Durante mucho tiempo, muchos despachos de abogados han visto a las asesorías casi como un competidor natural. Era una percepción comprensible: ambos trabajaban para las mismas empresas y, en ocasiones, sobre asuntos que parecían solaparse. Sin embargo, esa fotografía empieza a quedarse antigua.
La realidad es bastante distinta. Las empresas ya no buscan un único profesional que resuelva cualquier cuestión, sino asesores capaces de coordinarse para abordar problemas que combinan cada vez más disciplinas. Y eso está cambiando la relación entre despachos y asesorías.
El cliente no divide los asuntos por especialidades
Una empresa no suele plantear un problema «mercantil» o «fiscal». Lo que expone es una decisión de negocio.
Quiere incorporar un nuevo socio, reorganizar un grupo de empresas, abrir una filial en otro país o contratar a un directivo extranjero.
Pensemos, por ejemplo, en una ampliación de capital con la entrada de un inversor internacional. Habrá que estructurar la operación societaria, analizar sus implicaciones fiscales, cumplir determinadas obligaciones registrales y, en algunos casos, gestionar aspectos relacionados con la movilidad internacional.
Desde el punto de vista del cliente, todo forma parte del mismo proyecto. Poco importa quién se ocupa de cada parte si el asesoramiento no está bien coordinado.
Especializarse también significa saber cuándo pedir apoyo
Hace años todavía era relativamente habitual encontrar despachos que asumían prácticamente cualquier asunto. Hoy resulta mucho más difícil.
La normativa es cada vez más extensa y especializada. Materias como la movilidad internacional, la fiscalidad internacional o determinadas operaciones societarias requieren una dedicación constante. Pretender dominarlas todas desde un único equipo no siempre es realista.
Los despachos que mejor están respondiendo a esta realidad no son necesariamente los que ofrecen más servicios, sino los que tienen claro cuál es su ámbito de especialización y con qué profesionales conviene colaborar cuando el asunto lo requiere.
Colaborar no significa perder al cliente
Todavía existe cierto recelo a incorporar a otro especialista por miedo a que la relación con el cliente termine diluyéndose.
La experiencia demuestra justamente lo contrario. Cuando cada profesional tiene bien definido su papel, el cliente mantiene a su abogado como interlocutor de confianza y, al mismo tiempo, accede a conocimientos muy específicos que difícilmente podrían concentrarse en un solo despacho.
No se trata de ceder el asunto, sino de complementarlo allí donde otro profesional puede aportar un conocimiento más profundo.
Un mercado que ya funciona de otra manera
La colaboración entre despachos y asesorías ha dejado de ser una solución puntual para convertirse, en muchos casos, en una forma habitual de trabajar.
Las empresas valoran no tener que actuar como intermediarias entre distintos asesores y que los profesionales implicados sean capaces de coordinarse entre sí. Quizá la pregunta ya no sea si una asesoría compite con un despacho de abogados. La verdadera cuestión es si, en un mercado cada vez más especializado, tiene sentido intentar resolverlo todo desde un único equipo.
Es una realidad que en Adlanter vemos cada día colaborando con numerosos despachos en materias mercantiles, fiscales, laborales o de movilidad internacional. No para sustituir su trabajo, sino para aportar una especialización concreta cuando el asunto lo exige.