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24 de abril de 2021, 106º aniversario del genocidio armenio: Más de un millón de víctimas

Ningún gobierno turco ha reconocido el genocidio armenio. En 2016 el Parlamento alemán tomo la decisión de reconocerlo, lo que provocó el enfado del presidente Recep Tayyip Erdogan; en la foto el Tzitzernakaberd, un monumento ubicado en Ereván, la capital de Armenia, donde se encuentra el Museo del Genocidio Armenio, que recuerda aquellos hechos con una llama eterna perenne.

Hoy 24 de abril es el aniversario de lo que hoy se conoce como el primer genocidio del siglo XX. Ocurrió en Turquía. Mucho antes del genocidio nazi o del genocidio soviético.

Unos acontecimientos que, a día de hoy, todavía ese país, por boca de su presidente, Recep Tayyip Erdogan, sigue negando.

Fue hace 106 años. Lo sufrió el pueblo armenio. Más de un millón de personas perecieron en una acción brutal de represalia perpetrada por las autoridades otomanas.

El proceso penal impuesto posteriormente por las potencias europeas en Turquía no obtuvo más que unas simbólicas condenas a muerte de los principales victimarios que se encontraban huidos.

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Muchos años después y a impulso de un colectivo de víctimas, un juez argentino dictó en 2011 una resolución declarativa de los sucesos históricos conocidos como el genocidio del pueblo armenio.

Al día de hoy no todos los países reconocen los hechos. En España solo algunas comunidades autónomas lo han hecho.

Y entre Armenia y Turquía las espadas siguen en alto.

La lección es clara: Solo  la intervención de la Justicia contra la impunidad, permite cerrar los hitos más dolorosos de la historia. Lo contrario solo abona la inquietud y el rencor.

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En Erevan, capital de Armenia sobre la colina Dzidzernagapert que domina la  ciudad se levanta el monumento a las víctimas de una masacre sistemática y salvaje.

Se trata de un obelisco piramidal que apunta al cielo y es visible desde cualquier punto de la ciudad.

Su construcción se aprobó el 24 de abril de 1965 en el Teatro de la Ópera de la capital y los arquitectos encargados de su construcción tuvieron apenas dos años para concluirlo.

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Lo tomaron como una cuestión de honor.

Y lo consiguieron.

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Desde entonces arde una llama eterna traída en un blindado desde la planta química de Kirov en honor a las víctimas: Más de un millón de muertos a manos  de los turcos en lo que se conoce como el primer genocidio del siglo XX.

El nacionalismo y el odio se dieron la mano el 24 de abril de 1915. La Primera Guerra Mundial resultó el detonante de una tensión que no era nueva. Cuando el Imperio Otomano tomó partido por Alemania, se encontró con que su nuevo enemigo era Rusia.

Un intento turco de invasión del territorio ruso resultó en derrota y en la contrapartida de un ataque del ejército del zar cuyas filas se veían engrosadas por armenios.

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Muchos ciudadanos armenios otomanos desertaron y apoyaron a los invasores.

Mapa del genocidio armenio que tuvo lugar a principios del siglo XX en Turquía.

EL ORIGEN

Armenia había venido formando parte del imperio otomano desde el siglo XV. Su población, formada por cristianos, ortodoxos griegos o  judíos, tomó forma de comunidad no musulmana.

Los turcos les concedieron ciertas facultades de autogobierno siempre y cuando mantuviesen su fidelidad al sultán, pagaran sus impuestos, aceptaran ciertas desigualdades y no trataran de superponer su condición de armenios a la de otomanos.

Sin embargo, avanzada la segunda mitad del siglo XIX, los armenios comenzaron a pedir más igualdad y desatando las primeras represiones en la década de 1890.

La derrota frente a los rusos y el posicionamiento de algunos armenios con el enemigo sirvió para que el gobierno turco, de talante nacionalista, considerase que los armenios se habían convertido en un enemigo dentro de casa.

Por eso, ese 24 de abril de 1915 se aprobó una ley que establecía la detención y expulsión masiva de todos los armenios de su territorio. Cuatro días antes se habían procedido a purgar a todos los militares armenios que servían en el Ejército turco.

Fue una decisión tomada por el triunvirato que «de facto» llevaba las riendas del país: Ismail Enver Pasha, ministro de la Guerra, Ahmed Djamal Pasha, ministro de la Marina, y Talat Paatsa, ministro de Interior y de Finanzas (en 1917 se convertiría en Gran Visir, equivalente a primer ministro), que fue quien dio las órdenes ese mismo 24 de abril para llevar a cabo las detenciones y deportaciones de 250 intelectuales armenios de Estambul, que después fueron ejecutados en Ankara.

Paatsa está considerado el principal responsable del genocidio armenio. Justificó esa decisión para aplastar una posible revolución de los armenios contra el imperio turco. 

Los tres responsables del genocidio armenio: Ismail Enver Pasha, ministro de la Guerra, Ahmed Djamal Pasha, ministro de la Marina, y Talat Paatsa, ministro del Interior fueron los que tomaron la decisión.

 

 

Fue el inicio de un plan de limpieza étnica que quedaría plasmado en la Ley de Traslado y Reasentamiento, aprobada el 27 de mayo de ese año, 1915.

En esa fecha había entre un millón y medio y dos millones de ciudadanos armenios. Todos ellos fueron deportados hacia el desierto de Siria.

Centenares de miles de personas caminaron por desiertos, valles y montañas.

Muchos de ellos perdieron la vida por el cansancio, el hambre y la sed; maltratados por la población de los lugares que iban atravesando.

Buena parte de los armenios fueron conducidos al desierto para que murieran de inanición.

«UN EXTERMINIO RACIAL PLANEADO Y ORGANIZADO POR EL GOBIERNO»

Existen documentos de la época de diferentes legaciones europeas que dejan clara la intencionalidad de los hechos.

En el Libro «No a la impunidad», un completo tratado sobre Jurisdicción Universal, se señala en el apartado sobre Armenia un  “Informe secreto sobre la deportación de los armenios” de la Embajada del Imperio Alemán en Constantinopla, Misión Militar J. n° 384, firmando por el teniente coronel Stange, que expresa: “En vista de todos estos acontecimientos, puede considerarse como seguro: La deportación y la destrucción de los armenios había sido resuelta y bien organizada por el Comité de los Jóvenes Turcos de Constantinopla y con el apoyo de los miembros del ejército y de bandas de voluntarios.”

Y recoge también: «Sólo en 1915 The New York Times publicó 145 artículos recogiendo los acontecimientos, que calificó como un “exterminio racial planeado y organizado por el Gobierno”.

Las noticias fueron confirmadas por fuentes consulares, que describieron cómo cientos de cuerpos y huesos se amontonaban en los caminos de Anatolia.

Fue planeado y administrado por el Estado de Turquía contra toda la población Armenia del Imperio Otomano.

En estas 4.000 páginas de declaraciones se recoge cómo el Éufrates se tiñó de rojo transportando los cuerpos de personas a quienes se había arrebatado la vida o que, en plena desesperación, se arrojaron para acabar con una existencia marcada por el horror.

Por todas partes había mujeres desnudas y no se sabía si estaban vivas o muertas. Las violaciones a mujeres, niñas y ancianas fueron  elementos capitales del horror.

Urfa, Alepo o Deir ez-Zor vieron llegar a los supervivientes, auténticos esqueletos vivientes.

Según las autoridades de Armenia, la cifra alcanzó el millón y medio de víctimas.

Por su parte, los nacionalistas turcos cifraban entonces las muertes en 300.000.

Las  misiones militares de Estados Unidos y Gran Bretaña informaron de más de un millón de personas que perecieron. En 1919, el ministerio de Interior de Turquía admitía la escalofriante cantidad de 800.000 fallecidos.

Algunas jóvenes armenias fueron crucificadas como en la antigua Roma.

PROCESO EN TURQUÍA

Tras la primera gran contienda del siglo pasado, los ojos del mundo se posaron sobre la terrible matanza. No podía quedar sin castigo.

Francia, Rusia y Gran Bretaña dejaron por escrito tal decisión en un acuerdo conjunto de 1915 acusando a Turquía de cometer crímenes contra la humanidad y contra la civilización.

Se recogió también en los Tratados de Sévres (1920) y en lo de Versalles y Leipzig.

No se creó un Tribunal Internacional.

En cambio, los aliados obligaron a Turquía a celebrar un proceso penal en los juzgados turcos y aplicando la legislación interna.

El primer ministro, Talat Paatsa, el ministro de Guerra, Ismail Enver Pasha, y el ministro de la Marina, Ahmed Djamal Pasham, fueron como principales responsables pero habían escapado a Alemania, Tayikistan y lo que es hoy Georgia.

Fueron juzgados en ausencia por un tribunal turco y la sentencia, dictada el 5 de julio de 1919, fue de pena de muerte.

Paatsa fue asesinado en 1922 en Alemania y Djamal Pasham en Afganistán, el mismo año.

Los autores fueron miembros de la Federación Revolucionaria Armenia (Dashnak) que en 1919 tomó la decisión de administrar justicia allí donde la justicia turca no había podido llegar.

Ismail Enver Pasha murió también ese año, luchando del lado de los rusos blancos contra los soviéticos, en el curso de una carga de caballería, en lo que hoy es Tayikistán.

Muchos años después, se creó el Ejército Secreto para la liberación de Armenia, organización armada compuesta por descendientes de aquellos supervivientes de la gran deportación.

Cometieron atentados contra objetivos turcos en la exigencia de que el Gobierno otomano reconociera  el genocidio e indemnizara a las víctimas.

Hasta 1991 asesinaron a 46 pesonas, por lo general diplomáticos turcos y atentaron contra civiles.

Los aeropuertos de Ankara y Paris Orly fueron dos de sus objetivos. También se produjo en 1975 una agresión contra la embajada turca en España con el resultado de tres muertes  y también en Madrid atacaron dos aerolíneas.

LA JUSTICIA ARGENTINA CONDENÓ EL GENOCIDIO

En la dIáspora que los supervivientes protagonizaron, los armenios se repartieron por el mundo. Dos de ellos, los hermanos Hairabedian residentes en Argentina, presentaron una querella en diciembre de 2000.

La Cámara Nacional de lo Criminal y Correccional Federal de Argentina ordenó que se emprendieran las investigaciones pertinentes.  La causa recayó en el juez Norberto Oyarbide, titular del Juzgado Nacional Criminal y Correccional Federal número 5 de Buenos Aires.

El magistrado pidió información a diversos países.

Se abordaba de esta manera un proceso nuevo que excedía el concepto de justicia punitiva e iba más allá a la reparación y consuelo de las víctimas en base a la restitución de la verdad.

El 1 de abril de 2011, se dictó la Resolución declarativa de los sucesos históricos conocidos como el genocidio del pueblo armenio, un documento más cercano a una verdad judicial que a una sentencia, pero que, indudablemente, acerca la justicia a los afectados.

Si bien la justicia no ha sido completa, el caso de Armenia supone un interesante antecedente que ha dado pie a que otras causas internacionales se puedan entender como necesarias y obligadas para la comunidad internacional.

Este 24 de abril, los armenios recordarán a sus muertos. Lo harán desde diferentes lugares del planeta. Países como Uruguay, Argentina o Venezuela, se han sumado tradicionalmente a este homenaje.

Son tres de los 23 países que han reconocido el genocidio armenio. En Latinoamérica también lo han hecho Bolivia y Chile. En Europa, solo Rusia y la mitad de los miembros de la Unión Europea.

En España lo han reconocido a través de sus Parlamentos, Cataluña, Baleares, Navarra y Euskadi.

El genocidio armenio fue un antecedente directo de los genocidios nazis y soviéticos durante y tras la Segunda Guerra Mundial.

PELÍCULAS SOBRE EL GENOCIDIO ARMENIO

Existe una variada filmografía sobre el genocidio armenio. Algunos de los títulos más conocidos son Mayrigde Henry Verneuil (1991) o Ararat del director de origen armenio Atom Egoyan (2002).

La más antigua data de 1919 y se titula Auction of Souls, dirigida por Oscar Apfel. Entre otras se pueden citar América, América(1963) dirigida por Elia Kazan que se basó en la vida de su tío, emigrante armenio a EE.UU.,  para realizar el film.

Más recientes son El destino de Nunik (2007) de los hermanos Taviani; El padre (The Cut), (2014), de Fatih Akin; Una historia de locos (2015) del director Robert Guediguian; La promesa (2016) de Terry GeorgeEl teniente otomano (2017) de Joseph Ruben.

LA PRIMERA NACIÓN EN DECLARAR EL CRISTIANISMO COMO RELIGIÓN OFICIAL

Armenia fue la primera nación en declarar el cristianismo como su religión oficial, resistiendo desde la dominación romana la expansión del islam a su alrededor, con la excepción de la ortodoxa Georgia.

Sometida a diferentes imperios desde el siglo VII–bizantino, persa, ruso y otomano- la irrupción en el Imperio Otomano a principios del siglo XX del movimiento «Jóvenes Turcos» marcó un punto de inflexión en la historia de Armenia.

Se trataba de un partido reformista que obligó al Sultán a aceptar el parlamentarismo, exigió una constitución e inició la marcha hacia el progreso, pero de la mano de un nacionalismo  exacerbado.

El declive del Imperio Otomano, provocado por las sucesivas derrotas militares aumentó la ira populista contra las comunidades cristianas que habían conseguido emanciparse.

Tras producirse protestas y rebeliones de la población armenia contra de los elevados impuestos o las injustas leyes turcas, la desconfianza de los turcos musulmanes fue el caldo de cultivo ideal para quienes querían exterminar a los armenios, como así hicieron.

Cientos de miles de niños quedaron huérfanos.
Y otros fueron víctimas directas de las órdenes tomadas por el gobierno turco del momento.

Cincuenta años antes de la Primera Guerra Mundial, Turquía había visto como grandes extensiones de su territorio se perdían en favor de otros países europeos.

Ello llevó a una larga huida de  millones de refugiados musulmanes. Se dirigieron a Anatolia tras verse expulsados de los Balcanes, Crimea y el Cáucaso.

Tales circunstancias tuvieron que ver con el nacimiento de un sentimiento nacionalista y el rencor hacia los cristianos. Ello se unía a una situación económica lamentable que daba pie a todo tipo de situaciones conflictivas.

En Anatolia, los armenios se veían asaltados por las tribus kurdas y las propias autoridades otomanas. Surgieron movimientos como la Federación Revolucionaria Armenia o el partido Hunchak que planteaban la insurgencia y reclamaban el apoyo de los países europeos con especial atención a Rusia.

Las autoridades turcas ejercieron una represión brutal que llevó a la muerte a decenas de miles de armenios entre 1891 y 1896 y en 1909.

El 29 de octubre de 1914 y en el marco de la Primera Guerra Mundial, el gobierno del sultán de Constantinopla se había posicionado del lado de Alemania y Austria-Hungría, bombardeando dos cruceros alemanes bajo bandera turca en el puerto ruso de Odesa, en el Mar Negro.

Cuatro días más tarde el Imperio Ruso declaraba la guerra a Turquía, uno de sus enemigos tradicionales. Gran Bretaña y Francia, aliados de Rusia, lo hicieron el 5 de noviembre.

Alemania pretendía desestabilizar los imperios coloniales británico y francés, mientras que Turquía deseaba recuperar los territorios perdidos con anterioridad antes las potencias occidentales.

En cualquier caso, a partir de entonces la guerra adquiría una nueva dimensión, al jugarse en ella el futuro de todo Oriente Próximo. La acción de Rusia en territorio turco con un ejército integrado por armenios rusos, motivó el odio hacia la población armenia en Turquía.

Son estos los antecedentes que llevaron al genocidio de 1915.

Tras la caída de la Sublime Puerta (el Gobierno del Imperio Otomano) en 1924, Turquía recuperó parte de su hegemonía mientras la recién nacida URSS creaba la República Socialista de Armenia en 1929, partiendo así el país en dos.

La Turquía actual  es el resultado de las labores de ingeniería política del estadista laico Mustafá Kemal Atatürk, y también es heredera del Imperio Otomano y su pasado hegemónico en el este del Mediterráneo.