Opinión | Día Internacional de la Niña, dos años después: más derechos en la ley, menos en la vida real

Sylvia Córdoba, abogada penalista, reflexiona sobre la situación de los derechos de las niñas en el mundo, la persistencia de los matrimonios infantiles y las nuevas formas de violencia sexual y digital, agravadas por el uso de la inteligencia artificial. Foto: Confilegal.

11 / 10 / 2026 05:39

Hace dos años escribí aquí, en Confilegal, una columna sobre el día que se conmemora hoy, 11 de octubre de 2026. Dije entonces que ojalá no hiciera falta celebrarlo, porque eso querría decir que ya se había logrado que las niñas tuvieran sus derechos reconocidos en el mundo entero.

Hoy hago balance y, lamentablemente, no es así.

En aquella columna me apoyé en el lema de Naciones Unidas de 2024, centrado en la visión de futuro de las niñas frente a las crisis del clima, los conflictos y la pobreza.

Empecé por España, donde queda mucho por hacer. Recordé el caso de la Audiencia Provincial de León, que en mayo de 2024 rebajó la pena a un hombre que agredió sexualmente, de forma continuada, a una niña a la que dejó embarazada tres veces entre los 12 y los 15 años.

La sentencia justificó la rebaja en las costumbres de la cultura gitana. Como jurista, me pareció inexplicable que la existencia de un delito de violación pudiera depender de la etnia de la menor.

Después repasé la situación en otros países: la exclusión total de las niñas en el Afganistán de los talibanes, la violencia de género en México, los infanticidios en la India rural y la violencia sexual en el Congo.

Defendí que la clave para cambiar esta realidad es educar a niños y niñas en la igualdad de derechos, y cerré con una nota esperanzadora, pidiendo seguir apoyando a las niñas que derriban barreras y estereotipos.

Hoy, en 2026, aunque sobre el papel las niñas tienen más derechos, en la vida real tienen menos.

Millones de niñas siguen sin acceso a la escuela, bien por falta de ayuda internacional, bien porque se les niegan por completo sus derechos, como en Afganistán.

El lema oficial de la ONU y UNICEF para el Día Internacional de la Niña de este año es: ¡Acabemos con el matrimonio infantil! ¡Invirtamos en los derechos de las niñas!

Es también el que promueve la Coalición No Quiero, formada por Amnistía Internacional, Entreculturas, Mundo Cooperante y Save the Children.

Matrimonios forzados

A escala internacional se reclaman medidas urgentes para erradicar el matrimonio infantil, precoz y forzado, y para garantizar que las niñas puedan estudiar, vivir sin violencia y decidir sobre su propio futuro.

¿Por qué hay que seguir exigiéndolo hoy? Hablamos de la mitad de la población mundial: las niñas y las mujeres somos tantas como los niños y los hombres y, sin embargo, nuestros derechos siguen sin estar plenamente garantizados.

Según las estimaciones que UNICEF ha publicado este año, una de cada cinco niñas se casa antes de cumplir los 18 años, y hoy viven en el mundo unos 650 millones de mujeres que se casaron siendo niñas.

Cada año se casan, o más bien las casan, más de 12 millones de niñas, una cada tres segundos aproximadamente.

Son cifras terribles.

Las crisis, los conflictos y los desplazamientos aumentan el riesgo.

Violencias del entorno digital

Las leyes han avanzado en estos dos años desde que escribí aquella columna: hay más países, como Colombia, Bolivia, Sierra Leona y Pakistán (sólo algunas provincias), e incluso estados de Estados Unidos, como California, Oklahoma, Oregón, Misuri, Maine, Virginia y Washington, que prohíben el matrimonio antes de los 18 años sin excepciones. Aun así, en más de un centenar de países sigue siendo legal.

Pero hoy los matrimonios forzados no son el único drama para las niñas del planeta: desde hace unos años se les suman las violencias del entorno digital.

Entre las conductas que sufren se encuentran la creación y difusión de deepfakes sexuales de menores, en su mayoría niñas; el material de abuso sexual infantil generado o manipulado con IA; el trato degradante en redes sociales; la difusión no consentida de imágenes íntimas; el contacto con menores por medios tecnológicos con fines sexuales; la sextorsión (amenazas, coacciones y extorsión digital); y el ciberacoso. A ello se suma un buen número de conductas a las que hemos dado nombres en inglés: stalking, spyware, doxing, hacking, silencing, revenge porn, cyberflashing, upskirting, gendertrolling, slut-shaming, fraping, outing no consentido, grooming, happy slapping, etc.

Como podemos comprobar, lejos de resolverse, la vulneración de los derechos de las niñas se agrava: cada vez surgen más conductas nuevas que atentan contra ellas.

En España la respuesta judicial ya ha empezado, aunque de forma tímida: varios tribunales han dictado sentencias que condenan estas conductas.

En 2024, el Juzgado de Menores de Badajoz declara responsables a 15 menores por manipular con IA imágenes de compañeras en Almendralejo, con una sentencia pactada que impuso un año de libertad vigilada y formación afectivo-sexual.

ste mismo mes de octubre, un juzgado de Sevilla ha condenado por conformidad a tres hombres a nueve meses de prisión por crear desnudos falsos de tres excompañeras de colegio, con agravante de género y prohibición de usar Telegram, WhatsApp, Instagram y Discord durante tres años y nueve meses.

Hay además otros casos en España, algunos todavía en investigación y otros archivados porque los autores son menores de 14 años. Las condenas son un avance, pero llegan tarde y, al ser casi todas por conformidad, sientan poca doctrina.

Hace dos años deseaba que este día dejara de ser necesario. Hoy, lamentablemente, vemos que sigue siéndolo, y lo será mientras una sola niña vea recortados sus derechos por haber nacido niña. Las leyes son imprescindibles, pero no bastan: hacen falta educación, recursos y la voluntad real de hacerlas cumplir.

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