Muchas de las frases hechas que utilizamos en nuestra vida diaria tienen un origen indudablemente judicial. Una de ellas es “en tela de juicio”. Decimos que algo o alguien están en tela de juicio cuando queremos expresar las dudas que albergamos sobre su certeza, su legalidad o su éxito.
El primer programa de televisión de juicios de Europa, producido por la cadena autonómica Telemadrid, se llamaba precisamente así, “En tela de juicio”, y lo presentaba don Luis del Val. Hubiera resultado imposible haber encontrado un nombre más apropiado que ese.
Sin embargo, el término tela no es etimológicamente español. No significa, por lo tanto, obra hecha de muchos hilos, que, entrecruzados alternativa y regularmente en toda su longitud, forman como una lámina. O tejido que forman la araña común y otros animales de su clase. O red empleada en el río Ebro para pescar sábalos, esturiones y otros peces, por citar algunas de las acepciones que aparecen en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua.
Tela, en este caso, corresponde a la voz latina “tela”, que significa empalizada, aunque se utilizaba con el significado y el sentido de palestra, es decir, lugar cerrado donde se celebraban los debates y las discusiones. Era en la palestra donde se dirimían los asuntos, donde se aclaraban las honras. O dónde se oscurecían. Hasta ese momento la cosa estaba en tela de juicio.