Los métodos alternativos de solución de conflictos (MASC) viven un momento decisivo en España, impulsados por un nuevo marco normativo y por una práctica cada vez más profesionalizada.
En este contexto, los Premios al Impulso de la Mediación Empresarial del Centro Español de Mediación (CEM) se han consolidado como un escaparate clave de buenas prácticas, trayectorias y proyectos transformadores.
María Jesús Fernández Cortés, vocal y portavoz del CEM y presidenta del Instituto Internacional ProMediación, analiza en esta entrevista el papel de estos reconocimientos, la evolución del sector y los retos pendientes para que la mediación se integre de forma estable en la cultura jurídica y empresarial.
El Premio al Impulso de la Mediación Empresarial del Centro Español de Mediación se ha consolidado como una referencia en el ámbito de la resolución alternativa de conflictos. Desde su experiencia como miembro del jurado, ¿qué papel desempeñan estos galardones en la visibilización y prestigio de la mediación?
El premio otorgado por el CEM se ha convertido en un impulso muy sólido para el sector porque reconoce no solo proyectos empresariales, sino también publicaciones divulgativas y trayectorias profesionales que han contribuido de forma decisiva al desarrollo de la mediación en España. Esa amplitud de miras, en mi opinión, es lo que le da valor, ya que permite mostrar la mediación no solo como una herramienta útil para las empresas, sino como un campo interdisciplinar en crecimiento.
Como vocal del CEM y miembro del jurado desde la primera edición, he podido ver cómo estos galardones han ayudado a poner cara y nombre a iniciativas excelentes, muchas de las cuales hubieran pasado desapercibidas pese al enorme impacto que tienen en empresas, instituciones y en la sociedad.
En un momento en el que los MASC están cobrando tanta relevancia, creo que estos premios refuerzan el prestigio de la mediación y dignifican la labor de quienes llevan años apostando por ella, muchas veces antes de que existiera un marco legal.
¿Cuáles son los criterios principales que valora el jurado? ¿Qué diferencia a los proyectos transformadores?
Aunque cada categoría tiene matices propios, el jurado busca siempre tres elementos esenciales: calidad, impacto y aportación al desarrollo de la mediación.
En el premio a mejores prácticas, valoramos especialmente los proyectos que han sabido institucionalizar la mediación dentro de la organización, incorporándola a sus procesos internos, protocolos, canales de comunicación y sistemas de prevención de conflictos.
En la mejor publicación divulgativa, apreciamos la capacidad de comunicar con claridad y responsabilidad, acercando la mediación tanto a profesionales como a la ciudadanía.
Y respecto al Premio de Honor, en la categoría de trayectoria profesional, este galardón puede otorgarse a personas que, sin ser mediadoras, han contribuido de manera decisiva a generar situaciones de paz, bien por su talante dialogante, por su papel conciliador o por una trayectoria de vida comprometida con el diálogo, la convivencia y la cultura de la paz.
Desde mi experiencia, un proyecto realmente transformador es aquel que cambia procesos, mejora relaciones y deja un efecto duradero —ya sea en una empresa, en el ámbito académico o en la profesión—. En definitiva, es aquel que impulsa un cambio cultural auténtico.
En el contexto actual de nuevas normas sobre MASC, ¿hasta qué punto estos premios contribuyen a trasladar su espíritu a la práctica?
La entrada en vigor de las nuevas normas sobre MASC ha creado una oportunidad histórica para modernizar la forma en que gestionamos los conflictos en España. Pero una normativa,
por sí sola, no produce un cambio cultural: necesita ejemplos, referentes, experiencias contrastadas, investigación y práctica cotidiana.
Se trata de mostrar que ya hay iniciativas que encarnan el espíritu del legislador. Con el tiempo, y a medida que aumente el número de prácticas en todos los sectores, las exigencias y requisitos también evolucionarán.
En este momento, los premios del CEM son una prueba de que la mediación ya está funcionando en ámbitos muy diversos. Reconocer buenas prácticas empresariales demuestra que los conflictos pueden prevenirse y gestionarse mejor. Premiar publicaciones contribuye a que jueces, abogados, empresas y ciudadanía comprendan los fundamentos y beneficios de los MASC. Y el Premio de Honor permite visibilizar trayectorias —de mediadores o de personas que, desde otros ámbitos, han impulsado la paz, el diálogo y la convivencia—, lo que evidencia que el sector cuenta con madurez, con referentes sólidos y con un compromiso creciente con la cultura de la paz.
En mi opinión, estos premios ayudan a que la mediación salga de la teoría para instalarse en la práctica cotidiana de empresas y operadores jurídicos.
¿Qué tendencias observa en las candidaturas? ¿Existe evolución apreciable en el perfil de mediadores o en los ámbitos donde más se recurre a la mediación?
Lo que observo en las últimas ediciones de los premios del CEM es una evolución clara hacia la especialización y la profesionalización del sector.
En mejores prácticas, cada vez encontramos proyectos más integrados en la estructura interna de las organizaciones, con una visión más estratégica de la mediación. Y estoy segura de que, con el despliegue de la ley y la implantación progresiva de los MASC, empezarán a presentarse proyectos con métricas, evaluación y continuidad, algo que sin duda enriquecerá mucho esta categoría.
En publicaciones, veo trabajos más sólidos, que combinan análisis riguroso con una capacidad divulgativa creciente. Se nota un interés real en acercar la mediación a profesionales, instituciones y ciudadanía, algo imprescindible para el cambio cultural.
Y en la categoría de trayectoria, aparecen perfiles que reflejan muy bien cómo la mediación ha avanzado durante décadas gracias al esfuerzo de personas que han empujado incluso cuando no existían reconocimiento, apoyos institucionales ni un marco normativo claro. Son trayectorias que ayudan a entender de dónde venimos y hacia dónde vamos como profesión.
El ámbito empresarial es uno de los principales focos del premio. ¿Están las empresas españolas empezando a asumir la mediación como estrategia?
Creo que estamos avanzando, aunque no al mismo ritmo en todos los sectores. Se observa que las grandes corporaciones están incorporando la mediación en áreas como compliance, recursos humanos, sostenibilidad y también en sus políticas de responsabilidad social corporativa, donde la promoción del diálogo, la prevención de conflictos y la gestión ética de las relaciones forman parte de sus compromisos públicos. En ese sentido, la mediación encaja de manera natural en los modelos de gobernanza responsable que muchas empresas ya están desarrollando.
En el caso de las pymes, el proceso es más gradual —aunque no contamos aún con datos estadísticos que lo respalden—, pero sí puedo afirmar por experiencia que cuando una empresa prueba la mediación y comprueba su eficacia, la incorpora con naturalidad y, lo que es más significativo, la recomienda.
Desde mi experiencia como mediadora, especialmente en el ámbito de la empresa familiar, veo que el cambio cultural se produce cuando las organizaciones comprenden que una buena gestión del conflicto no solo evita problemas: mejora la toma de decisiones, reduce tensiones internas, fortalece relaciones y forma parte de una empresa más consciente y responsable.
Los premios ayudan precisamente a eso: a visibilizar casos inspiradores que muestran a otras organizaciones que la mediación funciona y que adoptarla es una decisión estratégica que aporta valor, sostenibilidad y coherencia con sus compromisos de buen gobierno y responsabilidad social.
¿Ayudan estos reconocimientos a reforzar la confianza de jueces, abogados y operadores jurídicos? ¿O sigue siendo necesario más esfuerzo institucional y formativo?
El sector jurídico, con toda lógica, necesita evidencias, seguridad y confianza en los profesionales para incorporar plenamente un método nuevo de resolución de conflictos. Por eso es tan importante visibilizar proyectos reales, publicaciones rigurosas y trayectorias consolidadas: demuestran que la mediación ya no es una propuesta teórica, sino una madura y eficaz.
Dicho esto, sigo pensando que necesitamos más formación, más difusión y una mayor implicación institucional para que la mediación ocupe el lugar que le corresponde dentro del ecosistema jurídico español.
La experiencia de otros países con mayor recorrido —como Estados Unidos o varios estados europeos— demuestra que, en muchos conflictos, la mediación se utiliza como un paso previo habitual antes de acudir a un juicio. No porque sustituya a los tribunales, sino porque los complementa y los aligera, reservando la vía judicial para los asuntos que realmente requieren una decisión jurisdiccional. Ese equilibrio es precisamente el que deberíamos aspirar a construir también aquí.
¿Qué mensaje trasladaría a los profesionales del Derecho y a las organizaciones que aún dudan en apostar por la mediación?
Les diría algo que veo cada día como mediadora: la mediación ofrece soluciones que van más allá de lo que un juicio puede proporcionar, porque permite que las partes participen activamente en el resultado y alcancen acuerdos ajustados a sus verdaderas necesidades.
A los profesionales del Derecho, les animaría a no mirar la mediación con recelo, sino como una herramienta estratégica que puede reforzar su labor. La mediación no resta protagonismo al abogado: lo potencia, le permite acompañar mejor a su cliente y le abre nuevas oportunidades en un entorno jurídico que está evolucionando. No hay nada que temer: incorporar los MASC no debilita la profesión, al contrario, la hace más completa.
Y a las organizaciones, que no esperen a que el conflicto crezca: la mediación reduce tiempos, costes y desgaste emocional, y contribuye a construir relaciones más estables, saludables y coherentes con modelos de gestión modernos, éticos y sostenibles.
La experiencia demuestra que, cuando se acude a una mediación, esta se convierte en una aliada natural en la gestión de conflictos. Apostar por ella no solo resuelve problemas: ayuda a prevenirlos y a crear entornos más sanos y sostenibles, tanto a nivel humano como organizacional.