Mientras la Justicia española sigue atrapada entre el colapso de los juzgados, la judicialización de la política y una sucesión de reformas que han sembrado incertidumbre en el mundo jurídico, el magistrado jubilado, Pascual Ortuño, cree que ha llegado el momento de abrir una nueva etapa.
En esta entrevista, con motivo de su candidatura a la presidencia de GEMME (Grupo Europeo de Magistrados por la Mediación) España , reivindica la mediación y los MASC como un cambio de paradigma —no como una solución milagrosa—.
También reclama una profunda refundación de esta asociación, apuesta por reconciliarla con Europa y advierte de que el verdadero desafío no es cambiar las leyes, sino transformar la cultura jurídica de quienes las aplican.
Señor Ortuño, ¿qué pasa con GEMME que, desde hace muchos meses no ha trascendido ninguna actividad en los medios?
Bueno, en los medios especializados se han publicado un buen número de artículos y entrevistas de asociados de GEMME en relación con el terremoto que en el mundo judicial ha supuesto la inserción de los MASC con carácter obligatorio como requisito para presentar las demandas ante los juzgados.
La verdad es que el tema estrella nos ha relegado a un segundo plano por el gravísimo problema del colapso de la justicia, y por la crisis que estamos padeciendo por la judicialización de la política.
Por si faltaba poco, en el ámbito forense existe una preocupante desorientación derivada de las reformas estructurales que se han acometido por el ministerio de justicia, de las que se lleva la palma la implantación de los tribunales de instancia.
Sinceramente: ¿pueden ser los MASC, y en concreto la mediación, la solución al problema?
Desde luego que los MASC no son la poción mágica que se necesita, aun cuando pueden contribuir en parte a aliviar la carga que pesa sobre la judicatura.
Los problemas son estructurales, y sumamente complejos. Entre ellos se debe denunciar alto y claro que para el CGPJ el impulso de los MASC no está siendo una línea prioritaria en su programa de actuación.
Realmente lo que representan los MASC es un cambio de concepción de la justicia que ha llegado para quedarse y ser útil, como ha ocurrido en muchos países, pero, tal como señala uno de los más reconocidos filósofos españoles contemporáneos, Daniel Innerarity, los cambios de paradigma son lentos y se han de enfrentar a una fuerte resistencia al cambio desde los sectores profesionales implicados.
¿Son los abogados quienes más critican la reforma, o son los propios jueces?
Yo diría que de todo hay. La abogacía, en general, es conservadora y se rebela ante la imposición del modo distinto de trabajar al que están acostumbrados desde hace muchos años.
Se suele expresar con vehemencia el mantra de que la abogacía ya concilia y media siempre antes de interponer las demandas, porque confunden la tradicional exigencia deontológica de la gestión amistosa con el abogado contrario, que es una exigencia deontológica, pero que es muy distinta a lo que representan los MASC, que son métodos científicos de negociación estructurada.
Por su parte, la judicatura y los LAJ están atravesando unos momentos muy difíciles por el incremento de la litigiosidad y han recibido de mala gana el encargo legal de gestionar los MASC como una carga de trabajo adicional que consideran inútil.
¿Qué se podría hacer para lograr la inserción de los MASC, según su criterio?
No hay recetas simples, pero una de ellas es la de trabajar en la línea del derecho comparado: lo primero es que en las universidades y, particularmente en las facultades de derecho y en el máster de la abogacía, estas materias deben impartirse de forma científica y rigurosa. E
n este aspecto estas materias no forman parte del currículo académico y la mayoría de los profesores no conocen la materia.
Se necesitan muchas tesis doctorales para consolidar una doctrina científica adecuada. Los MASC son instrumentos que deben aprender a manejar los abogados y abogadas y para ello necesitan conocer el rol que juegan en estos procedimientos que, hasta ahora, son desconocidos para muchos.
Es imprescindible que se valore la práctica de la negociación adecuadamente, incluso con un mayor valor económico que el trabajo que se desarrolla en la vía contenciosa a efectos de cuantificar los honorarios profesionales.
Respecto a los jueces le diré, por ejemplo, que en el distrito de Columbia, Estados Unidos, me confesaba el presidente del Tribunal en una visita de estudio que realicé junto con Thelma Butts, que los jueces se involucraron en prestigiar la mediación cuando en el baremo de rendimiento profesional se incentivaron los acuerdos transaccionales, otorgándoles el doble de puntuación que las sentencias contenciosas a efectos de evaluar el rendimiento.
Alemania acaba de incorporar estos criterios, tanto respecto al trabajo de los abogados, como para los jueces, y el resultado en poco tiempo ha sido espectacular: un 30 % de disminución de la litigiosidad.
Hablando del derecho comparado, ¿qué opinión tiene usted de la ruptura de relaciones que se produjo hace un par de años entre GEMME EUROPA y su sección española, que se independizó rompiendo las relaciones al modo del Brexit del Reino Unido?
Sinceramente he de confesarle que esta es una de las razones por las que un nutrido grupo de compañeros y compañeras, me han alentado para que presente mi candidatura a la presidencia de nuestra asociación que necesita un cambio de rumbo.
Mi opinión es que las diferencias que surgieron debieron tratarse en su día, como es obligado en nuestro ideario basado en el diálogo, con una mediación.
Es absurdo, en mi opinión, apartarse de las experiencias que se están produciendo en a legislación y en la práctica del resto de Europa.
¿Piensa usted que las razones por las que se fundó GEMME continúan siendo válidas en la actualidad?
Mire, muchos de los objetivos se han cumplido, pero queda un gran trecho que recorrer. Todas las asociaciones suelen tener etapas de mayor pujanza, que se alternan con otras de declive.
Los años de la presidencia de la magistrada Carme Gill en GEMME que ahora deja el cargo, han sido muy difíciles, y no solo por el Brexit, sino también por las reacciones contra la LO 1/2025.
Pese a ello, se ha avanzado en un campo muy importante, que es el de la Justicia Restaurativa, en el que Carme es una referente mundial no solo en el campo de la teoría, sino también en el de la práctica desde su destino judicial en el tribunal penal de la Audiencia de Barcelona.
Sin embargo, en otros aspectos la asociación necesita lo que yo diría con una gran dosis de optimismo y, en definitiva, una refundación, tanto en el modo de gestionar la entidad, como en el de buscar la mayor participación de nuestros asociados.
Pero ¿se considera usted la persona adecuada para este cambio?
Aquí me evoca usted la lucha que estamos librando en el frente del “edadismo”.
Efectivamente yo ya tengo mi edad, pues fui el primer presidente en el 2006, aun cuando únicamente ejercí el cargo durante nueve meses, porque tuve que dimitir al ser nombrado director de la Escuela Judicial.
Ahora, con los años y la experiencia acumulada, mi convicción es la de que hay que desterrar los protagonismos.
Hay que crear equipos y consensuar nuevos modelos organizativos que ilusionen a nuestros asociados y asociadas.
Es imprescindible implicar a todos porque la asociación no es patrimonio de nadie en particular, se ha de dar participación a todos y a todas, sin excepción, y generar consensos en estos tiempos tan poarizados.
¿Qué programa presenta su candidatura?
Mire, intentar conseguir el hito del III Simposio de 2013.
Si algo conseguimos en la primera etapa de la asociación fue que pudimos convivir juntos y con los mismos objetivos de mejora del sistema, jueces, fiscales y LAJ de todas las asociaciones profesionales.
Yo me presento con el compromiso de procurar situar a GEMME en lo que fue, un instrumento útil y hegemónico para la implantación de un modelo de justicia participativa, eficiente y útil para nuestra ciudadanía.
Tenemos que atraer a las últimas promociones que están maltratados en sus primeros destinos, y no dejar que se vayan las generaciones veteranas que tienen mucho que decir y que cuentan con la experiencia y la sabiduría de sus trayectorias profesionales.
En Francia, Reino Unido, Canadá, Italia o Alemania los jueces y abogados jubilados se están incorporando a JAMS, como conciliadores y mediadores. ¿Por qué aquí se nos relega a las excursiones del IMSERSO?