y cuatro hombres conforman un grupo multidisciplinar de personas que han aportado sus opiniones sobre la conveniencia de seguir moviendo o no las manecillas del reloj dos veces al año.

Se trataba de establecer los pros y los contras de adoptar el horario de invierno o de verano todo el año, o de mantener el cambio de horario, aunque en principio parece que el horario de invierno parte con ventaja por ser el más cercano al ciclo solar, es decir es el que más se ajusta al ciclo de noche y día.

José Luis Casero es presidente de ARHOE (Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles).

José Luis Casero, presidente de la Comisión por la Racionalización de Horarios (ARHOE) formó parte de esta comisión, “donde se han puesto en común cada postura”.

La suya propia, añade, es la misma de siempre: “por un lado suprimir el cambio por el impacto importante que supone sobre la salud de las personas, por otro adoptar el horario de invierno porque es el más cercano al ciclo solar así como el equilibrio horario más sensato y todo ello acompañado por medidas de racionalización de los horarios que nos acerquen a Europa y a la sensatez”.

El experto pone de manifiesto que los horarios españoles son absurdamente tardíos y poco sensatos.

Además, el Consejo de Ministros quería que esta comisión de expertos estudiara también si es más conveniente recuperar el huso horario de Europa Occidental, es decir, el que tienen Portugal o Reino Unido o continuar con el actual, que es el que mantiene el resto de Europa occidental y que España perdió en 1940.

Sobre este tema, Casero opina que tal vez sería conveniente diferirlo para evitar que ambos cambios coincidan, “lo que sería demasiado brusco y desconcertante”.

NIÑOS Y ANCIANOS LOS MÁS AFECTADOS

Por su parte María José Martínez Madrid, doctora en Cronobiología por la Universidad de Murcia y coordinadora del grupo de cronobiología de la Sociedad Española de Sueño, destaca que los colectivos más afectados por el cambio de horario son los niños y los ancianos, que necesitan entre cinco y siete días para adaptar sus ritmos.

“En el resto de la población los efectos adversos están más enmascarados por la luz artificial, pero en cualquier caso nos adaptamos mejor al horario de invierno, porque nos cuesta menos tener una hora más de jornada que una hora menos de sueño”.

Por eso, desde la Sociedad Española del Sueño abogan por anular los cambios y adoptar el horario de invierno.

Las ventajas serían que el sol saldría una hora antes (desde final de marzo hasta final de octubre) facilitando un despertar más natural; nos acercaríamos a nuestra hora solar natural; se adelantarían los horarios de alimentación y sueño; permitiría dormir más tiempo y nos ahorraríamos la adaptación  a los dos cambios horarios que hacemos al año.

Entre las desventajas figura el hecho de que  se perdería una hora de sol por la tarde, pero solo en los meses de mayor número de horas de sol, desde final de marzo hasta final de octubre y que no sólo supone un cambio no solo de hora, sino también de hábitos de vida.