Francisco de Paula Masats González cumplió el pasado 28 de mayo 100 años de vida, en los que la abogacía ha copado gran parte de ellos. Para ser exactos, 75 años han pasado desde su colegiación el 28 de enero de 1950 en el del Colegio de Abogados de Granada, lo que lo convierte en el letrado más veterano de la institución.
Por ello, y también por su fidelidad y compromiso con la abogacía, la Corporación, bajo la presidencia del decano, Leandro Cabrera Mercado, rindió un emotivo homenaje a su miembro más antiguo, haciéndole entrega esta mañana de un Lazo de Oro con el que reconocer, por primera vez en la historia del Colegio, esta provecta cifra.
“En nombre de toda la abogacía granadina, gracias por tu magisterio, tus enseñanzas y por ser como eres”, dijo el decano Cabrera, durante la ceremonia, a la que también han asistido los decanos eméritos Rafael López Cantal y José María Rosales; los colegiados de honor Javier López y García de la Serrana y Fernando Mir; miembros de Junta de Gobierno, familiares, amigos y compañeros.

Por su parte, Francisco Masats, Paco, repasó anécdotas de su larga carrera profesional, desde aquel juicio por una partida de quesos en malas condiciones de sus comienzos hasta la compra de Sierra Nevada y la elaboración de los estatutos de Cetursa.
“La abogacía es una profesión muy difícil que requería muchas horas de trabajo y una cabeza amueblada”, declaró el colegiado 527, para quien “la misión del letrado no es ganar pleitos, sino evitarlos”.
Abogado de pocos pleitos y muchas conversaciones, recordó el decano, Paco es un adelantado a su tiempo. “Los MASC tan en boga hoy día los lleva él haciendo 75 años”, bromeó Cabrera, destacando de este referente del Derecho Civil “su sabiduría y saber estar, propia de los grandes abogados”.
No podía olvidar el homenajeado a su familia, una de las tres cosas más importantes para este aficionado al tenis, junto a los amigos y los pensamientos.
Se refirió a su mujer, Luchi, con la que lleva 72 años casado -y enamorado como el primer día-, sus cuatro hijos, cinco nietos y cuatro bisnietos. Y, por su puesto, a su hermano José Masats, Pepe, también abogado, con el que creó una simbiosis tal que se fueron fundiendo en una única persona -jurídica- con sede en Gran Vía: los Masats.