El president de la Generalitat, Artur Mas, podría haber sido el cliente perfecto para el último producto que el popular bufete Legalitas acaba de poner en el mercado. Por sólo 11 euros al mes podría disponer de una defensa legal completa (abogado, procurador y todos los gastos del procedimiento en primera instancia). El problema es que sólo cubre un caso al año. Se queda corta. Demasiado corta.
Y él tiene cola. Una cola larga. Porque su empeño en llevar a cabo la consulta independentista ya le ha deparado cuatro querellas y una quinta, la del Gobierno, que parece estar en camino.
La primera es del sindicato que dirige Miguel Bernad, Manos Limpias. De hecho, es una querella ampliada por sexta vez, por “insubordinación” al Tribunal Constitucional por mantener los preparativos y llevarlos a cabo, además de por desobediencia, rebelión, prevaricación, provocación a la sedición y malversación de caudales públicos.
La segunda es de Vox, el nuevo partido conservador que lidera Santiago Abascal. Vox presentó una querella ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) —el órgano competente para enjuiciar y juzgar a los aforados autonómicos de esa Comunidad, como es el caso de Mas— el pasado mes de octubre. Por los delitos de sedición, rebelión, prevaricación, desobediencia al cumplimiento de resolución judicial y usurpación de atribuciones y funciones.
El partido Unión, Progreso y Democracia (UPyD) que capitanea la diputada Rosa Díez, presentó el domingo, día de la seudo consulta, una denuncia ante un juzgado de Barcelona contra Mas por los delitos de desobediencia y prevaricación por celebrar la consulta a pesar de la suspensión. UPyD solicitó a la Fiscalía que paralizara el proceso y detuviera a sus autores pero los jueces que tenían que tomar la última decisión decidieron dejarlo correr.
Esta querella también está dirigida contra Irene Rigau, consejera de Educación del Govern, y Ramón Espadaler, titular de la Consellería de Interior. A los tres se les acusa de omisión de perseguir delitos y a todos sus “cómplices, cooperadores necesarios, encubridores y coautores”.
El Tribunal Supremo, precisamente ayer, archivó otra querella anterior de UPyD contra Artur Mas, presentada el 8 de octubre contra Mas por mantener la consulta del 9N que el Tribunal Constitucional había suspendido, por los delitos de prevaricación, desobediencia, usurpación de funciones, malversación y delitos electoral. En ella incluyeron a la presidenta del Parlament de Cataluña, Nuria Gispert.
El Alto Tribunal estableció que no tenía competencia para investigar el asunto.
El penúltimo en entrar en el juego ha sido el abogado Emilio Rodríguez Menéndez, a través de su asociación, Pro Justicia siglo XXI, que ha presentado hoy otra nueva querella ante el TSJC contra Artur Mas por los delitos de prevaricación administrativa, malversación de caudales públicos, desobediencia, coacción así como otros delitos electorales recogidos en la Ley Orgánica del Régimen Electoral General.
La última querella se supone que será la del Gobierno. El fiscal general del Estado se reunión ayer miércoles, en la sede central de este organismo —en Madrid— con el fiscal superior de Cataluña, José María Romero de Tejada, y su número dos, Francisco Bañeres.
Con la información recabada a los Mossos d’Esquadra sobre la participación de las autoridades autonómicas en la organización de la consulta, elaborarán desde Barcelona la preceptiva querella contra Mas, que sería presentada con toda seguridad ante el TSJC, y de la que sería competente la Sala de lo Civil y Penal de ese tribunal, que preside el magistrado Miguel Ángel Gimeno.
Serán cinco querellas que se parecen mucho, que circulan por vías paralelas o similares. Ciertamente el novedoso paquete de Legálitas se le queda corto a Artur Mas. Seguro que tendrá que invertir más de 11 euros al mes para salir con bien de estos seis tifones legales que amenazan su estabilidad política y su patrimonio. Ciertamente, aunque confíe en llegar a buen puerto indemne, el nivel de sufrimiento, desasosiego y preocupación personal seguro que se cobrará su parte. Porque ya saben el viejo dicho gitano, “¡tengas pleitos y los ganes!”.