Pregunta: ¿Qué tienen en común Esade y las universidades que conforman la “Ivy League” estadounidense? Respuesta: Su alto nivel de exigencia académica. Sólo con trabajo duro y mucho sacrificio, lo que hoy se da en llamar resiliencia, los estudiantes pueden obtener el título deseado.
En Estados Unidos estar graduado por las universidades de Harvard, Columbia, Brown, Cornell, Pensilvania, Yale, Princeton el Dartmouth College o la Universidad de Standford, es, de por sí, un seguro de futuro. Lo mismo que en Esade. Porque lo que todas ellas comparten la búsqueda de una única meta: la excelencia en la educación.
Ese fue el norte hacia el que se dirigió Eduardo Berché cuando asumió el puesto de decano del Esade Law School hace ocho años, cuando planteó un plan de negocio con tres objetivos muy concretos: Triplicar el número de alumnos y elevar la nota media de acceso a nuestra Facultad, que entonces era de 7,3.
Lo primero lo ha rozado y lo segundo lo ha superado.
“En el curso 2013-14 teníamos en los Grados 606 alumnos frente a los 1.581 del curso 2020-2021. La nota media de acceso ahora está en un 8,7. Nuestra calidad de enseñanza es equiparable a las de las Facultades de derecho más punteras del mundo”, afirma Berché.
Y añade: “Cuando asumí el decanato teníamos 920.000 euros de pérdidas. En este curso académico los resultados estarán en torno a los 4.020.000 euros”.
El Diccionario de la Real Academia Española define el carisma como el “Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad”. También “la especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar”.
El decano del Esade Law School sin duda lo tiene. Su forma de hablar, su particular visión de las cosas, su pasión contagiosa ha tenido mucho que ver, de forma evidente, por la consecución de estos resultados.
Eduardo Berché pone la mirada ‘en la excelencia académica, la internacionalización y la experiencia educativa de la institución’
¿Qué enseñanza ha sacado el Esade Law School de la pandemia?
Que el futuro no va a ser tan tecnológico como se ha venido diciendo. Una semana antes de que se decretase el estado de alarma nosotros decimos cerrar las clases presenciales y hacerlas telemáticas. Lo hicimos en dos días.
Cuando se levantaron las restricciones pasamos a una combinación mixta, presencial y “online”. Pero, ¿sabe lo que nos han dicho los alumnos en las encuestas que hemos llevado a cabo? Que les gustaba más la presencialidad.
Recientemente tuve una reunión con delegados de alumnos y me repitieron lo mismo: “Nosotros hemos venido a vivir una experiencia universitaria personal, dónde la enseñanza es muy importante, la praxis es muy importante, la relación con nuestros compañeros es muy importante, lo mismo de importante que la interacción con los profesores. Y, en la medida de lo posible, por favor, dadnos clases presenciales”.
Eso no quiere decir que vayamos a renunciar a las clases “online”, pero es el estado de opinión actual de nuestros alumnos.
Pero la tecnología funciona…
La verdad es que no puedes transformar la educación en telemática. Porque los instrumentos que hay, y hemos comprado los mejores, aún no están al nivel. Tú ves muchas pantallas y te dices, ‘estamos en Matrix’. Es mentira. Las redes fallan, la conexión no es perfecta y los alumnos no pueden actuar perfectamente. Esa es la realidad.

O sea que el futuro seguirá teniendo un fuerte contenido presencial, ¿en qué situaciones seguirá siendo “online”?
Pues, por ejemplo, hacer venir al presidente de la FIFA al Máster en Derecho Deportivo Internacional en inglés que hemos lanzado, para una hora…. Considerando que es un personaje muy ocupado, en estos momentos no tiene mucho sentido. Lo aconsejable sería prepararla muy bien, de forma telemática.
¿Por qué ha puesto en marcha el Máster de Derecho Deportivo Internacional?
Porque hay mercado tremendo. Lo primero que identifiqué es que lo que se estaba ofreciendo le faltaba contenido.
¿Todo en inglés?
Todo en inglés, pero no hay regla sin excepción. Por ejemplo, Monchi lo fue. Monchi es el director deportivo del Sevilla. Habla inglés, pero nos dijo que no se sentía cómodo dando una clase en ese idioma. Preguntamos a los alumnos, ¿os importa que haya una clase que no sea en inglés sino en castellano? Al estudiante extranjero le ponemos un traductor simultáneo.
Tener a Monchi para que nos explicara su experiencia profesional valió la pena. ¿Usted renunciaría a escuchar a Monchi porque no lo hace en inglés….’.
¿Cuántos alumnos estudian en Esade?
Actualmente tenemos 1.581 personas. Derecho solo, lo hacen 160 personas (40 alumnos por cuatro cursos). El resto, Derecho con otros grados, como Derecho con “Global Governance”, Derecho con “Economics”, Derecho con ADE [Administración de Empresas]…
El Máster de Acceso a la Abogacía, el MUA, está formado por 300 alumnos, 150 por curso. Lo tenemos con especialidad. El Máster de Derecho Deportivo Internacional es una parte del MUA. Lo que hacemos es darles los conocimientos para pasar el examen un examen y una especialidad. Además de derecho deportivo, también penal, fiscal, mercantil o derecho de las tecnologías.
¿Y de ese número, cuántos son vocacionales?
¿Qué tienen muy claro que quieren hacer derecho porque van a hacer oposiciones? En torno a un 15 por ciento. El resto hacen otra carrera y derecho porque consideran que es un complemento esencial. En ese proceso, muchos se enamoran del derecho.
«Hay gente que pone las “soft skills” por encima del conocimiento. Yo creo que se equivocan. Los “soft skills” son un complemento a una buena formación jurídica, que es lo importante»
Usted sabe que la esencia del ejercicio del derecho consiste en conquistar la confianza del cliente. ¿De qué manera preparan a sus alumnos?
Así es. Porque el cliente se juega su libertad y su patrimonio. Nosotros prestamos una gran atención a lo que ahora se denominan “soft skills”, el desarrollo de habilidades para comunicarse, para defender una idea y para trabajar en grupo.
Uno de nuestros alumnos, hace 20 años, fue Albert Rivera. Hicimos que ese gran orador que llevaba dentro aflorara y se desarrollara a través de la Liga de Debates.
Rivera ganó la Pasarela Nacional y después una Pasarela Internacional de Ligas de Debate.
Y lo hizo en equipo.
Enseñamos a ser empáticos en situaciones de tensión, mejorando sus empatías. Es importante que sepan colocarse en el lugar del otro y comprender su punto de vista. Enseñamos a hablar en público y defender sus ideas.
Hay gente que pone las “soft skills” por encima del conocimiento. Yo creo que se equivocan. Los “soft skills” son un complemento a una buena formación jurídica, que es lo importante.
He visto que tienen ustedes un nuevo certificado en Legal Tech con el Massachussets Institut of Technology, el MIT. ¿Cómo han hecho esa conexión? No forma parte de la “Ivy League” pero no desmerece en nada su calidad de centro de enseñanza puntero internacional.
El MIT no se asocia con cualquiera, como usted sabe. Dentro de poco también un intercambio con Standford University, de Estados Unidos. Lo tenemos con la Hitotsubashi University, de Japón. Ninguna universidad de derecho tiene intercambios con Japón. Los japoneses son muy escépticos.
Hemos tenido mucha suerte al ofrecerles una “Joint Venture” sobre el producto adecuado, en el momento adecuado. Hemos dado con la persona abierta a jugar con nosotros. Nos precedía nuestro prestigio. Somos muy buenos [se ríe].
También tienen programas de intercambio con centros universitarios punteros en Derecho, Negocios y el resto de las disciplinas que imparten en Europa –28–, Estados Unidos –21–, Asía –15–, Canadá –5–, Iberoamérica –5–, Oceanía –3– y Oriente Próximo –1–…
Sí, pero no es importante cuántos intercambios tenemos sino con qué universidades. Si tienes intercambios con universidades que no aportan nada, tu gente va a vivir una experiencia social.
Para tener una experiencia técnica hace falta tener buenos centros de intercambios. Nosotros los tenemos.
Con determinadas universidades de Estados Unidos, como la Columbia Law School, de Nueva York, la Georgetown University, de Washington, la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania, o con el Cornell Law School, de Ítaca, Nueva York, tenemos convenios de Máster de Abogacía que no tiene nadie, por ejemplo.
Hacen un año en España y otro en Estados Unidos. Y cuando acaban tienen dos másteres y pueden presentarse tanto al título español como al estadounidense, al examen de acceso al “Bar Exam” del estado en cuestión donde ha cursado el máster, que es el que le posibilita para ejercer ante los tribunales de ese país.
Eso lo hacemos nosotros.