Fruto de las anécdotas Alejandro Seoane Pedreira acabó ejerciendo como abogado penalista. Su última historia comenzó a principios de 2025, cuando decidió tomarse un año sabático.
Sin embargo, el año se convirtió en dos meses porque recibió una llamada que le haría cambiar los planes: era uno de los implicados en el caso del jefe de la UDEF detenido por tener 20 millones de euros emparedados en su casa.
«Me acabé metiendo en esta macrocausa y actualmente sigo llevando el caso. Cambió mi perspectiva, ya que deje atrás mi año sabático», declara el abogado en conversación a Confilegal.
Este hecho le animó a tener su propia cartera de clientes por su cuenta, pero el proyecto empezó a creer y se dio cuenta de que tenía que «estructurar todos los asuntos junto con un equipo».
Ahora materializa esa idea en BP–Boutique Penal, un despacho de abogados de pequeño tamaño dedicado en exclusiva al Derecho Penal, que apuesta por la hiperespecializaión como valor diferencial «con un modelo orientado a un equipo reducido pero altamente especializado con el objetico de lograr la excelencia técnica en cada caso».
«Tenemos claro que el objetivo es aportar un servicio de calidad, de excelencia jurídica en los casos que llevemos»
Conoció la licenciatura de Derecho por el padre de una compañera, que «vestía bien»
Seoane, natural de Ferrol, conoció el licenciatura de Derecho porque el padre de una compañero se dedicaba a ella. «Y consideraba en aquella época que ‘vestía bien. Eso era una tontería de niño. Anécdotas aparte, lo tuve claro cuando entré en la carrera y cuando estudié Derecho Penal lo tuve claro», declara.
Desde su comienzo de su trayectoria profesional, en 2012, ha ejercido como abogado penalista. Se ha especializado en delitos penales económicos o contra la Administración Pública, pero el que más huella le ha dejado fue una condena por agresión sexual a un chico que defendió.
«Fue un caso que me marcó especialmente. Creo que este chico se merecía una sentencia absolutoria por aquella presunta agresión sexual que finalmente le condenó. Aunque en primera instancia consiguió la absolución, cuando la acusación recurrió se le condenó. Creo que se vulneraron algunas garantías de la tutela efectiva de defensa», concede.
Trece años de trayectoria que acaban con su propia oficina en Madrid y otra en Vigo
Su pequeño periplo por despachos multidisciplinares y su fallido año sabático ha finalizado con la aventura de emprender, montando su propio despacho en la capital española.
La sede del despacho se encuentra en pleno barrio de Salamanca, en la calle Velázquez, desde donde se coordina su actividad y la atención a clientes. Pero su vinculación a Galicia no puede desaparecer, por ello, también ofrecerá asesoramiento desde esta Comunidad Autónoma.
Ahora comienza con un nuevo desafío en su vida: «Abrir y dirigir mi propia Boutique es una experiencia que verá sus resultados a largo plazo. Ahora para mí lo más importante es poder encontrar compañeros que se sumen a al equipo, quiero compartir el tiempo con ellos y disfrutar, además de ir a por todas».

«Para empezar a arrancar la firma, he formado un equipo de diez profesionales», cuenta.
Pero esto es solo el comienzo de lo que quiere formar. Para ello, ya ha ideado una estrategia de crecimiento sostenida orientada a reforzar su estructura en los próximos meses: «Estamos trabajando activamente en la incorporación de nuevos perfiles de alta cualificación, entre los que se contemplan un exfiscal o magistrado, un catedrático en Derecho Penal y, de forma paralela, la captación de talento joven mediante la incorporación de abogados junior».
Pero, ¿qué tiene Boutique Penal que no tengan otros despachos parecidos? Seoane lo tiene claro: «Sé lo que quiere el cliente. En BP-Boutique legal el cliente siempre estará en en el centro, ya que sabemos lo que quiere y busca. Tenemos claro que el objetivo es aportar un servicio de calidad, de excelencia jurídica en los casos que llevemos», resume.
Con BP–Boutique Penal, Seoane no solo culmina una trayectoria de trece años dedicada en exclusiva al Derecho Penal, sino que también fija una forma de entender la abogacía basada en el tiempo, la cercanía y la especialización extrema.
Lejos de los modelos de volumen, el penalista apuesta por un despacho donde cada asunto se estudia con profundidad y cada cliente tiene nombre y apellido. Un proyecto que nace de una decisión vital inesperada, pero que se construye con una convicción clara: en el Derecho Penal, la excelencia no es una opción, sino una exigencia.