Hay preocupación. Honda preocupación en el número 4 de la madrileña calle Fortuny, sede de la Fiscalía General del Estado. El nuevo ministro de Justicia, Rafael Catalá, no parece tener sintonía personal con el fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce. Y, lo que es más grave, tampoco parece querer tenerla.
Eduardo Torres-Dulce, que estaba destinado como fiscal de Sala ante el Tribunal Constitucional antes de acceder a su actual puesto, fue nombrado por Alberto Ruiz Gallardón.
Ese parece ser, precisamente, su “pecado original”: Que fue elevado por Ruiz Gallardón a la Fiscalía General del Estado.
Catalá no quiere a nadie de relevancia de Gallardón en su equipo. Por eso ha cambiado a la columna vertebral que formaban el anterior Ministerio y ha colocado a los suyos, permitiendo contadas excepciones que, por su bajo perfil, no cambian nada. La consigna es que Gallardón es tiempo pasado, finiquitado, kaput.
Queda Torres-Dulce.
Las personas de confianza del fiscal general del Estado comienzan a tenerlo claro. El ministro Catalá no quiere a este fiscal general del Estado, que ha hecho un buen trabajo –hay que reconocerlo-.
Pero no sabe ni cómo decírselo ni qué hacer con él.
Las relaciones se han tornado tensas en el día a día entre ambos. Muy tensas.
El ejemplo más palmario tuvo lugar el pasado martes, en la clausura del “Legal Management Forum”, un evento organizado por la editorial Wolters Kluwer e Inkietos.
Estaba previsto, en un principio, que el ministro cerrara la jornada, que reunió a más de 450 personas –la mayoría abogados- en el auditorio del Museo Reina Sofía de Madrid.
Ese mismo día tenía un foro organizado por el diario La Razón para abordar el tema de la Justicia. Al mismo habían confirmado su asistencia el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Carlos Lesmes, el vicepresidente del Tribunal Supremo, Ángel Juanes, varios vocales del CGPJ, el presidente de la Audiencia Nacional, José Ramón Navarro, y los presidentes de los tribunales superiores de Justicia de Castilla-La Mancha, La Rioja y Madrid, Vicente Rouco, Ignacio Espinosa y Francisco Vieira, respectivamente, y el nuevo presidente de la Sala Penal del Supremo, Manuel Marchena.
Como autoridades políticas también habían asegurado su asistencia el ministro del Interior, Jorge Fernández, la presidenta de Castilla-La Mancha y secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y el director general de la Policía, Ignacio Cosidó, entre otros.
Catalá, que se sepa, no posee el don de la ubicuidad. No podía estar en dos sitios al mismo tiempo y a la misma hora, así que cambiaron el orden de la clausura.
En vez de cerrar a las 19.30 el “Legal Management Forum”, después de la conferencia magistral del escocés Richard Susskind, lo hizo antes.
Salvador Victoria, consejero de Presidencia y Justicia y portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, hizo de telonero y a las 18.15 cerró el ministro Catalá.
A las 18.30 pasadas todas las autoridades salieron pitando en dirección hacia La Razón.
Al fiscal general del Estado nadie le llamó para decirle que se había adelantado la clausura, como hubiera sido lo lógico. Seguramente le habría interesado estar presente en el foro de la Razón. Máxime siendo la primera autoridad del Ministerio Fiscal.
Así que Torres-Dulce llegó pasadas las 19.00, cuando Susskind estaba a quince minutos de terminar su discurso, y se encontró con que el ministro se había marchado.
Torres-Dulce formaba parte del Comité de Honor del “Legal Management Forum”, entre otras importantes personalidades. Tenía que estar sí o sí en esta clausura. Igual que debería haber estado el ministro. Y de no ser así, alguien tenía que haberle avisado de que la clausura oficial se había adelantado.
Rosalina Díaz, la presidenta no ejecutiva de Wolters Kluwer España, una mujer con mucho estilo y don de gentes, aprovechó la presencia de Torres-Dulce para subirlo al estrado y para que realizara una clausura oficiosa –magnífica-, totalmente improvisada y llena de citas literarias y cinematográficas, que arrancó los aplausos a los asistentes.
Se especula con una posible salida de Torres-Dulce “hacia arriba”.
Algunas fuentes especulan que este distanciamiento entre Torres-Dulce y el ministro se solucionaría con otro puesto de igual relevancia, pero fuera de la Fiscalía. Incluso, algunos van más allá y hablan de un puesto en el Consejo de Estado, pero para ello habría que hacer algunas modificaciones legales con el fin de encontrarle sitio.
Una cosa es segura, Catalá y Torres-Dulce no se entienden.