Para el CEO de la consultora ‘legaltech’ especializada en servicios de consultoría que la IA pueda automatizar tareas que hacen los jóvenes abogados «no significa que estos dejen de ser necesarios; lo que cambia es el tipo de trabajo sobre el que se forma y desarrolla». Foto: Cedida.

Alfonso Corral, CEO de Conversia: «Un despacho que sólo vea la IA como un sustituto de horas de un junior está perdiendo una oportunidad»

21 / 01 / 2026 05:38

Alfonso Corral siempre ha estado muy vinculado a la gestión empresarial. Por ello cuando en 2009 aterrizó a Conversia, una consultora ‘Legaltech’ española especializada en servicios de consultoría para pymes, grandes empresas y autónomos, ya partía con una visión clara de cómo hacer crecer organizaciones en entornos de alta competencia y fuerte regulación.

Hoy, con más de veinte años acompañando a pymes, autónomos, entidades públicas y profesionales en el cumplimiento normativo, la firma combina consultoría experta, tecnología propia y respaldo humano especializado para dar respuesta a un marco regulatorio cada vez más exigente, sin perder de vista la eficiencia y la seguridad jurídica.

Atiende a Confilegal para analizar la evolución de Conversia y del cumplimiento normativo en España, marcada por una regulación cada vez más compleja y reflexionar sobre el impacto de la inteligencia artificial en la abogacía, el papel de los abogados júnior, la formación de las nuevas generaciones de juristas y el equilibrio futuro entre tecnología, criterio jurídico y experiencia senior.

La empresa que dirige lleva más de 20 años liderando el cumplimiento normativo en España. ¿Qué ha cambiado más en este tiempo: la normativa, la forma de gestionarla o la mentalidad de las empresas frente al riesgo legal?

Han cambiado las tres cosas, pero no al mismo ritmo. La normativa se ha vuelto claramente más compleja, transversal y dinámica. La protección de datos es un buen ejemplo, pues pasamos de un enfoque relativamente estático y documental a un modelo basado en riesgo, responsabilidad proactiva y actualización continua.

Cuando empezamos, el modelo dominante era la consultoría presencial, muy apoyada en visitas, informes y documentos estáticos. Hoy, el cumplimiento efectivo exige procesos vivos, sistemas que permitan evidenciar el cumplimiento en tiempo real, actualización continua y una trazabilidad que sólo puede lograrse con apoyo tecnológico.

En septiembre, lanzaron Signo, una herramienta que combina inteligencia artificial entrenada con más de 100.000 procesos reales y experiencia humana para simplificar el cumplimiento de la protección de datos personales. ¿Qué valor diferencial aporta esta combinación?

En Signo el valor diferencial de combinar IA y experiencia humana se ve con mucha claridad cuando analizamos a quién proporcionamos el servicio y qué problema resolvemos.

La Inteligencia Artificial aporta velocidad, precisión y capacidad de adaptación continua a los cambios normativos, pero no trabaja sola, pues está estructurada sobre nuestra metodología de consultoría, contrastada con más de 96.000 clientes, y se complementa con soporte humano especializado y un seguro de responsabilidad civil que nos obliga a responder si algo no va bien.

Con Signo queremos dar una solución efectiva para que la adecuación a la normativa deje de ser una carga, y facilitar el día a día de los pequeños empresarios y profesionales autónomos.

No se trata de elegir entre abogados júnior o IA, sino de redefinir qué tareas realiza cada uno. La IA está demostrando ser extraordinariamente eficaz para automatizar trabajos repetitivos, de búsqueda, clasificación, análisis de patrones, generación de borradores estándar… tareas que tradicionalmente se han asignado a perfiles junior.

Pero eso no significa que el abogado junior deje de ser necesario. Lo que cambia es el tipo de trabajo sobre el que se forma y desarrolla. Un despacho que sólo vea la IA como un sustituto de horas de junior probablemente esté perdiendo una oportunidad: puede utilizarla para liberar a esos juniors de tareas mecánicas y formarlos antes en análisis jurídico, relación con el cliente, estrategia procesal, negociación o diseño de soluciones de cumplimiento más complejas.

«El jurista pasará cada vez más de “redactor de documentos” a “arquitecto de sistemas de cumplimiento”. La IA será una aliada para materializar todo eso operativamente», valora el CEO de Conversia sobre cómo transformará el papel del abogado con la incoporación de la IA.

¿Existe el riesgo de que la adopción masiva de IA reduzca oportunidades para las nuevas generaciones de juristas o transformará su rol?

Sin duda, hoy en día cualquier sector debe adaptarse al nuevo panorama que nos está dejando la irrupción de la Inteligencia Artificial. Si seguimos formando a los nuevos juristas para hacer trabajo que una IA puede realizar mejor, más rápido y más barato, inevitablemente veremos una reducción de oportunidades en ese tipo de tareas. Pero ese no es el destino inevitable.

La IA va a transformar el rol del jurista, no a eliminarlo. El profesional del derecho del futuro tendrá que ser, además de buen técnico, alguien capaz de entender sistemas, datos, riesgos y tecnología. Tendrá que saber interactuar con herramientas de IA, verificar resultados, diseñar ‘prompts’ adecuados, interpretar salidas y traducir todo ello en decisiones jurídicas y de negocio.

En el ámbito del cumplimiento normativo, por ejemplo, el jurista pasará cada vez más de “redactor de documentos” a “arquitecto de sistemas de cumplimiento”, definirá políticas, criterios de riesgo, flujos de aprobación, mecanismos de supervisión. La IA será una aliada para materializar todo eso operativamente.

Desde su experiencia, ¿qué tareas propias de perfiles junior serán asumidas por la IA y cuáles seguirán siendo esenciales para la formación de los futuros abogados?

Lo más probable es que la IA vaya a absorber cada vez más tareas que han sido clásicamente muy mecánicas, tales como la búsqueda masiva de información, clasificación de grandes volúmenes de contratos y clausulas…todo aquello que sea repetitivo, estructurado y susceptible de estandarización será automatizado con mucha más rapidez.

Por eso, los futuros abogados necesitarán poner en práctica el desarrollo de criterio jurídico, capacidad de interpretación en contextos ambiguos, comprensión del negocio del cliente y habilidades de comunicación y gestión de expectativas.

En cumplimiento normativo, esto se traduce en aprender a diseñar sistemas de cumplimiento proporcionados al riesgo, a evaluar impactos y a decidir cuándo una situación requiere un análisis ‘ad hoc’ más allá de lo que propone la herramienta. La IA podrá generar propuestas muy sofisticadas, pero el núcleo formativo del jurista seguirá estando en saber cuándo, cómo y por qué aceptarlas, matizarlas o descartarlas.

«Los abogados en formación deberán situarse en un punto intermedio entre la tecnología y el cliente. Tendrán que ser usuarios avanzados de IA, capaces de aprovecharla al máximo, pero también de cuestionarla, corregirla y complementarla», explica Corral.

Mirando a los próximos cinco años, ¿cómo imagina el equilibrio ideal entre inteligencia artificial, abogados en formación y profesionales senior?

Lo imagino como un triángulo muy bien engranado y que se retroalimenta entre sí. La inteligencia artificial ocupará un lugar central en la operativa diaria, automatizando una parte muy significativa del trabajo repetitivo y estructurado.

En otras palabras, el motor que permitirá procesar grandes volúmenes de información, generar documentación base, monitorizar cambios normativos y mantener vivo el sistema de cumplimiento.

Por su parte, los abogados en formación deberán situarse en un punto intermedio entre la tecnología y el cliente. Tendrán que ser usuarios avanzados de IA, capaces de aprovecharla al máximo, pero también de cuestionarla, corregirla y complementarla.

Su aprendizaje se orientará menos a tareas mecánicas y más a desarrollar criterio, entender el negocio, gestionar riesgos y aportar valor añadido desde etapas tempranas de su carrera.

Los profesionales senior, por último, tendrán un rol todavía más estratégico: diseñar los marcos de actuación, definir políticas y estándares de calidad, establecer criterios éticos y de responsabilidad en el uso de la IA, y liderar equipos mixtos donde conviven tecnología, perfiles junior y otros expertos. Serán, en cierto modo, los arquitectos del sistema jurídico y de cumplimiento dentro de las organizaciones.

Si logramos ese equilibrio, el resultado será un entorno legal más eficiente, más accesible para pymes y autónomos, y con carreras profesionales más ricas y menos centradas en tareas puramente mecánicas.

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