Rafael Catalá recuerda que, como ministro, ya creía —y lo sigue creyendo a día de hoy— que la mediación tiene un enorme potencial. Por eso aceptó la presidencia del Centro Español de Mediación que próximamente entregará sus III Premios. Foto: Confilegal.

Rafael Catalá, presidente del Centro Español de Mediación: “La mediación no es solo una técnica jurídica, es una cultura y premiarla es promoverla»

24 / 12 / 2025 05:43

En un contexto marcado por la confrontación y la judicialización sistemática de los conflictos, el Centro Español de Mediación (CEM) reivindica el valor del diálogo como herramienta democrática.

Sus premios, que van a celebrar próximamente su tercera edición, no solo reconocen trayectorias, prácticas y publicaciones destacadas, sino que lanzan un mensaje claro a la sociedad: los problemas también pueden resolverse hablando.

Rafael Catalá, presidente del CEM, abogado y exministro de Justicia, reflexiona, en esta entrevista, sobre el sentido de estos galardones, la cultura de la mediación y el reto de implantarla definitivamente en España.

¿Están cumpliendo los Premios del Centro Español de Mediación la función para la que nacieron?

Sí, sin duda. El Centro Español de Mediación tiene varias misiones, y una de las fundamentales es la divulgación y la difusión de la mediación.

En España sigue siendo una gran desconocida, a pesar de que hablamos de una herramienta con enorme potencial.

Los premios nacieron, precisamente, con ese objetivo: visibilizar buenas prácticas, reconocer publicaciones relevantes, destacar experiencias acreditadas y también poner en valor trayectorias profesionales comprometidas con la mediación.

Los premios van a celebrar su tercera edición y, sin embargo, están ya consolidados. Es todo un éxito.

Es cierto que tienen una trayectoria corta, pero ya poseen una imagen de relevancia. No es fácil posicionar unos premios nuevos. Estos, la sociedad civil, los percibe como un reconocimiento serio y significativo dentro del ámbito jurídico y social.

El año pasado uno de los premiados fue el expresidente del Gobierno Felipe González. ¿Qué quiso destacar el jurado con esa elección?

La reflexión fue muy clara: la mediación no es solo una técnica jurídica, es una cultura y premiarla es promoverla

La Transición española fue, en esencia, un enorme ejercicio de mediación y de consenso. Identificamos en Felipe González una manera de hacer política basada en el diálogo, en sentarse con el diferente y en buscar soluciones compartidas. Eso es mediación en estado puro.

Queríamos transmitir la idea de que los problemas no se resuelven únicamente acudiendo a un juez o a un árbitro, sino también a través del diálogo.

La mediación consiste precisamente en que las partes se sienten a hablar y busquen soluciones con la ayuda de un tercero imparcial y especializado, que facilita el entendimiento entre ellas.

Los Premios del Centro Español de Mediación, según Rafael Catalá, transmiten la idea de que los problemas no se resuelven únicamente acudiendo a un juez o a un árbitro, sino también a través del diálogo. Foto: Confilegal.

¿Mantener este nivel de premiados es, sin duda, un reto?

Sin duda. Un reto muy estimulante. El prestigio de unos premios se construye precisamente con ese tipo de decisiones.

Resulta paradójico hablar de mediación en un momento de fuerte polarización social y política, la verdad.

Absolutamente. Lo repito con frecuencia: promover una auténtica cultura de la mediación e implantarla de manera efectiva en España —como pretende la Ley Orgánica 1/2025, con todas las observaciones y mejoras que, por supuesto, puedan hacerse— tiene un valor cultural muy importante. Supone enviar a la sociedad un mensaje claro: los problemas se pueden resolver negociando, dialogando y alcanzando acuerdos compartidos.

En este tipo de acuerdos no hay vencedores ni vencidos absolutos, porque casi nunca alguien tiene toda la razón ni nadie está completamente equivocado.

Este enfoque, que hoy lamentablemente no es habitual en la política, sí nos caracterizó durante la etapa de la Transición. En aquel momento, España llevó a cabo un proceso de transformación política extraordinario, del que podemos sentirnos legítimamente orgullosos.

Recuperar algo de ese espíritu, de ese estilo basado en el acuerdo y el entendimiento, sería hoy muy conveniente.

«Sería muy deseable trasladar de nuevo a la política los valores de la mediación, del diálogo y de la búsqueda activa de acuerdos»

¿Ha visto la miniserie Anatomía de un instante? Refleja muy bien esta idea. Al final se muestra cómo tanto Santiago Carrillo, secretario general del PCE, como Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, llegaron a ser amigos cercanos a pesar de venir de posiciones muy distintas. Lo lograron no a través de la imposición, sino mediante la mediación, el consenso y el entendimiento entre distintas sensibilidades.

Totalmente de acuerdo. Me contaban —no puedo dar nombres, porque no son secretos, pero sí confidencias— una anécdota sobre el presidente Adolfo Suárez.

Un periodista veterano relataba que, cuando Suárez estrechó su relación con Santiago Carrillo, se hizo muy visible ese acercamiento que también aparece bien reflejado en la serie, especialmente en el episodio en el que Carrillo regresa de Francia.

Es una escena muy significativa por lo que representa: el encuentro y el entendimiento entre personas con trayectorias y posiciones muy distintas. Eso conecta directamente con la idea de la mediación, que consiste precisamente en ser capaces de llegar a acuerdos desde la diferencia.

En aquel momento, Suárez estaba sometido a una presión enorme: de las fuerzas sociales, del Ejército, de la Iglesia y de unas Cortes que todavía eran franquistas.

En ese contexto, el periodista contaba que, tras una entrevista radiofónica en la que Santiago Carrillo habló bien de Adolfo Suárez —destacando su capacidad de diálogo—, Suárez le llamó esa misma noche y, en tono de broma pero con un fondo muy serio, le dijo: “Santiago, no me fastidies, habla mal de mí, habla mal de mí; estos me matan”.

Y añadía algo muy revelador: “Tenemos que pactar también nuestras discrepancias”.

Nunca se dicen las cosas tan en serio como cuando se dicen en broma.

Llegaban incluso a ese nivel de complicidad en el que entendían que aparentar desacuerdo podía ser necesario para que a ninguno de los dos le fuera mal. Ese equilibrio tan delicado dice mucho de la inteligencia política y del valor del diálogo.

Todo esto hace que la serie Anatomía de un instante, compuesta por cuatro episodios, resulte especialmente interesante. Está muy bien realizada y, personalmente, me ha gustado mucho.

Nos ayuda a recuperar una etapa de nuestra historia que ya pasó, pero que nos ha traído hasta donde estamos hoy.

Lamentablemente, en los últimos años hemos perdido mucho de esa capacidad de diálogo y negociación entre la centroderecha y la centroizquierda. Desde el punto de vista legislativo, ha sido una etapa poco fértil para alcanzar acuerdos en políticas públicas importantes.

Por eso, sería muy deseable trasladar de nuevo a la política los valores de la mediación, del diálogo y de la búsqueda activa de acuerdos. Ojalá seamos capaces, entre todos, de volver a construir ese espíritu.

La obligatoriedad y la implicación de los abogados en la mediación son claves para que la mediación tenga éxito, afirma Rafael Catalá. Foto: Confilegal.

¿La nueva legislación sobre medios adecuados de solución de controversias está ayudando a ese cambio cultural?

Es un primer paso. Cambiar una cultura jurídica y social es extremadamente complejo. Venimos de una tradición muy arraigada de litigio. A los abogados se nos ha enseñado a ganar pleitos, no a negociar. La ley abre un camino y lanza un mensaje claro: antes de demandar, hay que intentar un acuerdo.

La obligatoriedad del intento de mediación ha generado muchas críticas.

Yo estoy de acuerdo con esa obligatoriedad. Lo obligatorio no es llegar a un acuerdo, sino sentarse a hablar. Si no fuera así, seguiríamos como hasta ahora. La experiencia demuestra que cuando a las partes se les explican los costes, los tiempos y las ventajas de la mediación frente al juicio, muchas están dispuestas a intentarlo.

¿Se está notando especialmente en el ámbito empresarial?

Venimos prácticamente de la nada. En mediación empresarial no había apenas casos. Ahora empezamos a ver algunos más, todavía pocos, pero es un avance. La obligatoriedad y la implicación de los abogados son claves en este proceso.

Usted ya apostó por la mediación cuando fue ministro de Justicia.

Así es. Creí entonces —y sigo creyendo ahora— que la mediación tiene un enorme potencial. Por eso acepté presidir el Centro Español de Mediación desde una posición institucional. No ejerzo como mediador, pero trabajo para que la mediación se consolide.

«Dentro de muy poco se conocerán los ganadores de los III Premios del Centro Español de Mediación. Reconoceremos, una vez más, publicaciones, experiencias destacadas y trayectorias que representan lo mejor de la mediación en España»

¿Considera que la ley es mejorable?

Sin duda. Tiene aspectos muy positivos, pero también disfunciones que hay que corregir. Es pronto para hacer valoraciones definitivas, pero creo que sería razonable, dentro de un tiempo, abordar una reforma técnica y reposada, escuchando a los profesionales.

En algunas comunidades autónomas con competencias transferidas, como la de Madrid o Valencia, han introducido la remuneración para la mediación en el turno de oficio. Son 30 euros en las no avenencias y 385 euros en las avenencias. ¿Qué opina de ello?

Es un magnífico incentivo, sin duda alguna. Y felicito a los que la han implementado.

Creo que la importancia de esta ley radica, sobre todo, más allá de sus aciertos y de sus errores —que sin duda los tiene, como cualquier norma—, en que abre un nuevo camino y marca una dirección clara.

El mensaje que se lanza es para toda la ciudadanía, pero especialmente para los abogados: antes de presentar una demanda, es obligatorio intentar llegar a un acuerdo y explicárselo al cliente.

Esto implica decirle al cliente algo tan sencillo como: “Vamos a intentar primero una mediación”, es decir, un proceso de diálogo con la ayuda de un tercero neutral para ver si se puede resolver el conflicto sin acudir al juzgado.

También supone que el propio cliente defina sus límites desde el inicio. Por ejemplo: “Si me deben 3.000 euros, no acepto menos de 1.800; si no, seguimos adelante”. Ese primer planteamiento ya es un paso importante.

Es verdad que habrá personas que prefieran ir directamente a juicio, pensando: “Me debe 3.000 euros y los va a pagar sí o sí mediante una demanda”. Pero el simple hecho de sentarse a hablar antes de acudir a los tribunales puede reducir de forma significativa el número de casos.

Si cada año se presentan en España alrededor de siete millones y medio de asuntos judiciales, quizá este enfoque permita rebajar esa cifra a cinco millones y medio o seis millones.

Volviendo a los premios, ¿cuándo se conocerán los ganadores de esta edición?

Dentro de muy poco se conocerán los ganadores de los III Premios del Centro Español de Mediación. La entrega será previsiblemente en febrero. Ya están votados y estamos coordinando agendas. Reconoceremos, una vez más, publicaciones, experiencias destacadas y trayectorias que representan lo mejor de la mediación en España.

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