¿Cómo será el abogado del futuro? Universidades punteras ya lo perfilan

¿Cómo será el abogado del futuro? Universidades punteras ya lo perfilan

Los expertos apuntan que la formación jurídica debe incluir el aprendizaje del idioma técnico que hablan los clientes

9 / 04 / 2019 06:15

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¿Cómo será el abogado del futuro? ¿Deberá tener alguna característica formativa especial? ¿Tendrá que estudiar otras asignaturas diferentes de las que estudia ahora en la universidad?

La respuesta es que los conocimientos serán los mismos, pero las herramientas cambiarán.

Según Federico de Montalvo, director del Centro de Innovación del Derecho de Comillas ICADE (CID-ICADE), “los futuros abogados deben conocer y aprender a manejar las nuevas herramientas tecnológicas que se usan en los despachos».

«La formación jurídica debe incluir el aprendizaje del idioma técnico que hablan los clientes, que será necesario sobre todo al asesorar a empresas espe­cializadas en el terreno digital”.

La digitalización es la clave, como en cualquier otro sector. Los despachos están abordando ya la transformación digital, y las universidades están pisando el acelerador.

La que lleva tiempo a todo gas es la Facultad de Derecho de la Universidad Pontificia Comillas (Comillas ICADE) que se adelantó hace unos años ofreciendo dobles grados pioneros, como el de Derecho y Business Analytics (E-3 Analytics), cuyo plan de estudios incluye, además de temas jurídicos y empresariales, asignaturas como programación, álgebra, marketing digital, fintech y blockchain.

“En concreto, nuestra Facultad de Derecho responde incorporando los programas vinculados a la transformación digital en sus estudios. Por eso, en su momento se incluyó E-3 Analytics, y ahora se ha incorporado el doble grado de Derecho y Filosofía, Política y Economía (E-5 FIPE) y en breve tendremos el Diploma en Legal Business Analytics y Legal Tech and Apps”, afirmó.

El objetivo, dice Montalvo, es el de “formar juristas tecnólogos: la transformación digital es un hecho imparable y por eso la universidad tiene que responder a ese hecho”.

Esa fue una de las conclusiones de la reciente mesa redonda organizada por CID-ICADE y Uría Menéndez en la que se analizó el reto de la transformación digital y el papel de los despachos de abogados.

Esta sirvió para abordar cómo está afrontando Comillas ICADE el reto de la transformación digital en sus planes de estudios de grado y posgrado, y exponer lo que está haciendo la abogacía en este sentido, y cuáles son los retos que todavía están por afrontar.

Las conclusiones a las que se llegaron pueden resumirse en seis puntos:

Idioma digital

Los abogados deben aprender a hablar un idioma que ya hablan muchos de sus clientes y éste es el idioma de la transformación digital. Se trata tanto de conocer las novedades tecnológicas como conocer los cambios que están provocando en el mundo de los negocios.

Digitalización de confianza

La abogacía es una profesión en la que la confianza abogado-cliente es indispensable y, en este contexto, hay que evitar que la digitalización vaya en detrimento de dicha confianza y de la inteligencia emocional en la que la aquélla habitualmente debe sustentarse. La transformación digital no puede transformar o alterar el componente humano que preside la relación de confianza.

Años de adaptación

La actual transformación digital de la abogacía es, efectivamente, disruptiva, pero debemos recordar que la abogacía lleva décadas transformándose y adaptándose a las nuevas tecnologías que siempre han estado presentes en el ejercicio profesional.

Nuevas habilidades

Los despachos piden nuevos abogados que ofrezcan nuevas aptitudes en un entorno digitalizado, pero la actitud sigue siendo esencial. Lo importante son las ganas que el nuevo abogado tenga de conocer, de formarse.

Derecho adaptado

La transformación digital exige una adaptación del Derecho, en virtud de la cual, sin menosprecio de las reglas, los principios cobran una absoluta relevancia. No se trata de una novedad, ya que el mismo Derecho Romano se asentó en la importancia de los principios. La volatilidad y la necesidad de adaptación al cambio exigen del abogado un buen manejo de los principios jurídicos y de la capacidad de interrelación de conceptos jurídicos procedentes, en muchas ocasiones, de diferentes ramas del Derecho.

Tecnologías responsables 

La responsabilidad en el uso, no solo profesional, sino también personal de las nuevas tecnologías es una exigencia de las firmas legales. La ciberdelincuencia y, en general, los nuevos riesgos que, por contrapartida, suponen las nuevas tecnologías exigen, como primera medida, un uso responsable de las mismas por el abogado. Esta nueva cultura se promueve a través del propio uso personal. El joven abogado que es cauto al usar las nuevas tecnologías en sus esferas personales lo será también en la esfera profesional.

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