Eloy Velasco es magistrado del Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional (AN) desde 2008. Instruye 300 casos anuales. Antes, los del terrorismo de la banda terrorista ETA. Ahora los de Al Qaeda y sus adláteres; la gran amenaza para las democracias de la Unión Europea.
TEXTO E IMÁGENES: CARLOS BERBELL / YOLANDA RODRÍGUEZ
A los que hoy ponen en tela de juicio el papel de la AN, Velasco les contesta que no existe un instrumento más poderoso para combatirlo, que no hay que inventar nada más.
El magistrado es, además, uno de los grandes expertos en la delincuencia que se produce en Internet. Es doctor suma cum laude por la Universidad de la Coruña por la tesis «La investigación de delitos cometidos a través de Internet y otras nuevas tecnologías: cuestiones procesales». Tesis que después convirtió en libro, y que publicó La Ley-Wolters Kluwer, con el título «Delitos cometidos a través de Internet. Cuestiones Procesales», una obra de referencia en el sector.
Según la Policía, alrededor de 60 yihadistas españoles han estado combatiendo en el llamado «Estado Islámico», en Siria-Irak. 15 de ellos han vuelto ya y 10 han sido detenidos. ¿Han cometido algún delito por tomar parte en ese conflicto?
Sí, uno muy claro: integración en banda armada. Se han integrado en Al Qaeda, que es una organización terrorista. Al Qaeda tiene la misma consideración de organización terrorista que ETA. Por lo tanto, estos sujetos tienen la misma consideración que aquellas personas que se pasaban al País Vasco francés y, por lo tanto, a la clandestinidad, para proyectar y hacer atentados. Cuando conocemos la identidad de alguno que es español y que sabemos que está con esa organización terrorista lo ponemos en busca y captura internacional.
Mucha gente piensa que porque hemos vencido a ETA ya no hay terrorismo. Poniéndolo en términos futbolísticos, con la victoria sobre esa banda terrorista hemos ganado la décima. Pero ahora estamos jugando la undécima. Contra los yihadistas, contra los anarquistas. Unos terrorismos suceden a otros. No hemos dejado de estar en peligro.
¿Con cuanto tiempo está castigado el delito de integración en banda armada?
De 6 a 12 años de cárcel. Muchas de esas captaciones se están llevando a cabo en Ceuta y Melilla, pero también en la península. Les engañan. Se van a la guerra y, por lo que sabemos, están cayendo como piojos. Los que consiguen volver, si vuelven, lo hacen a través de Turquía y de Marruecos. Aquí ya saben el destino que les espera.
Hemos hablado de alrededor de 60 yihadistas españoles, pero los franceses tienen 1.000, 1.600 Marruecos, 1.200 Argelia, 3.600 Túnez y 4.200 Libia. También hay yihadistas británicos, alemanes y estadounidenses. ¿Son bombas de tiempo?
Son auténticas bombas de tiempo, sí. Por eso estamos en alerta contínua. En la Audiencia Nacional somos seis jueces centrales de instrucción y 40 fiscales. Estamos encima, que a nadie le quepe la menor duda.
«LOS YIHADISTAS ESPAÑOLES SON GENTE QUE NO ESTÁ INTEGRADA, QUE NO SE SIENTE ESPAÑOLA NI MARROQUÍ, QUE BUSCA UNAS RAÍCES QUE NO TIENE»
¿Cuál es el perfil del reclutado yihadista español?
Son gente desarraigada, gente que no está integrada, que no se siente ni española ni marroquí, que busca unas raíces que no tiene. Al Qaeda llena ese vacío, les confiere una misión en la vida.
¿La modificación de la «justicia universal» ha supuesto un revés en su trabajo?
Estamos más indefensos por esa reforma de la «justicia universal». Sin duda alguna. Teníamos más capacidad de acción, de maniobra. Ha sido un gran error.
Recientemente se ha sabido que el grupo terrorista EI también ha creado, al menos dos batallones de mujeres de entre 18 y 25 años, para dar a conocer el Islam entre las mujeres y para castigar a las que no cumplan la ley de Alá…
Sí, una especie de «sección femenina» de esa organización terrorista. Pero no son combatientes. A las mujeres las quieren para el descanso del guerrero, para hacerles hijos, para poblar la nueva nación que dicen que están creando. Ya hemos conocido bastantes historias de adolescentes y de jóvenes europeas que han sido captadas a través de Internet y que han terminado atrapadas en una situación que jamás habrían soñado. Atrapadas en una pesadilla. Además, recordemos que estos yihadistas son polígamos. No van a tener una, sino muchas mujeres. Mujeres en el concepto más retrógrado del Islam.
¿Los terroristas islámicos o los de ETA tienen sus “cerebritos” en Internet?
Sí. Nosotros estuvimos a punto de conseguir pruebas de lo que llamábamos el informático de ETA, respecto a un asunto FARC-ETA. Se tuvo que archivar porque la prueba era insuficiente. Es obvio que a ETA se le ha incautado información encriptada que no están al alcance del ciudadano medio. Alguien les formado para hacerlo.
Muchos de los yihadistas, lo primero que dicen a sus colaboradores es que nada por escrito, y nada en la web. Todos tienen una cierta formación de cómo preservarse de los medios tecnológicos de espionaje o de control que usamos contra ellos.
¿El Estado tiene también cerebritos para combatir este tipo de delincuencia?
Muchos y muy buenos. Podemos “fardar de ello” internacionalmente. En los cuerpos policiales españoles hay investigación más desarrollo. Es decir, estamos generando software por parte de auténticos policías que tienen amplios conocimientos para dedicarlos a la investigación tecnológica. Hay gente muy puntera. Además, hay empresas españolas muy buenas de ingeniería y de informática que están trabajando, codo con codo, para la Policía y la Guardia Civil, perdiendo mucho dinero para que sus inventos sirvan para capturar a delincuentes.
¿Se atrevería a describir a los nuevos tipos de delincuentes que se mueven por la Red?
Están los «lobos solitarios», tipos arrogantes que afirman querer dar lecciones de que los sistemas son inseguros. Son gente que se mete en la NASA, en los bancos. Luego están los despechados, gente que ha sido despedida de su trabajo y que quiere vengarse. Por supuesto, los que yo llamo los «hackers by dollars», los piratas informáticos por dinero, que últimamente atacan de forma concertada en grupos a objetivos concretos. Y por último, los locos por los ordenadores, gente brillante que se propone hacer cosas que nadie antes había intentado.
¿Comparten algún rasgo?
Son cobardes, indolentes, personas que no ven —o no quieren ver— los efectos de producen en sus víctimas. Es asombroso, pero, en ese sentido, se comportan como ciegos.
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¿El mundo de internet es un mundo sin Ley?
El mundo de internet es un invento técnico, militar. Para que la información llegue a su destino. Si no puede ser por línea recta, entonces por línea curva. Las consideraciones de seguridad y las consideraciones de cotidianeidad y de uso de los ciudadanos no militares no se tuvieron en cuenta cuando se inventó. Por lo tanto, ha habido que implementarlas después. Como empezamos la casa por el tejado, ahora estamos poniendo las paredes.
¿Por qué su interés por Internet y todo lo relacionado por la Red?
Hay dos tipos de jueces: el que se va a quedar en problemas locales —divorcios, accidentes de tráfico y cositas de su pueblo— y el juez que se va a universalizar y que va a tener que hablar con otros jueces, en otros idiomas, de delincuencias que empiezan en un país y siguen en otro. Al final, como estamos en un mundo globalizado, a mí me interesaba más este último tipo de juez globalizado que se comunica por Internet.
¿Los malos se ocultan en Internet?
Sí, tenemos la «deep web», o web profunda, que, según dicen es muy grande, y en la que es muy difícil poner orden. Se rige está por la ley de la selva. El más malo vende en ella servicios absolutamente delictivos. A la policía le cuesta mucho patrullar en esa web profunda, pero poco a poco van entrando y poniendo algo de orden.
En su tesis doctoral, que trata sobre los delitos cometidos a través de Internet, habla del Convenio del Cibercrimen de Budapest de 2001, suscrito por España. ¿Sirve para algo?
Eso ya se ha quedado anticuado. Habría que hacer otro. Cuando se firmó ese Convenio no teníamos los «smarphone», ni una política de protección de datos como la que tenemos ahora. Las interceptaciones, en aquella época, se hacían vinculadas a las IPes. Ahora tenemos el wi-fi, tenemos las IPes dinámicas, y otra serie de infraestructuras técnicas que no se tuvieron en cuenta en el Convenio de Budapest. Estaría bien que lo adaptáramos a nuestra normativa, que aún no se ha hecho. Si lo hiciéramos todavía nos quedaríamos diez años atrás.
Hay algunos términos que vienen del mundo real y que usted transpone en su libro, como el “agente encubierto”. ¿En qué consiste?
Muchas veces, para la consecución de un descubrimiento de delitos de organización criminal en el mundo de la pederastia, en el mundo de los abusos sexuales contra menores, en el mundo de la pornografía infantil y, por supuesto, en el mundo del terrorismo etarra o del yihadismo, hay veces que hay que infiltrar agentes. En «virtual», no en real. Una persona que se haga pasar por malo para que le den información y pueda saber cómo están estructurados. Eso sí, sin provocar delitos y sin pasar documentos o fotografías prohibidas porque si fuera así eso sería peor que descubrir a los autores.
También hay otro término que llama la atención que es el del “alejamiento informático”.
Esa idea la tuvimos porque hay delincuentes patógenos con la informática. Una manera de corregirles sería que durante un periodo de tiempo estuvieran alejados de los ordenadores. Imagínese a un señor que se dedica a las estafas informáticas y un juez le impide tener acceso a esas herramientas informáticas. Con ello protegemos a la sociedad. Esto, por ejemplo, se ha hecho con ciertas «hurtonas», a las que se les ha prohibido acercase al Metro o a los autobuses, porque era allí donde realizaban sus hurtos de carteras. Es algo que también hemos hecho con los delincuentes de la violencia de género prohibiéndoles acercarse a esas mujeres con las que están obsesionados. Quien evita el riesgo evita el peligro, al menos durante un tiempo.
Un juez de instrucción de la Audiencia nacional lleva una media de unos 300 casos al año, ¿cuántos de estos casos pueden estar relacionados con los delitos informáticos?
Muy pocos. Con delitos informáticos apenas una decena. El problema de la informática ya no es exclusivamente que sea el objetivo del delincuente, cuanto que es el vehículo en muchas ocasiones. No se trata de delitos informáticos, pero saben usar la informática para delinquir aunque el delito que al final cometen sea una muerte, un robo o cualquier delito convencional.
«SI LA AUDIENCIA NACIONAL DESAPARECIERA HABRÍA QUE INVENTARLA OTRA VEZ, INMEDIATAMENTE»
Ustedes, en la Audiencia Nacional, son competentes en la lucha contra el terrorismo, el crimen organizado y los delitos económicos, entre otros. ¿Por qué cree que se ha instaurado la idea de que la Audiencia Nacional ya no es tan necesaria como antes?
Es una falsa percepción. Si desapareciera habría que inventarla otra vez, inmediatamente. Es una fórmula que han copiado algunos de los países de nuestro entorno europeo. Desde la Audiencia Nacional hacemos frente al crimen organizado, cuya cara más visible es el terrorismo. Pero también nos la estamos viendo con la camorra napolitana y con las mafias rusa, albanesa, ex yugoslava y china. Gente que contrata a buenísimos abogados para su defensa. A estos se han unido ahora los de la delincuencia económica, que han aumentado por culpa de la crisis. Son los más difíciles, los más complicados. Hablamos de cajas, de bancos, de grandes empresas. Son asuntos de blanqueo de capitales, de administración desleal… Yo jamás había administrado tantas empresas como ahora. Por no olvidar los delitos de drogas. Este año hemos capturado 83 toneladas de hachis en Córdoba, por citar uno de los casos. Son casos que suelen tener 90 o 100 imputados.
Es posible que en la Audiencia Nacional haya algunos casos menos que antes. Muy pocos. Pero le aseguro que los que tenemos ahora son mucho más complicados. Requieren mucha atención. Mucho tiempo. Quien piense que nosotros hacemos un horario y nos vamos a casa está muy equivocado. En casa seguimos estudiando, tomando decisiones, para seguir el ritmo que nos exige el día a día.
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Usted, señor magistrado, es del tipo «hiperactivo». Los que le conocemos podemos afirmarlo. ¿No se ha sentido nunca quemado?
Seguro. Somos humanos. Tenemos nuestros bajones. Pero duran poco. Poquísimo. Porque estamos auxiliados de los mejores funcionarios. Gente que le echa dedicación, tiempo, voluntad. También contamos con una Policía muy motivada, muy comprometida. No es echar flores, es reconocer una realidad.
Usted, señor Velasco es lo que la ley denomina un juez de instrucción. Los jueces de instrucción no se ven en las películas americanas. No existen en ese tipo de sistema judicial. ¿Si tuviera que explicarle a un ciudadano qué es un juez de instrucción cómo se lo contaría?
Es el juez que recopila todas las investigaciones policiales y le añade las garantías para que la investigación judicial final llegue al acto de juicio preparada. En España hay una fase de instrucción que consiste en preparar el juicio. Es una fase muy costosa. Y luego el día del juicio, que es donde se decide realmente si se absuelve o se condena a una persona. Para que se decida bien, las dos partes –acusadora y defensora- tienen que tener las mismas diligencias investigatorias con las que poder criticar, debatir, evidenciar o censurar en el acto del juicio, que es cuando realmente se decide. Un juez de instrucción, debe preparar todo el material probatorio que traiga la policía y otros cuerpos investigadores para que el día del juicio las dos partes, acusación y defensa, estén en las mismas condiciones de poder debatir y convencer a la sala de si hay delito para que acuse y, si no hay delito, de que absuelva.
¿Qué diferencia hay entre los jueces de instrucción y los fiscales de las películas estadounidenses?
Nosotros tenemos un Estatuto más amplio. Por ejemplo, nosotros podemos acordar medidas restrictivas de derechos fundamentales —entrada y registros, pinchazos telefónicos, agentes encubiertos….—, que el fiscal no puede.
Es un poco esquizofrénico, ¿no? Ustedes poseen todas capacidades del fiscal y del juez de garantías, juntas.
Es más garantista. En absoluto es esquizofrénico porque el juez que se contamina con el trabajo y que tiene el deber de imparcialidad no va a juicio. Por lo tanto, si se generan prejuicios, no pasan nunca al juicio porque lo hacen jueces distintos.
Sin embargo, en los últimos tiempos se ha generado una fuerte corriente que viene de Europa y que propugna la desaparición de los jueces de instrucción y darles la instrucción a los fiscales.
Eso es una corriente que ya ha quedado anticuada. Triunfó en parte del siglo XX, porque los políticos que controlan a los fiscales querían que la investigación pasara a un cuerpo: los fiscales, que dependen políticamente de un fiscal general, que depende, a su vez, de un Gobierno. Ya hay países que están volviendo al juez de instrucción y países, que estando en el proceso acusatorio, lo están criticando porque quizás el enemigo sea la politización no la carrera.
Hay que decir que los fiscales están igual de preparados que los jueces. No es una cuestión de preparación, sino de su Estatuto. Si los fiscales tuvieran la suficiente independencia para que sobre ellos no pudiera influir el poder Ejecutivo no habría ningún inconveniente en que instruyera un fiscal, un juez o la policía como en otros países.
Nos han dicho que en la mayor parte de Europa instruye el fiscal y eso es mentira. El modelo más numeroso en Europa es aquel en donde la policía hace la instrucción. Eso sí, con un control jurídico del fiscal al final.
También hay países de estricta investigación por parte del fiscal, como Alemania.
Los fiscales en los últimos tiempos están ganando terreno en ese sentido. Ahora la Fiscalía Anticorrupción está investigando el tema del Zaragoza y el Levante, y de hecho hacen un pre instrucción en muchos casos, ¿no?
Sí. Además es absolutamente legal y está permitida por la Ley. Sin embargo, cuando llega el momento de imponer medidas restrictivas tienen que acudir al juez de instrucción. En otros países existen jueces que solo se dedican a las garantías. Aquí, además de las garantías, somos recopiladores de material y por lo tanto investigadores también.
Se da la paradoja que una persona puede comparecer 4 veces: ante la policía, ante el fiscal, ante el juez y luego en el juicio…
Sí, pero lo único que vale es lo del juicio. Que se produce tarde, es cierto. Han cambiado algunas circunstancias del testigo. Esto demuestra que en el mundo de la Justicia hay una prioridad básica que es modificar la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que es una ley de 1882. Y no solo por razones políticas para ver si la instrucción la realizan los jueces o los fiscales, sino para la incorporación de las nuevas tecnologías o para pensar en cómo abaratar los costes de la Justicia y cómo buscar fórmulas de cooperación y acuerdos entre abogados y fiscales, que como en otros países, hagan que no todo llegue a juicios como en España. Me refiero a las conformidades, los juicios cortos, los juicios rápidos… Todas las fórmulas que ya existen en el derecho comparado.
¿Cree que los jueces de instrucción tienen los días contados?
Espero que no. A mí me han enseñado que lo que funciona no hay que cambiarlo.
¿Cómo se puede solucionar el tema de la independencia de los fiscales?
Hay que cambiar su Estatuto.
¿Van a nombrar a un fiscal general independiente?
Podría hacerse. Si los políticos fueran capaces de poner a una persona de integración en vez de jugar a las sectas. En otros países, los candidatos del Supremo y los altos cargos de la Fiscalía se hacen mediante en consenso con otros partidos y hasta que no se logra ese consenso no se elige a un candidato.
¿Ha recibido alguna vez una presión política directa?
Nunca.
¿Indirecta?
Presiones periodísticas y sociales sí. El ser humano trata de influir en otro ser humano siempre, pero no que afecten a un cambio de decisiones y nada que un profesional no deba aguantar.