La revisión del Reglamento europeo sobre los derechos de los pasajeros aéreos, acordada el jueves pasado por el Consejo de Ministros de Transporte de la Unión Europea, ha desatado una fuerte polémica.
Mientras las compañías aéreas celebran un “avance regulatorio”, expertos en derechos del consumidor advierten de un grave retroceso para millones de viajeros europeos.
La organización Flightright, especializada en la defensa de los derechos de los pasajeros, no ha tardado en alzar la voz. Califican el acuerdo como “un desmantelamiento selectivo y deliberado” de la protección legal que ampara a los pasajeros ante retrasos, cancelaciones o incidencias en sus vuelos.
“Esto no es una reforma. Es una demolición controlada de los derechos conseguidos en los últimos 20 años”, denuncia Lucía Cegarra, experta legal de Flightright.
Menos compensaciones, más obstáculos
Entre los cambios más controvertidos figura el aumento del umbral mínimo para tener derecho a compensación: los pasajeros solo podrán reclamar si su vuelo sufre un retraso de al menos cuatro horas (seis en trayectos de larga distancia). Esto supondría, según Flightright, la eliminación de hasta el 60 % de las reclamaciones actuales.
Las cuantías también se reducen. En lugar de actualizarse conforme a la inflación —no han variado desde 2004—, las nuevas compensaciones serán más bajas: 500 euros para vuelos largos (frente a los actuales 600) y una cantidad fija de 300 euros para vuelos de corta y media distancia, un recorte respecto a los 250 y 400 euros establecidos hasta ahora.
Otro cambio preocupante es que, aunque un pasajero sufra varias interrupciones dentro de una misma reserva, solo podrá reclamar una única vez por viaje. Además, se amplía el concepto de “circunstancias extraordinarias”, lo que permitirá a las aerolíneas eludir su responsabilidad en una gama más amplia de situaciones, como fallos técnicos o bajas médicas del personal.
“Lo que hace esta nueva normativa es dar a las aerolíneas un cheque en blanco para retrasos y cancelaciones, sin consecuencias reales. Se desactiva el incentivo para mejorar la puntualidad y se desprotege al consumidor”, afirma Cegarra.
Una reforma impulsada por los «lobbies»
El proceso legislativo que ha desembocado en esta reforma tampoco ha estado exento de críticas. Tras más de una decena de reuniones técnicas sin avances, el acuerdo final se alcanzó en una sesión política improvisada y, según denuncian las asociaciones de consumidores, con poca transparencia.
“Ha sido un proceso caótico, dominado por la presión del ‘lobby’ aéreo. La rapidez con la que se ha cerrado este acuerdo es proporcional al retroceso que implica”, señalan desde Flightright.
El coste actual de garantizar los derechos de los pasajeros es, según cálculos de la organización, de apenas un euro por billete para las aerolíneas. “Un coste irrisorio frente a los beneficios récord del sector”, añade Cegarra.
El Parlamento Europeo, última barrera
El acuerdo alcanzado por el Consejo aún debe pasar por el Parlamento Europeo, que tendrá la oportunidad de aceptar, modificar o rechazar el texto. Para Flightright y otras organizaciones defensoras de los derechos de los pasajeros, esta es la última oportunidad de frenar una reforma que, aseguran, erosiona de forma severa la protección de los consumidores en uno de los sectores más sensibles: el transporte aéreo.
“Europa debe decidir de qué lado está: con los pasajeros o con las grandes compañías. Si el Parlamento no actúa, los derechos de los pasajeros quedarán reducidos a promesas vacías”, concluye Cegarra.