El Instituto Superior de Estudios Penales (ISEP) cerró en Madrid, el pasado viernes por la tarde, el acto de graduación de su primera promoción en una ceremonia que ya se considera un punto de inflexión en la formación jurídica especializada en España.
El abogado y exministro de Justicia, Rafael Catalá, presidió el evento y entregó personalmente los diplomas a los alumnos, dotando al acto de un peso institucional poco habitual en este tipo de iniciativas académicas.
El programa ejecutivo del ISEP está capitaneado por Juan Gonzalo Ospina, abogado penalista y director de la firma Ospina Abogados, uno de los despachos especializados en la defensa penal y penal económico en nuestro país.

Una apuesta por la práctica real, no por la teoría
El ISEP no nació para ser un centro académico al uso. Su razón de ser es ofrecer formación de alto nivel en Derecho Penal desde la trinchera del ejercicio profesional: la sala de vistas, la instrucción penal, la estrategia procesal.
El objetivo declarado es formar a los mejores penalistas del panorama nacional e internacional, con un programa diseñado para quienes ya ejercen y quieren llevar su práctica al siguiente nivel.
Esa filosofía se refleja directamente en la composición de su claustro, que constituye, probablemente, el mayor activo diferencial del instituto.


Un profesorado sin precedentes en España
Reunir bajo un mismo programa a abogados en activo, exfiscales, exmagistrados y catedráticos universitarios de este perfil es algo que no tiene parangón en la oferta formativa penal española.
El claustro del ISEP está integrado por Manuel Marchena Perea, Jordi Pina, Beatriz Uriarte, Blas Jesús Imbroda, Javier Muñoz Cuesta, Adolfo Prego de Oliver Puig de la Bellacasa, José Javier Polo Rodríguez, Juan Antonio García-Jabaloy, Luis de las Heras, Antonio Maroto, Gabriel Martín, Javier Cuairán, Fátima Rodríguez, María Riera, Jesús Mandri Zárate, Luis López de Castro, Juan Vizuete, Carlos Hernández, Sebastián Ramírez, Juan Gonzalo Ospina, Rosa Periche, Yegor Varela, Alberto Rodríguez-Mourullo y Javier Ruiz Blay.
Nombres que no proceden del mundo académico en abstracto, sino de casos reales, de grandes procesos penales, de años de litigación ante los tribunales más exigentes del país.


El alumnado, el mejor termómetro
El verdadero indicador del éxito de cualquier programa formativo no son los nombres de su claustro ni el prestigio de su padrino, sino la valoración de quienes lo cursaron.
En ese terreno, el balance de la primera edición del ISEP no deja margen a la duda: la satisfacción del alumnado fue total. Los estudiantes destacaron la calidad del profesorado, el enfoque eminentemente práctico y, sobre todo, la utilidad real de los conocimientos adquiridos para su día a día profesional.
Ese respaldo es el que consolida un modelo y lo distingue de la competencia.
Nuevas caras y próxima edición ya en marcha
En el acto de clausura estuvieron presentes también Ricardo Álvarez-Ossorio, Ignacio Gordillo y José Aníbal, tres profesionales que se incorporarán al próximo programa ejecutivo —Técnicas avanzadas de litigación y estrategia procesal—, previsto para octubre de 2026.
Su presencia en la ceremonia no fue casual: es la señal de que la segunda edición ya está en marcha y que el ISEP construye sobre lo que funciona.
Esta primera promoción no es un punto de llegada. Es el punto de partida de una nueva institución que tiene la vista puesta más allá de nuestras fronteras.
El ISEP ya ha anunciado nuevas acciones formativas —disponibles en su página web—, que incluyen programas ejecutivos avanzados y cursos de especialización con los que aspira a consolidarse como referente internacional en la enseñanza del Derecho Penal.