Opinión | ¿Cuál sería la carta de un abogado a los Reyes Magos?

Lidia Zommer es socia fundadora y «Managing Partner» de Mirada 360, consultora enfocada en comunicación y marketing para el sector legal. En la imagen aparece, a modo de paje, con los tres Reyes Magos. Su columna es una carta a los Reyes Magos desde la abogacía: clientes adecuados, talento comprometido, reputación, visibilidad y realismo estratégico en tiempos complejos, con humor fino y mirada profesional sobre el ejercicio del derecho hoy. Foto: Generada por Nano Banana.

6 / 01 / 2026 00:35

Actualizado el 07 / 01 / 2026 00:46

En esta noticia se habla de:

Los Reyes Magos ya deben estar ultimando los detalles del viaje: revisando rutas aéreas alternativas, confirmando que ningún conflicto internacional les obliga a desviar el trayecto, comprobando sanciones, visados, cierres de espacio aéreo y, por supuesto, que la logística de camellos cumple con la normativa vigente.

Porque en el contexto geopolítico actual, la magia también necesita planificación estratégica.

¿Les has escrito?

Si no lo has hecho, no te preocupes. Los abogados sabemos que los plazos son orientativos… hasta que dejan de serlo. Y aun así, siempre hay margen para una última alegación bien construida.

Aquí te dejo un modelo perfectamente válido, razonablemente optimista y muy acorde a los tiempos que corren.

Queridos Reyes Magos:

Quizás os sorprenda que os escriba hoy, 5 de enero, cuando medio Madrid ya está esperando vuestra llegada, pero confío en que sabréis apreciar que los abogados tendemos a apurar plazos. A veces demasiado.

Durante este año he sido un abogado ejemplar.

O, como mínimo, un abogado constante, que ya es mucho.

He cuidado a los clientes con dedicación. Incluso a esos que consideran que los honorarios son una sugerencia orientativa y no un acuerdo cerrado.

He fomentado activamente la conciliación entre los abogados más jóvenes, animándoles a irse pronto a casa (con el portátil bajo el brazo, claro, porque la conciliación también es flexible).

He pagado puntualmente las cuotas del Colegio, sin protestar. Bueno, protestando un poco, pero en silencio.

Y he hecho abundante trabajo pro bono asesorando a todo aquel que, copa en mano, me abordó en una fiesta con un inocente “oye, ya que eres abogado…”.

En definitiva, he sido bueno.

No perfecto, pero bueno.

Por eso, aunque parezca que llego tarde, confío en vuestra magia. Nadie le dice a los magos de Discovery Max que avisen con antelación: hacen magia en directo.

Y vosotros, con la seniority que acumuláis, seguro que podéis improvisar.

Así que ahí van algunos deseos de este abogado aplicado.

1. Clientes que quieran contratarnos (y repetir)

Este año no pedimos muchos clientes.

Pedimos los adecuados, que es un concepto jurídico y vital.

Clientes dispuestos a pagar precios justos, sin necesidad de largas explicaciones filosóficas sobre el valor del conocimiento especializado.

Clientes que confíen en nuestro criterio profesional y no nos interrumpan con un “he visto un ‘reel’ en Instagram”.

Clientes que nos deriven asuntos rentables y de calidad, no “una cosita rápida” que acaba creciendo y pidiendo cariño constante.

Clientes que entiendan que un despacho puede tener varias especialidades complementarias y que eso no es dispersión, sino sentido común.

Y, si puede ser, clientes que nos recomienden activamente a otros potenciales clientes.

No solo cuando se les pregunta.

También cuando no estamos delante para oírlo.

2. Talento que quiera trabajar con nosotros (y no huir)

Aquí tampoco pedimos milagros.

Nos gustaría talento con ganas de formar parte del proyecto, no solo de pasar por él “a ver qué tal”.

Socios potenciales interesados en invertir, integrarse y pensar a medio y largo plazo, no únicamente en el cierre del mes.

Abogados que acepten remuneraciones competitivas de mercado sin vivir permanentemente comparándose con el amigo que “cobra más en otro despacho”.

Personas comprometidas con el proyecto común, que entiendan que una firma se construye con trabajo compartido, paciencia y alguna que otra reunión larga.

Y, a ser posible, profesionales que actúen como embajadores naturales del despacho, incluso fuera del horario laboral, sin que nadie se lo tenga que pedir.

3. Reconocimiento mediático positivo (del elegante)

No pedimos salir todos los días en prensa.

Pedimos salir cuando toca.

Medios que nos llamen para pedir opinión experta porque aportamos criterio, no porque haya que rellenar un hueco.

Participar en reportajes y análisis relevantes, de esos que sí leen los clientes y también los colegas.

Publicar artículos y contribuciones que aporten reflexión, no solo actualidad urgente.

Y, con el tiempo, posicionarnos como referentes reales en nuestras áreas, sin necesidad de recordarlo en cada conversación.

4. Buena reputación entre colegas y prescriptores

Este deseo es más silencioso, pero muy agradecido.

Recomendaciones activas de otros profesionales.

Respeto profesional construido con el tiempo.

Invitaciones a proyectos colaborativos interesantes.

Y consideración real cuando surgen oportunidades estratégicas.

Que, cuando alguien pregunte “¿a quién llamarías tú?”, nuestro nombre aparezca sin que nadie tenga que pensarlo demasiado.

Y con esto termino, queridos Reyes Magos.

No os pido milagros espectaculares ni fuegos artificiales.

Me conformo con que las cosas importantes vayan encajando.

Con trabajo bien hecho, decisiones sensatas y alguna que otra alegría profesional inesperada.

Si además podéis evitarme algún comité innecesario, una reunión que pudo ser un email o un cliente que me pida algo a las 19 h para tenerlo a primera hora de la mañana, os estaré eternamente agradecido.

Prometo seguir haciendo mi parte.

Con rigor, con criterio y con bastante café.

Atentamente,

Un abogado aplicado

Que ya ha aprendido que los mejores regalos no siempre llegan envueltos,

pero sí bien pensados.

Respuesta de los Reyes Magos:

A estas alturas de tu carrera probablemente ya sepas que no todo depende de la magia.

Y que, por muy bien que nos caigas, hay deseos que no se conceden solos.

Algo tendrás que trabajar tú y tu equipo durante el año.

Pensar. Decidir. Priorizar. Ejecutar.

Porque esperar sentados a que la magia haga su trabajo no suele ser una estrategia especialmente rentable.

Ni siquiera en Oriente.

Así que, si en lugar de cruzar los dedos prefieres construir tu futuro con método, criterio y un poco menos de azar, habla con la señora que escribe este artículo.

Sin camellos.

Sin incienso.

Sin promesas imposibles.

Con plan.

Nosotros seguiremos haciendo magia.

Ella, simplemente, hace lo que funciona.

Firmado:

Los Reyes Magos (que ya han visto demasiadas cartas como para creerse los milagros improvisados).

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