Topsy fue una elefanta de circo que, a lo largo de sus 27 años de vida, había sido maltratada y torturada. Un día no aguantó más. En el periodo de un año mato a tres hombres que la agredieron.
De haber sido una persona podría haber alegado «defensa propia» en los tres casos. Pero era una elefanta.
Fue ejecutada, sin embargo, como un ser humano.
Thomas Alva Edison, el inventor de la bombilla eléctrica, la electrocutó de la misma forma que se ejecutaban a los criminales humanos.
Para Edison aquello representó una oportunidad de negocio en la naciente industria de la electricidad.
Esta es la historia de Topsy, cuya memoria no ha sido olvidada por los amantes de los animales.
EN LIBERTAD
Topsy había nacido en libertad en 1876 en el sudeste asiático.
Allí fue capturada, siendo un bebé, por traficantes de elefantes, que la introdujeron en los Estados Unidos de forma ilegal en 1885, y la vendieron a Adam Forepaugh, dueño del Circo Forepaugh, que tenía su base en el Parque Luna, Coney Island, Nueva York.
Forepaugh presentó a Topsy ante el público como el «primer elefante nacido en territorio americano». Y le puso ese nombro en recuerdo a uno de los personajes de «La cabaña del tío Tom», una novela que en ese momento hacía furor.

Hay que tener presente que, en aquel tiempo, el Circo Forepaugh competía a muerte con el Circo Barnum, que poseía, además, los elefantes más grandes.
Topsy iba a convertirse en toda una estrella, pensó Forepaugh. Pero su gozo terminó en un pozo, porque el traficante que le había vendido a Topsy también le contó a Barnum que la elefanta no era americana y éste lo denunció públicamente.
A pesar de todo, Topsy fue la sensación del circo casi hasta el filo de 1900.
Recordemos que entonces no había cine ni televisión. El circo, junto con el teatro y la ópera eran las formas de entretenimiento más comunes.
Con el tiempo, Topsy llegó a medir tres metros de altura y a pesar entre 4 y 6 toneladas.
Topsy comenzó a ganarse una reputación de elefanta «mala», con mal genio, desde un único punto de vista: el humano
Los malos tratos a los animales en ese tipo de circos estaban a la orden del día.
Comenzaba el siglo XX. Era el año 1900.
Su primera víctima fue un domador contra el que se volvió en pleno número, en Texas. Lo mató.
Fue la gota final para la elefanta.
¿Qué pasó para que un animal manso y obediente sacara lo peor de sí mismo? Es fácil imaginarlo. Malos tratos, torturas, crueldad, sadismo…
Un nuevo domador tomó su puesto, endureciendo la línea de control sobre la elefanta. Encontró el mismo fin semanas después en París, Texas.
Topsy lo mató de otro pisotón.
El tercer suceso tuvo lugar el 27 de mayo de 1902. Dos años después.
Un espectador llamado James Fielding Blount se coló de madrugada en las cuadras de los elefantes, en Brooklyn. Según las crónicas, iba probablemente borracho. Los elefantes, entre los que se encontraba Topsy, estaban atados. Blount comenzó a burlarse de los paquidermos, ofreciéndoles una botella de whisky. En un momento dado, al parecer el hombre arrojo arena a la cara de Topsy y luego apagó su colilla en la trompa de la elefanta.
Topsy respondió empujándole hacia atrás con la trompa, haciéndole caer. Luego, en el suelo, lo pisoteó hasta quitarle la vida.
«Ni una más. Ni un abuso más. Ni un maltrato más. Se acabó», parece que dijo el animal.
Un mes más tarde, mientras descargaban a Topsy de un tren en Kingston, Nueva York, un espectador llamado Louis Dodero trató de hacer «cosquillas» a Topsy detrás de las orejas con un palo. La elefanta agarró a Dodero con su trompa por la cintura y lo arrojó violentamente a varios metros de distancia.
Aquello hizo reflexionar a sus dueños del Circo Forepaugh. Topsy se estaba volviendo «incontrolable».
Ninguno trató de entender la lógica del animal, ¿para qué? Y lo vendieron ese mismo mes de junio a Paul Boyton, propietario del Parque Sea Lion de Coney Island.
Allí, su nuevo domador, William Alt -también aficionado a la bebida-, maltrató a la elefanta en octubre de 1902, que se sepa. ¿Quién sabe los abusos que volvió a recibir el paquidermo?
Cuando un policía se acercó para afearle la conducta, Alt soltó a Topsy de su arnés de trabajo y dejó que la elefanta corriera libremente por las calles.
Dos meses después, Alt, otra vez visiblemente ebrio, cabalgó a Topsy por las calles de Coney Island, hasta la comisaría de policía, en cuyo interior trató de meter al animal, que bramaba terriblemente.
Como era de esperar, Alt fue despedido.
Los nuevos dueños del animal sintieron que no podían confiar en la elefanta y decidieron sacrificarla de la forma más indolora posible.
¿De qué forma?
Se consideró la posibilidad de hacerlo mediante la horca, pero la Sociedad Estadounidense para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales protestó con rotundidad declarando que no iban a permitir que se la matara de una manera tan cruel.
La solución final la facilitó uno de los hombres que más han contribuido al avance de la humanidad: Thomas Alva Edison.
El inventor de la bombilla eléctrica propuso ejecutar a Topsy mediante un sistema de electrocución similar al que se usaba con las personas en Estados Unidos desde 1890.
Para Edisón era una oportunidad que no podía dejar pasar porque estaba batallando contra Nikola Tesla y George Westinghouse para hacerse con el control de la infraestructura eléctrica de Estados Unidos
Edison había declarado, por activa y por pasiva, que su sistema de corriente continua era segura y que el sistema de corriente alterna de Tesla y de Westinghouse era muy peligrosa.
Con el fin de corroborar sus palabras ante todo el mundo, el inventor había venido ejecutando públicamente a perros y gatos durante años.
Tenía experiencia.
En este caso, Edison convenció al Ayuntamiento de Nueva York para que le dejaran usar esa corriente alterna “tan peligrosa”.
¿Qué otra mejor oportunidad podía haber para demostrar lo letal que era esa corriente alterna?
Si podía matar a una elefanta con ella, su punto de vista quedaría probado.
Así que, con el fin de reforzar el efecto de la electricidad, la elefanta fue alimentada con zanahorias que contenían 460 gramos –casi medio kilo- de cianuro de potasio antes de que una corriente alterna de 6.600 voltios penetrara por su cuerpo.
Topsy murió en cuestión de segundos.
Era el 4 de enero de 1903.
La ejecución fue presenciada en vivo por más de 1.500 personas.
Edison filmó la ejecución en película de acetato para su posterior proyección en los cada vez más numerosos cines de los Estados Unidos de América.
La tituló “Electrocutando a un elefante”. Hoy se puede ver hoy día en Youtube, aunque ya les adelantamos que es muy desagradable.
La elefanta Topsy fue ejecutada como un ser humano, sin ningún derecho de defensa, algo impensable en nuestros días.
No se pudo defender porque no podía hablar.
Incongruencias de nuestra condición como seres superiores del planeta; no sólo no protegemos a aquellos seres a los que debemos respeto sino que abusamos de ellos como si fueran objetos, como si no sintieran el dolor.
Lo paradójico de todo es que Edison no consiguió demostrar la “peligrosidad” de la corriente alterna.
Porque finalmente se probó que ésta era más segura y eficiente que el sistema de corriente continua que él proponía. De hecho, el sistema de corriente alterna, inventado por Tesla, es el que disfrutamos hoy en todo el mundo.
Pero esa, esa es otra historia.