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La frase «así me las den todas» tiene un origen judicial, relacionado con el cobro de una multa

El alguacil, que recibió el bofetón, era como el del cuadro, del que fue autor el artista Eduardo Chicharro Agüera (1873-1949).

Nuestro idioma está tan trufado de historia que en muchas ocasiones echamos mano de frases hechas que tienen cientos de años de antigüedad, y no lo sabemos.

Frases que tienen relación directa con la Justicia de nuestros tatara-tatara-tatara abuelos.

Una de ellas es “Así me las den todas”.

La historia original nos cuenta que una vez un alguacil fue a ejecutar una orden emitida por un juez.

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Tenía que cobrar una multa a un hombre.

Cuando fue a reclamar el dinero, las cosas se complicaron y en vez de cobrarlo, el alguacil recibió un par de bofetones muy sonoros.

De regreso, durante el camino, el alguacil decidió que debía relatar lo sucedido al juez de una forma que provocase su cólera y, por lo tanto, una respuesta contundente contra la persona que le había agredido.

Ni que decir tiene que lo que el alguacil buscaba, al final de todo, era limpiar su vergüenza y… algo de venganza.

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Cuando llegó ante el juez, el alguacil relató lo acontecido de forma muy dramática.

El final fue impactante.

“Señoría”, le dijo, “los dos bofetones no me los han dado a mi sino a usted, en su propia cara, porque no han querido acatar una orden suya”. 

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El juez, que poseía un acusado sentido del humor, le contestó con cierta sorna: “Cierto, pero así me las den todas”.

Es decir, que no tenía inconveniente alguno en cobrar dos bofetones en la cara del alguacil.

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Se pueden imaginar la cara que se le puso al agente de la autoridad.

La frase solemos utilizarla en nuestro tiempo de una manera irónica para expresar nuestra indiferencia hacia algo.