Los nuevos “Anschluss” y “Holodomor” de Putin en Ucrania

La columnista, Raquel Ballesteros, es socia de Simmons & Simmons.

28 / 02 / 2022 06:49

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Los libros de historia tienen dos palabras que estos días son tristemente actuales. El “Anschluss” (unión, reunión o anexión), eufemismo de Hitler para invadir Austria en 1938 porque era “una misma nación histórica”, “un mismo pueblo” que había pedido su ayuda y al que no podían defraudar.

 Las mismas palabras de Putin en su discurso del jueves antes de invadir Ucrania, invocando “nuestra patria común”, “nuestro pueblo multicultural”, que “las repúblicas populares de Donbass han pedido ayuda”, que debemos “proteger a las personas que han sido objeto de intimidación y genocidio por parte del régimen de Kiev durante ocho años”.

Esto en clara alusión a los prorrusos de Crimea, cuya “petición de ayuda” también sirvió para justificar el “Anschluss” de Crimea en 2014.

Ya entonces, el Ministro alemán de finanzas evidenció la fatal identidad de esa farisea justificación con la invocada por Hitler para invadir los Sudetes. Pero Crimea quedó anexionada y no pasó nada.

Cuando ocurrió en Austria y en los Sudetes en 1938 tampoco pasó nada fuera de “lo diplomático”.

Con el sesgo retrospectivo actual, los libros de historia lamentan con dureza cómo el miedo a una segunda guerra mundial provocó la Segunda Guerra Mundial. “La tibia oposición de las potencias vencedoras en la Gran Guerra, que debían haber garantizado el cumplimiento de los acuerdos de Versalles respecto a Austria, estimularon la política expansionista de Hitler. El presidente checoslovaco Edvard Benes se sintió seriamente preocupado por los hechos, pues comprendía que su país era el siguiente en la lista de Hitler”.

Pero, ¿cómo deslindar la tibieza de la prudencia»

En todo caso, es casi hilarante que en su discurso Putin compare a los ucranianos con “los cómplices de Hitler durante la guerra”, insistiendo en la imperiosa necesidad de una “acción decisiva” pues “nunca perdonarán a los de Crimea por su libre elección”, defendiendo encendidamente “el derecho de las naciones a la autodeterminación. A las personas que viven en ciertos territorios de la Ucrania moderna nunca se les ha preguntado”, “estamos a favor del derecho a elegir: todos los pueblos que viven en el territorio de Ucrania deberían usarlo”.

UCRANIA, CRUELMENTE TRATADA POR RUSIA

Creo que la elección de los ucranianos dista mucho de ser Rusia. No podría serlo. Ucrania, “el granero de Europa” siempre fue cruelmente tratada y explotada por Rusia, primero siervos del Zar, luego del régimen comunista.

Stalin colectivizó por la fuerza las granjas de sus campesinos, requisando todo su ganado y cosechas para alimentar a las ciudades industriales de la URSS y, de paso, doblegar su resistencia. Con sus requisas terminó matando de hambre a siete millones de personas en la gran hambruna de 1933, una cifra parecida a la del holocausto.

Fue el “holodomor(“exterminio por inanición”), relatado por una periodista americana, Anne Applebaum, ganadora del Premio Pulitzer, en “Hambruna roja” (Debate, 2019). Allí se recoge el estremecedor testimonio de muchos supervivientes.

Los niños morían de hambre. Y los padres, muy próximos también a la muerte por inanición, cocinaban los cadáveres de sus hijos y se los comían. La debilidad los sumía en un profundo embotamiento. Luego, cuando se daban cuenta de lo que habían hecho, enloquecían”.

“La gente comía cualquier cosa para no morir. Comían alimentos podridos o sobras de comida que las brigadas hubiesen pasado por alto. Comían caballos, perros, gatos, ratas, hormigas, tortugas. Hervían ranas y sapos. Comían ardillas. Cocinaban erizos en hogueras y freían huevos de pájaros. Comían la corteza de los robles, musgo, bellotas. Comían hojas y dientes de león, caléndulas y un tipo de espinaca silvestre. Mataban cuervos, palomas y gorriones”.

Me temo que los escrúpulos de Putin no serán mayores que los de Stalin, ni con los ucranianos ni con los demás.

Y también creo que la unánime condena internacional (también la hubo en 1938) y las sanciones económicas (por graves que sean, también para el sancionante), no bastarán para apaciguar el ánimo enfermo, nublado y mesiánico de un ex agente de la KGB que simplemente quiere pasar a la historia,

Desde luego no bastaron en 1938, como sentencia el propio Putin en su discurso para justificar la guerra en defensa de la agredida Rusia: “Intentar apaciguar al agresor resultó ser un error -dice-. En los primeros meses se perdieron territorios clave y millones de personas. Los errores por segunda vez no están permitidos«.

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