El concepto de “smart city”, o el nuevo marco de la ciudad inteligente

Javier Puyol es abogado y socio de ECIXGroup.

2 / 11 / 2014 11:08

Actualizado el 24 / 02 / 2016 12:00

En esta noticia se habla de:

“Smart City” o Ciudad Inteligente es un concepto que, según Aulet, aglutina todas las características asociadas al cambio organizativo, tecnológico, económico y social de una ciudad moderna acercándolo al mundo digital mediante sensores, conexiones a internet, gestión inteligente mediante ordenador, mejoras de energía… A todo esto se pueden integrar las nuevas tecnologías/filosofías cómo son el “open data”, el ”‘ogovernment”y el “linkedData” para dar un potencial enorme a este tipo de proyectos y publicar y reutilizar los datos generados por las ciudades. Desde el punto de vista del ciudadano, el resultado es una ciudad más accesible y inteligente, que adapta su funcionamiento a las necesidades de su población. Las ciudades modernas, (que contienen más de la mitad de la población mundial), son complejas redes de varios componentes: ciudadanos, empresas, transporte, comunicaciones, agua, energía, servicios urbanos, etc.

Ciudadanos y empresas confían en los sistemas de su infraestructura para desarrollar sus actividades y para su bienestar. Las mejoras – o perturbaciones – en el transporte, comunicaciones o suministros pueden afectar gravemente a las actividades diarias de ciudadanos y empresas. Los servicios urbanos integran y coordinan las actividades que tienen lugar en los demás componentes. Comprender el modo en el que las ciudades mejoran y cambian desde el punto de vista de estos elementos ofrece a éstas nuevas perspectivas sobre su grado de progreso en el cumplimiento de estrategias y objetivos.

Tal como se señala en un estudio muy interesante de la Autoridad Catalana de Protección de Datos, el desarrollo de las “Smart Cities” genera (y es previsible que en el futuro esto se incremente exponencialmente) un tratamiento de información de todo tipo (medioambiental, de recursos energéticos, de consumo, de tráfico y movimientos urbanos, etc.). Si bien no se dispone de una definición cerrada o uniforme de lo que son las “ciudades inteligentes” o “Smart Cities”, se puede considerar que hay una serie de elementos que deberían estar presentes en mayor o menor medida, para catalogar a una ciudad o a un determinado servicio como “smart”.

La definición o, al menos, la enumeración de los elementos que deberían concurrir para definir una “Smart City” es relevante, porque nos permitirá diferenciar las “Smart Cities” de otros conceptos que pueden tener mayor o menor relevancia desde la perspectiva de la protección de datos personales. Como primera aproximación al concepto de “Smart City”, se puede afirmar que se trata de un modelo de desarrollo urbano que en los últimos años ha despertado el interés de varios sectores (administraciones públicas, autoridades locales, sector privado, etc.), que tiene que ver con cuestiones tan diversas como por ejemplo el crecimiento y la gestión sostenible de las áreas urbanas, la prosperidad económica en términos “de economía inteligente, sostenible e integradora”, la utilización más eficiente de la energía –apostando claramente por las energías renovables- y otros recursos en el entorno urbano, la mejora de las condiciones de vida de sus habitantes en relación con ámbitos tan diversos como la educación, el transporte público, la salud o el medio ambiente, así como la mayor implicación de los propios habitantes de cascos urbanos en este desarrollo. Se busca, en este sentido, profundizar en el concepto clásico de “comunidad”.

Y en este sentido, según se indica en el mencionado Informe, algunos autores definen como “Smart City”, aquella ciudad en la que las inversiones en capital humano y social y las infraestructuras de comunicación (con especial referencia a las Tecnologías de la Información y la Comunicación, “TIC”), están enfocadas al desarrollo económico sostenible, y en las que hay –o se persigue- una alta calidad de vida, una gestión inteligente de los recursos naturales y una gobernanza participativa a nivel social y cultural.  Ciertamente, el término de “gobernanza”, entendida como la manera de gobernar que se fundamenta en la interrelación de los organismos encargados de la dirección política de un territorio y la sociedad civil, para dar poder, autoridad e influencia a la sociedad sobre las decisiones que afectan la vida pública, parece que debe tomar un claro protagonismo en el entorno de las “Smart Cities”.

Para Wikipedia, La «ciudad inteligente» a veces también llamada «ciudad eficiente» o «ciudad súper-eficiente», se refiere a un tipo de desarrollo urbano basado en la sostenibilidad que es capaz de responder adecuadamente a las necesidades básicas de instituciones, empresas, y de los propios habitantes, tanto en el plano económico, como en los aspectos operativos, sociales y ambientales. Una ciudad o complejo urbano podrá ser calificado de inteligente en la medida que las inversiones que se realicen en capital humano (educación permanente, enseñanza inicial, enseñanza media y superior, educación de adultos…), en aspectos sociales, en infraestructuras de energía (electricidad, gas), tecnologías de comunicación (electrónica, Internet) e infraestructuras de transporte, contemplen y promuevan una calidad de vida elevada, un desarrollo económico-ambiental durable y sostenible, una gobernanza participativa una gestión prudente y reflexiva de los recursos naturales, y un buen aprovechamiento del tiempo de los ciudadanos.

En definitiva, hay un cierto consenso a la hora de considerar que la habitabilidad, la eficiencia energética, los recursos tecnológicos avanzados y la iniciativa económica y empresarial de innovación, entre otros elementos, son premisas que deberían estar presentes, en mayor o menor medida, cuando nos referimos a las “Smart Cities”. Se habla también de los “ejes” principales de las “Smart Cities”, en concreto, la economía inteligente; movilidad inteligente; medio ambiente inteligente; población inteligente; manera de vivir inteligente y gobernanza inteligente. Estos ejes se basan en teorías de competitividad regional, transporte y TIC, recursos naturales, capital humano y social, calidad de vida y participación de los ciudadanos en la gobernanza de las ciudades.

Así pues, ámbitos como el de la demografía, los aspectos sociales y económicos, el desarrollo cívico, la educación, el medio ambiente (tanto a nivel de espacios públicos como, por ejemplo, a través del desarrollo de edificios inteligentes), el transporte y  la movilidad, la sociedad de la información, el ocio y la cultura, parece que pueden estar (o tienen que estar), en mayor o menor proporción, presentes en la agenda de una ciudad que se quiera considerar “smart”.

Hoy día, el concepto de ciudad (más) inteligente o de espacio (más) inteligente, es muy utilizado en marketing por parte de expertos en sociedades comerciales y en aglomeraciones urbanas, aunque en muchos casos poniendo énfasis en un solo aspecto, lo que en buena medida traiciona el concepto que se intenta desarrollar, que tiene un importante componente holístico e integral. En efecto, una ciudad o un territorio que se considere inteligente se manifiesta fundamentalmente por su carácter multidimensional y multifacético, en términos de actores, en cuanto a dominios clave (transportes, energía, educación, salud, residuos, vigilancia, economía…), y en desarrollo y utilización de tecnologías. Naturalmente, los principales actores del sector privado implicados en un proyecto como el analizado de ciudad, territorio, barrio o edificio inteligente, son los industriales y empresarios de sectores clave, tales como energía, agua, transportes, y servicios… así como dirigentes de empresas públicas de telecomunicaciones e infraestructuras, editores, proveedores recursos de apoyo a la gestión, así como a la administración y a la consultoría.

En un mundo cada vez más instrumentado, interconectado e inteligente, las ciudades tienen la oportunidad de acelerar su carrera hacia la prosperidad sostenible haciendo uso de nuevas soluciones y prácticas de gestión “inteligentes”. La instrumentación permite a las ciudades más que nunca recoger datos de mayor calidad y en el momento oportuno. Las ciudades inteligentes se pueden clasificar con seis ejes principales: (i) Economía inteligente; (ii) Movilidad inteligente; (iii) Entorno inteligente; (iv) Gente inteligente; (v) Vida inteligente; y (vi) Gestión inteligente. Así se puede utilizar el concepto de “dimensiones inteligentes”, tal como hace Tecno, que justifica estas características de la siguiente manera:

a). Gobierno inteligente: tiene en cuenta la oferta de servicios electrónicos así como las medidas y políticas que facilitan la participación ciudadana en el gobierno de la ciudad. Así mismo se tiene en cuenta el impulso de medidas de gobierno encaminadas a políticas medioambientales.

b). Urbanismo y Edificios inteligentes: considera las medidas y políticas que inciden en la eficiencia energética y la sostenibilidad de los edificios y la planificación urbanística. También inciden las normativas y legislación que favorecen el desarrollo sostenible.

c). Movilidad inteligente: incluye aquellas medidas que buscan incrementar la calidad, el servicio y la eficiencia del transporte urbano, como por ejemplo la adopción de sistemas de tráfico inteligente que permiten monitorizar y controlar la circulación de vehículos en la red de calles de la ciudad. También incluye las medidas que potencian un transporte sostenible como el impulso del uso  de la bicicleta y del parque automovilístico eléctrico.

d). Energía y Medio Ambiente inteligentes: hace referencia a las medidas de eficiencia energética y de reducción del impacto medioambiental. Por ejemplo, el desarrollo de la producción de energías limpias, la producción local de energía, la aplicación de medidas de gestión medioambiental, la reducción de consumo de recursos naturales y la mejora de la fiabilidad de suministro de las redes de distribución.

e). Servicios inteligentes: tienen en cuenta los diferentes servicios que están disponibles para los ciudadanos, ya sean ofrecidos por la administración, empresas, asociaciones y demás iniciativas ciudadanas. Se incluyen en esta dimensión las redes de servicios urbanos, agua, gas, saneamiento, electricidad, comunicaciones y también servicios como la educación o la sanidad.

En este sentido, y según un estudio de la OCDE, las ciudades, como ejes de la economía global, son puntos centrales de transformación, y en un futuro próximo, subrayarán aún más su importante función en el desarrollo económico basado en el talento ya que:

a). En ellas se concentra la mayor parte de la población más cualificada, formada, creativa y emprendedora del planeta, lo que representa una importante fuente de conocimiento.

b). Pueden sustentar grandes redes empresariales y de inversión que generen inversión y economías de escala al generar y extender la innovación.

En lo referente a la vinculación entre la tecnología y el desarrollo de las “Smart Cities”, puede afirmarse con Tecno, que la tecnología es una de las herramientas claves para el desarrollo de la “Smart City”, una de las fuerzas habilitadoras que caracterizan a este concepto. El nivel de madurez de las TIC va a influir en la estrategia a seguir para desarrollar la “Smart City”. A continuación se describe una definición para poder evaluar el nivel de madurez de las TIC.  La  madurez de una ciudad desde el punto de vista de las TIC puede categorizarse en una de las siguientes tres etapas:

a). Dispersa (Scattered): Ciudades que están desarrollando proyectos enmarcados en una o más dimensiones inteligentes (por ejemplo, la introducción de sistemas inteligentes de transporte o la reducción del consumo energético) En este nivel, las iniciativas inteligentes son administradas por las estructuras departamentales como una serie de proyectos aislados. Teniendo en cuenta el nivel de madurez de los proyectos “Smart City”, la mayoría de iniciativas se encuentra en este estado dado que consisten en proyectos piloto aislados orientados a resolver una problemática específica.

b). Integrada (Integrated): En este nivel de madurez, las iniciativas comienzan a estar más coordinadas, buscando sinergias para aprovechar una mayor colaboración en la gestión de la cartera de proyectos. En esta etapa el valor entregado por las iniciativas es mayor que su simple suma al potenciar las externalidades positivas. Algunas ciudades están empezando a integrar y alinear sus diferentes iniciativas como en el caso de Amsterdam donde todos sus proyectos están enfocados a la reducción de emisiones de CO2, sea cual sea la dimensión inteligente de origen.

c). Conectada (Connected): En esta etapa, las iniciativas inteligentes son parte de un plan maestro integral gestionado por un modelo de gobernanza, que incluye además del gobierno, la ciudadanía y las empresas. En este nivel, se consiguen los mejores resultados posibles. Actualmente sólo algunas de las ciudades de nueva planta están teniendo en cuenta un plan maestro integral, Gujarat, en India, por ejemplo. Sin embargo, aún no existe ninguna ciudad con una implementación integral de “Smart City”. Este es el gran reto de las ciudades ya existentes, dado que su proceso de transformación es mucho más complejo, con impacto en la vía pública, en el mobiliario urbano y en los edificios ya construidos.

Ametic ha estudiado los aspectos principales de la “Smart City”, desde diferentes perspectivas. Entre las que se pueden citar los aspectos sociológicos de la “Smart City”, el impacto de la tipología de ciudad, los servicios, las tecnologías, los estándares, la financiación o las políticas públicas de apoyo a las “Smart Cities”. En base a todo ello, ha elaborado un decálogo de pasos a dar para convertir a una ciudad en una “Smart City”. Su finalidad se basa principalmente en determinar una hoja de ruta orientativa en la toma de unas decisiones a llevar a cabo, teniendo en cuenta que todo ello, y la realización de esta evolución, lleva consigo el compromiso de los recursos de la ciudad de forma profunda y por un largo periodo de tiempo. Estos pasos a seguir son los que se enumeran a continuación:

1º.- Caracterización de la ciudad. En primer lugar, es necesario caracterizar la ciudad. Conocer sus fortalezas y debilidades, su perfil sociológico y demográfico, sus necesidades más perentorias y cómo éstas van a evolucionar en el futuro. Un paso previo de análisis es imprescindible para determinar qué necesidades se quiere atender, y qué oportunidades se pretende explotar.

2º.- La “Smart City” que se desea tener. Una vez caracterizada la ciudad, hay que decidir qué “Smart City” se desea tener. La definición de “Smart City” es amplia, de manera que es menester seleccionar qué tipología de “Smart City” se adapta mejor a las necesidades de la ciudad. Por ejemplo, una ciudad con una población que envejece rápidamente podría priorizar los servicios socio-sanitarios de la “Smart City”. Una ciudad con un consumo energético muy ineficiente podría priorizar los servicios de energía. En resumen, se trata de seleccionar los servicios de mayor interés para la ciudad, y comenzar a trabajar en ellos.

3º.- El factor tiempo. La transformación de una ciudad en “Smart City” es un proceso largo, que requerirá del esfuerzo continuado durante muchos años de todos los agentes y equipos de Gobierno que se impliquen en el proyecto. Por ello, antes de iniciar esta transformación es necesario disponer de un compromiso firme por parte de todos estos agentes y de las fuerzas políticas que podrían gestionar la ciudad a lo largo de todo ese proceso.

4º.- Los agentes de la “Smart City”. La transformación de una ciudad en “Smart City” es un proceso de gran envergadura y que requiere de la participación de múltiples agentes. Tanto las Administraciones Públicas como las empresas y los ciudadanos tienen que implicarse activamente y por un largo periodo de tiempo. Antes de iniciar el proyecto hay que asegurar la adhesión y participación de todos los agentes, desde empresas de suministro energético, servicios financieros o de transportes, hasta la sociedad civil.

5º.- La financiación. La transformación de una ciudad en “Smart City” es un proyecto de inversión que requiere financiación. Esta financiación debe proceder tanto del ámbito público como del privado, pues las ganancias de eficiencia que se derivan de los servicios prestados por la “Smart City” alcanzan a ambas esferas. Un marco sostenible de financiación de la transformación ha de ser, necesariamente, parte de ese gran pacto con todos los agentes. La sostenibilidad económica en el tiempo es crucial para el éxito de toda iniciativa en el ámbito de las “Smart Cities”. Modelos como el comentado en el capítulo de colaboración público-privada pueden ser de gran utilidad para lograr esta sostenibilidad.

6º.- La comunicación. La transformación de una ciudad en “Smart City” es un proyecto de gran envergadura que requiere la implicación de los ciudadanos. La comunicación ha de ser constante y consistente, y la transformación ha de ser vista por todos los habitantes de la ciudad como un proyecto común y de gran alcance. La comunicación, junto con la alfabetización digital entre aquellos segmentos de población menos familiarizados con la Sociedad de la Información y sus tecnologías, ha de ser un eje clave y vertebrador del proyecto, que colabore a mantener y sostener el necesario esfuerzo a lo largo de todo el proceso.

7º.- El “quick win”. La transformación de una ciudad en “Smart City” es un proceso lento, pero no obstante el plan de proyecto ha de incluir algún logro intermedio que permita que los agentes de la ciudad accedan a algunos de los beneficios de la “Smart City” en el menor plazo posible. Así, conviene trabajar en un programa detallado para la implantación de las diferentes acciones, distinguiendo entre las de corto plazo y las de medio-largo plazo. Entre las primeras se encuentran las encaminadas al desarrollo de las redes inteligentes de energía eléctrica y muy especialmente a las correspondientes de las telecomunicaciones relacionadas. Ya hay normativa que cumplir, como el caso de la medida inteligente (contadores con telegestión) y resulta necesario, a corto plazo,  una actuación conjunta en los dos campos. Hay otras acciones, como las relativas al internet del futuro que pueden enfocarse al medio-largo plazo.

8º.- Los estándares. La disponibilidad de estándares es clave para impulsar el desarrollo de las “Smart Cities”. Los responsables del proyecto de transformación han de seleccionar soluciones y estándares abiertos, huyendo de soluciones propietarias y cerradas que pueden comprometer el futuro de las inversiones que se realicen. Las propias ciudades pueden y deben colaborar en la definición de los estándares propios de la “Smart City”.

9º.- Las tecnologías. En general, y salvo para la realización de pruebas piloto, es conveniente minimizar el riesgo tecnológico en el desarrollo de proyectos innovadores en el ámbito de las “Smart Cities”, adoptando soluciones maduras y estables que no comprometan el éxito del proyecto. En este sentido el apoyo en las redes de ciudades que comparten sus propios recursos tecnológicos, puestos en marcha y con un suficiente nivel de madurez, se presenta como una gran oportunidad. También es necesario prestar atención a la usabilidad de las tecnologías puestas a disposición de los ciudadanos, dado que en ella reside la clave del éxito de las iniciativas que requieran de la participación ciudadana.

10º.- Las métricas. Todo proyecto requiere un conjunto de indicadores y métricas, de seguimiento y de impacto, que permita medir tanto el avance del mismo como sus resultados. En el caso de las “Smart Cities”, el alcance, coste y duración del proceso de transformación hace especialmente necesario disponer de métricas eficaces que faciliten la evaluación y seguimiento. Es por tanto imprescindible definir un conjunto de indicadores prácticos, adaptados al amplio concepto de “Smart City”, que permitan evaluar y hacer seguimiento de la evolución de las ciudades.

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