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¿Qué buscan los agresores sexuales, de verdad?

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Contrariamente a lo que se cree, el fin último de los violadores no es tener una relación sexual con sus víctimas. Lo que de verdad buscan es sentir, de un modo intenso, la emoción de la dominación, el control y el poder sobre su víctima.

“La fantasía, en este proceso, juega un papel fundamental”, según explica Roy Hazelwood, exagente de la Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI, en su libro “Dark dreams. Sexual Violence, Homicide and the Criminal Mind” (Sueños oscuros. Violencia sexual, homicidio y la mente criminal).

“En sus fantasías, el sujeto guioniza la acción, elige el escenario y selecciona los accesorios que va a utilizar. Por supuesto, se elige a sí mismo como la estrella (¿quién si no?), pero también necesita  una coprotagonista, la víctima. Una vez que ha desarrollado por completo el papel que debe representar ella, comienza la búsqueda de alguien que asuma ese rol. Cuando la obra está terminada en su cabeza, el crimen tendrá lugar”, relata el exagente del FBI, que fue compañero de Robert Ressler en dicha Unidad –sobre la que se inspiró el escrito Tom Harris para escribir “El silencio de los corderos”–.

Hazelwood es pionero en la perfilación de agresores sexuales.

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EL KIT DEL VIOLADOR 

En muchas ocasiones llevan consigo una serie de recursos -el kit del violador-, como esposas, bridas o cinta americana, para inmovilizar a la víctima, mordaza, para evitar que griten, y también algún recurso extra para taparles los ojos, con el fin de aumentar su miedo.

Ellos, en ocasiones, se ponen gorras y gafas o, incluso, se disfrazan con peluca o se ponen pasamontañas, con el fin de evitar ser reconocidos, cuando su idea todavía no es la de quitar la vida a su víctima.

Uno de los “kits” recuperados por la policía: bridas, mordaza, cuchillo, guantes, para no dejar huellas, una braga y un pasamontañas para no ser identificado. Policía Nacional.

“Los agresores sexuales exageran, minimizan, resaltan, niegan, racionalizan y mienten, mienten, mienten. Mi norma es no creerme nada de lo que me cuenten a menos que pueda comprobarlo con testigos, indicios o evidencias”,  escribe Hazelwood.

De acuerdo con el perfilador, una cosa muy normal en los agresores sexuales en serie es que se lleven pertenencias de sus víctimas, tales como el carnet de conducir, fotografías o alguna prenda, con el fin de recordar su crimen en su imaginación después. Es lo que en la literatura científica forense se denominan trofeos o suvenires.

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Una razón por la que suelen guardar esos trofeos es por lo que describe como “el síndrome a prueba de balas”. El violador en serie “no cree que las autoridades puedan atraparle, así que no teme que puedan echar mano de sus archivos”, cuenta.

“Se considera invulnerable”, remacha.

SUS FANTASÍAS TIENEN CINCO COMPONENTES

De su experiencia, Hazelwood ha identificado cinco componentes que comparten las fantasías que se crean. Son estas:

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DE RELACIÓN

La “película” que se monta el agresor sexual con su víctima es la de una relación. Puede ser de novio-novia, de marido-esposa, de amante o de dominador-esclava.

“En el caso de novio-novia el agresor puede hacer uso de poca fuerza o de ninguna fuerza en absoluto”, cuenta Hazelwood. Reproduce una relación típica, con besos, abrazos, sexo oral, con el objetivo de mantener una ficción “normal” con ella.

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“En el otro extremo, el agresor actúa como un dominador con su esclava, degradando a la víctima verbalmente con epítetos como ‘puta’, ‘furcia’ o ‘perra’. Esperaría un algo nivel de violencia física, con flagelaciones, tortazos, golpes y el uso de restricciones dolorosas como esposas o cadenas. Sus actos sexuales preferidos son aquellos que degradan y humillan a su víctima”, cuenta.

DE PARAFILIA

“La parafilia es el término que utiliza en el campo de la salud mental ara describir la desviación sexual. El sadismo sexual es una parafilia, como lo es el voyeurismo, el masoquismo, el travestismo, el fetichismo, la escatología telefónica, el exhibicionismo, la pedofilia o la necrofilia, por nombrar algunos. El agresor ritual tiene una fantasía de parafilia y casi siempre mostrará esta desviación en sus crímenes”, dice Hazelwood.

DE SITUACIÓN

¿Qué circunstancia le gusta al agresor reproducir? Esa es la clave. En el caso de Robert Ley Anderson, un agresor sexual al que le excitaba la relación dominador-esclava, lo que reprodujo fue una cámara de tortura.

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DE DEMOGRAFÍA

“Como resultado de la gran cantidad de tiempo que pasa fantaseando, este agresor imaginativo desarrolla una selección de estándares muy específicos para sus víctimas. Leonard Lake [uno de los sujetos que estudió] siempre buscaba mujeres delgadas, bajitas, con senos pequeños, de entre 18 y 22 años, con pelo hasta la cintura”, dice Hazelwood.

“Los pederastas seleccionan a sus víctimas por sexo y edad pero también pueden preferir víctimas de un determinado color de pelo o, incluso, un tipo de nariz específica”.

DE AUTOPERCEPCIÓN

“¿Cómo se imagina el agresor su rol en el crimen? Va desde el cuasi dios omnipotente hasta sentimientos de inadecuación extrema”, concluye.