Introducir una novela protegida en una herramienta de inteligencia artificial, obtener de ella una serie de animación y colgarla en Internet sin pedir permiso al autor tiene consecuencias. Que el resultado lo haya generado una máquina no rompe el vínculo con la obra de origen.
Es lo que se desprende del asunto tramitado por el Tribunal Popular del Distrito de Heping, en Tianjin, según informó el 9 de octubre el diario Tianjin Daily. Es uno de los primeros casos conocidos en los que un juzgado chino aplica la Opinión sobre litigios de inteligencia artificial que el Tribunal Supremo Popular aprobó un mes antes.
Los hechos, según la prensa local
El titular de los derechos de una obra literaria descubrió que un tercero la había utilizado para producir un AI comic drama, el formato de serie de animación generada con IA que hoy prolifera en las plataformas chinas.
De acuerdo con Tianjin Daily, el demandado introdujo el texto original en una herramienta generativa, obtuvo la adaptación y la difundió en Internet sin autorización.
El juzgado comparó ambas obras frase por frase y apreció similitud sustancial. Este concepto no exige que las dos obras sean idénticas. Basta con que la segunda reproduzca, en una medida jurídicamente relevante, la expresión original y protegida de la primera.
Los derechos afectados eran dos: el de transformación o adaptación y el de comunicación pública en redes digitales.
No hubo sentencia. El asunto terminó con un acuerdo de mediación judicial, en el que el demandado se comprometió a eliminar los contenidos, cesar en su difusión e indemnizar al titular por los daños y los gastos de defensa. No se han hecho públicos la cuantía, el nombre de las partes ni el título de la novela.
Un texto de 24 artículos
El fundamento jurídico es la Opinión del Tribunal Supremo Popular sobre la tramitación de los litigios relacionados con la inteligencia artificial, presentada el 7 de septiembre de 2026 por el vicepresidente del tribunal, Tao Kaiyuan.
Consta de cinco partes y 24 artículos, y el propio tribunal la define como el primer documento de reglas de enjuiciamiento sobre IA dictado por el máximo órgano judicial del país.
No es una ley. China carece todavía de una norma específica sobre inteligencia artificial, y la Opinión se limita a orientar la aplicación del Código Civil, la Ley de Derechos de Autor, la Ley de Protección de Datos Personales y otras normas vigentes.
Lo que dice el artículo 12
El precepto aplicado en Tianjin contiene más reglas de las que exigía este caso.
La primera regula el reparto de culpas. Cuando un contenido generado por IA vulnera derechos de autor, el tribunal debe determinar la responsabilidad del desarrollador, del proveedor y del usuario atendiendo al tipo de servicio, las características del sector, el origen de los datos de entrenamiento, el grado de participación de cada uno, las medidas adoptadas y los beneficios obtenidos.
La segunda invierte en parte la carga de la prueba. Si el desarrollador sostiene que no ha infringido, el tribunal debe exigirle que acredite el origen de los datos de entrenamiento, los registros del proceso de entrenamiento, el funcionamiento del modelo y su fundamento científico.
En la práctica, se le obliga a abrir la caja negra.
La tercera es la que decidió el caso de Tianjin. Si el usuario sabía o debía saber que existía una obra anterior, generó con IA otra sustancialmente similar y no tiene una defensa razonable, el tribunal debe estimar la reclamación del titular. En la rueda de prensa de presentación, los responsables del Supremo Popular citaron el uso legítimo como ejemplo de causa de exención.
El criterio general lo expusieron también allí: el carácter artificial del contenido no libera a nadie de responder, y la responsabilidad debe ajustarse a la capacidad de control y al deber de diligencia de cada parte.
En Tianjin la imputación no ofrecía dudas, porque fue el propio demandado quien introdujo deliberadamente la obra protegida en la herramienta. No hubo ninguna coincidencia accidental.
Por qué mediación
El desenlace sigue lo que pide la propia Opinión. Su artículo 21 ordena a los tribunales recurrir a vías alternativas de solución de conflictos, coordinarse con organismos de mediación especializados y hacer efectiva la mediación previa.
El acuerdo de Tianjin aplica esa pauta.
Lo que el Supremo dejó sin resolver
Durante la redacción hubo fuertes discrepancias sobre dos cuestiones: si el contenido generado por IA puede protegerse por derechos de autor y cómo calificar el entrenamiento de modelos con obras ajenas sin licencia. El tribunal decidió no pronunciarse por ahora sobre ninguna de las dos.
Por eso el caso de Tianjin no dice nada sobre el entrenamiento de modelos. Resuelve algo más concreto: el uso de una obra determinada, sin licencia, para producir y difundir una adaptación sustancialmente similar.
Una jurisprudencia en formación
Tianjin se suma a una serie de resoluciones recientes. En Shanghái, el usuario que entrenó un modelo con una veintena de imágenes de Medusa, personaje de la saga Doupo Cangqiong, fue condenado a pagar 50.000 yuanes (6.669 euros), mientras que la plataforma quedó exonerada por retirar el modelo a tiempo.
l tribunal de propiedad intelectual de Shanghái confirmó el fallo en abril.
En otros casos la IA estaba del lado del perjudicado. Un juzgado de Wuhan reconoció protección a un microdrama realizado con IA y condenó a quien lo copió a pagar 20.000 yuanes (2.670 euros), cuantía en la que tuvo en cuenta el coste de cómputo de los tokens consumidos.
El sector mueve mucho dinero. Las previsiones sitúan el mercado chino de estas series por encima de los 24.000 millones de yuanes (3.200 millones de euros) en 2026.
Zhou Yuan, miembro de la Conferencia Consultiva Política, ha denunciado que hay productoras que adaptan relatos ajenos sin autorización y obtienen ingresos antes de que el autor pueda reaccionar.
Matices
Tianjin Daily presenta el asunto como el primero de este tipo tramitado por el juzgado de Heping, lo que no lo convierte en el primero de toda China.
Tampoco cualquier parecido entre una obra anterior y un contenido generado supone una infracción automática: habrá que valorar el grado de similitud, si se reproducen elementos protegidos y si concurren excepciones legales.
Según la misma información, el juez del caso subrayó que la IA es una herramienta para crear, no un medio para apropiarse de lo que otros han creado.