José Yoldi: "Baltasar Garzón se pasó de frenada diecisiete pueblos y lo pagó"

José Yoldi: «Baltasar Garzón se pasó de frenada diecisiete pueblos y lo pagó»

16 / 01 / 2015 00:00

Actualizado el 08 / 04 / 2016 10:35

En esta noticia se habla de:

José Yoldi es uno de los grandes del periodismo de tribunales. Posee una experiencia de más de 40 años que ahora ha vertido en su nueva faceta, de escritor, con “El enigma Kungsholm”. Un gran thriller periodístico que parte de una historia real. Con “Txetxo” conversamos sobre su novela y sobre muchas más cosas, incluyendo Baltasar Garzón, que escribió el prólogo de su libro y se lo presentó.

TEXTO E IMÁGENES: CARLOS BERBELL Y YOLANDA RODRÍGUEZ

“Txetxo” Yoldi (Donostia-San Sebastián, 1954) es un gran conversador. Con él las horas se hacen minutos y los minutos, segundos. Posee, además, una gracia especial para contar las cosas y tiene un gran don de gentes. 

Comenzó su carrera profesional en la agencia de noticias Europa Press y luego la prosiguió en el diario El País. Desde esa plataforma cubrió todos los grandes juicios de la historia reciente de España, incluyendo los que se celebraron en el Tribunal Supremo contra Baltasar Garzón, uno de los cuales decretó su inhabilitación como juez.

Sus crónicas provocaron, en 2012, la caída del presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, por una supuesta malversación de fondos públicos, la primera vez en la historia que un hecho de esa índole ha tenido lugar. 

“El enigma Kungsholm” es su último “hijo”, el primero de su nueva etapa literaria, que le ha servido para “conjurar fantasmas”, aunque ya no se acuerde de ellos.

O no quiera.

¿Cuántas horas de psiquiatra te has ahorrado con esta novela?

No muchas.

Pues en la presentación de tu libro dijiste que había sido un desahogo…

Pues fijaos, quizá en ese momento lo pensaba porque estaba muy “mojao” (se ríe). A ver, qué duda cabe que el periódico del que se habla es el periódico de referencia en Madrid y todo el mundo tiene en mente de cuál se trata.

La protagonista trabaja para ese periódico e investiga un caso que tuvo lugar de verdad. Un reportaje sobre la entrega de casi 500 millones de pesetas en negro a un bufete de abogados. Su jefe, el jefe de la Sección de Investigación del periódico, le dice que siga investigando a pesar de que lo tenía cerrado.

Por tener, tenía hasta un recibo de ESABE Express que certificaba que habían llevado 17 sacas de dinero a la mesa de la sala de juntas de ese bufete y que no os voy a contar cuál es porque os lo podéis imaginar (en su cara se dibuja una mirada y una sonrisa cómplice). Dinero en negro que después se entregó a cada uno de los accionistas.

El socio de ese bufete, que había montado el negocio que dio esos resultados, fue investigado por un juez de instrucción de Madrid. Entró como testigo y salió como imputado, y se echó a llorar.

No conozco ningún caso en el que un abogado se eche a llorar después de un interrogatorio. He preguntado a abogados, a catedráticos…, a todo el mundo. Oye, ¿tú conoces algún caso…? Nadie. Sólo ese.

Conocen otros casos como el de una primeriza a la que, en un determinado momento, le tocó  intervenir en un juicio. Le entró el miedo escénico, dijo ‘¡Ay, Dios mío!’, y salió corriendo.

Decíamos lo del psiquiatra porque en la descripción del editor del medio éste no queda muy bien parado…

¿De verdad? No guardo ningún afán de revancha. No soy un tío rencoroso, pero es verdad que hay unos personajes que los necesito para contraponer la bondad de unos y la maldad de otros.

Por ejemplo, el personaje de Quico Merino [periodista miembro del equipo de investigación del periódico que es un chivato y un traidor]. Ya sé que estáis pensando en una persona concreta. Mucha gente me ha dicho: no lo describas tan bien porque se nota mucho.

Es un personaje que no merecería tener una dimensión literaria, pero yo lo incluyo porque es el que le mete el dedo en el ojo a la protagonista.

Es un tipo que, mientras tú hablas por teléfono, él está atento a ver si puede pillar algo para levantarte una noticia.

Otras personas reales tienen también su traslación a personajes, ¿cómo por ejemplo?

En el libro he incluido anécdotas que son reales. La abogada Ana Madera, que en la novela se llama Ana Fierro, la anécdota de la pulsera con los dos pedruscos de esmeralda es genuina y tal cual.

Ella saca a un narco colombiano de la cárcel y éste le regaló la pulsera que mostró en la presentación de mi libro levantando el brazo para que todas la vieran.

También incluí otra anécdota con ella. Estábamos los periodistas en el hall de la Audiencia Nacional esperando la salida de Suárez Trashorras. Era el típico día de 11-M. Entonces, sale Ana Madera del Juzgado Central de Instrucción 6, que ocupaba entonces Juan del Olmo, y se encuentra con Rocío, la pasante de Marcos [García Montes], que es mucho más guapa que ella. Y le dice, ‘¡Uy!, Rocío, ¡que te has puesto tetas!’. La tal Rocío, que iba con un vestido azul, se puso roja hasta el vestido, y se tapó rápidamente con una carpetilla negra.

Ni que decir tiene que todos los presentes, hombres y mujeres, la miramos precisamente ‘eso’. Y Ana, viendo su azoramiento, añadió: ‘que no hay que avergonzarse, chica. ¡Que las has pagado!’. Luego, la miró fijamente y le dijo, ‘¡pero si también te has puesto morros!’ [se ríe a carcajadas].

La protagonista es Paz Guerra. ¿Te has inspirado en alguien en concreto?

No, es un estereotipo que abarca a cuatro personas físicas con características que recoge ese personaje que es Paz Guerra. Dos de ellas son compañeras en el diario El País. Las otras dos son periodistas de otros lugares.

¿Qué proporción de realidad tiene tu libro?

Alrededor de un 70 por ciento porque hay muchas anécdotas que han ocurrido en la vida real y que yo atribuyo a varios personajes, pero es verdad que cuando me ha convenido he metido partes de ficción que no han ocurrido en la realidad, como en la resolución de la novela, para no dar pistas.

[[{«type»:»media»,»view_mode»:»media_large»,»fid»:»27732″,»attributes»:{«alt»:»»,»class»:»media-image»,»height»:»270″,»typeof»:»foaf:Image»,»width»:»480″}}]]

La novela está trufada de abogados, pero hay dos que nos llaman especialmente la atención. Uno es el máximo responsable del asesinato. El de verdad, sobre el que basas el personaje, ¿tuvo tanto poder como relatas?

Ese abogado tuvo muchísimo poder. Tuvo todo el poder.

El segundo personaje en la realidad fue condenado y escapó al extranjero. En su momento -que fueron años- ¿llegó a acumular tanta capacidad de hacer cosas tan oscuras?

Creo que fue un producto de su época y que funcionaba al margen de la ley pero utilizando la ley. Controlaba parte de los bajos fondos. Y tenía fecha de caducidad, como se ha demostrado. 

¿Cómo acabó el caso real del ‘enigma Kungsholm’?

En prescripción, cinco años después. Me metí a fondo y conocí a muchas de las personas que lo llevaron. Recuerdo muy bien a una funcionaria, Chon, que todavía conservaba tres carpetillas de plástico con los nombres de los imputados y los abogados personados. ¡Eran todos catedráticos!. ¡Todos! Treinta y tantos catedráticos. Todo el firmamento catedralicio estaba allí. Ella me contó que todos los días le solía preguntar al juez de instrucción, ‘señoría, tenemos esto, ¿qué hacemos con ello?’. Hasta que un día el juez le dijo: ‘mire, Chon, no me vuelva a preguntar por esto nunca más’.  

¿Se presentó el juez de la realidad a vocal del Consejo General del Poder Judicial, como en la novela?

No, pero había que vestir un poco el santo. Era lo que se llevaba en aquel momento.

¿Te documentaste…

… a fondo. Me fui a un funeral de los Jerónimos a tomar nota. Todos los asistentes eran altos, rubísimos. La única que desentonaba era una señora rubia, sí, pero bajita, que llevaba un pantalón de cuero negro ceñido: Isabel Tocino. Yo tenía una al lado que me sacaba la cabeza. Llevaba puestas unas bailarinas de charol, con un lazo de raso. ¡Me miraba con una cara de odio! Porque yo estaba, claro, tomando nota con la libreta.

¿También estuviste en la Isla Cayman?

No. Me he documentado, igual que con Panamá. La historia fue la que fue, pero yo me la salto y, en definitiva, hago ficción.

Un libro de ficción muy cercano a la realidad. De un autor muy descreído…

40 años haciendo esto, ¡como para no ser descreído! [se ríe].

¿Baltasar Garzón fue una víctima del sistema?

Garzón se pasó de frenada diecisiete pueblos y lo pagó. Ese fue el problema. Y cuando tú te pasas de frenada con determinados señores no te perdonan ni una.

Garzón pisó excelentísimos callos del Tribunal Supremo durante la instrucción del caso de Acción Nacionalista Vasca y el Partido Comunista de las Tierras Vascas, ANV y PCTV. Ocurrió el 8 de febrero de 2008. Garzón no sólo ordenó clausurar sus sedes, convocar y participar en actos políticos como partidos y congelar las cuentas bancarias y embargar las subvenciones. No, el juez añadió la de cortar el agua, la luz y el teléfono.

La medida fue tan drástica que dejó sin contenido las medidas cautelares que la Fiscalía y la Abogacía del Estado habían solicitado en el proceso civil de ilegalización de ambos partidos que se estaba desarrollando de forma paralela en el Tribunal Supremo. Aquella tarde el abogado de ANV, Iñigo Iruin, recibió órdenes de la formación de no asistir a la vista que debía celebrarse en el Supremo.

Iruin le dio planton a Sus Señorías del Tribunal Supremo, de la cúspide de la justicia. 

Aquello fue percibido por los altos señores del Supremo como una humillación supina por parte de Garzón. ¿Quién se creía Garzón que era?

Ahí comenzó todo.

De aquellos polvos los lodos posteriores.

¿Se suele decir que quién hace la ley hace la trampa?

Estos no hacen la ley: la interpretan. Pero me gustaría recordaros que en el año 98 hubo un acuerdo de la Sala del Tribunal Supremo, acuerdo no jurisdiccional, donde decidieron saltarse la Ley del Jurado. Esta ley, en su artículo 2 contempla la celebración de juicios por jurado tanto en los 17 Tribunales Superiores de Justicia como en el Tribunal Supremo, por razón del aforamiento de los acusados.

En los Tribunales Superiores de Justicia cumplen con esta ley. Recordemos el juicio contra el ex presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, por el asunto de los trajes. Pero en el Tribunal Supremo, no. ¿Por qué? Porque el Pleno de la Sala Segunda decidió que era una chorrada.

¿Cómo alguien va a entender que en la Sala Segunda haya nueve legos y un magistrado del Supremo? Para nada. Y decidieron que si tenía que celebrarse un juicio con jurado todos serían jueces. ¡Así, con dos narices!

Entonces, ¿hecha la ley, hecha la trampa? No, con interpretarla a tu manera es suficiente.

[[{«type»:»media»,»view_mode»:»media_large»,»fid»:»27729″,»attributes»:{«alt»:»»,»class»:»media-image»,»height»:»320″,»typeof»:»foaf:Image»,»width»:»480″}}]]

Uno de los principales delitos sobre los que gira el libro es sobre el blanqueo de dinero. No hace mucho hiciste una columna en la que decías que para acabar con ese delito había que elevar el plazo de prescripción de 5 a 15 años. ¿Por qué no se hace?

Es muy simple. Y yo os pregunto, ¿a quién afecta esto? A los tipos que tienen el poder económico.

¿Todo está condicionado por el poder económico?

Igual todo, no. Pero en parte, sí. El poder económico condiciona al poder político y también a gran parte de la Justicia.

¿No te induce a ser pesimista todo esto?

No, porque a pesar de lo que he dicho, yo soy un tipo positivo y optimista. Porque tengo que hacer notar que, a pesar de todo, hay un tipo que ha sido ministro con Aznar, Jaume Matas, que está en prisión. Que la expresidenta del Parlamento de Baleares está en prisión. Que el expresidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, está en prisión. ¿Qué hay mucho por andar? Sin duda. Pero hay cosas que funcionan.

Hace dos años dije aquello que no ha nacido el tribunal que condene a una infanta de España y sigo manteniéndolo. Pero, ¡es que se va a sentar en el banquillo, aunque sean diez minutos!

Ha habido un juez con arrestos que ha tenido que hacer 250 folios para imputar a la infanta. Eso en cualquier otro sitio es medio folio, ‘se declara imputada a la señora, que venga a declarar’. ¿Qué va a pasar con el caso Urdangarín?, por ejemplo. Pues que le van a caer 19 años, porque no le van a condenar a los 20. Pero 19, sí.

Por eso soy optimista.

¿Qué sabor de boca te quedó con el caso del presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, cuya dimisión provocaste?

Yo no tuve nunca mala relación con Dívar. Ni antes, ni durante. Sé que él en la radio soltó una serie de barbaridades pero él llegó a apreciar que, de ninguna de las maneras, me quería meter con su vida privada. Ahora, lo que no era tolerable es el hecho de que el señor se fuera con su hombre de seguridad de viaje a costa de todos. Ya sé que es el presidente del Tribunal Supremo todos los días del año, pero pienso que fue muy torpe.

Si él llega a decir lo que dijo el Rey, aquello de  ‘esto ha sido una mala interpretación de la norma, lo lamento mucho. No volverá a ocurrir y devuelvo estos cuatro duros porque lo demás lo tengo pagado’, Carlos Dívar hubiera seguido al frente del CGPJ y del Tribunal Supremo.

Pero se obcecó tanto que se negó a dar explicaciones a los suyos. A él le sostenía la Asociación Profesional de la Magistratura y cuando fueron a pedirle explicaciones les mandó a hacer puñetas.

Tú has estado más de 30 años cubriendo la Audiencia Nacional. Mucha gente ha dicho que había que hacerla desaparecer. ¿Cuál es tu punto de vista?

Ahora ya no se pide. Por supuesto que los de ETA, sí. La sociedad, para nada. Entienden que es muy necesaria la Audiencia Nacional. Tanto para lo que es la corrupción, crimen organizado y terrorismo.

Es verdad que yo creo que si se lo planteas a la sociedad le gustaría que hubiera más de seis jueces de instrucción. Que no siempre le tocara a los mismos. Que a un tipo como Ruz, que está de interino desde hace cuatro años y medio, que esa plaza no se haya cubierto bien. Y que le hayan caído todos los casos gordos.

Con esto quiero decir que hay cosas muy mejorables en la Audiencia Nacional, pero no les interesa a ninguno. Ni al PP ni al PSOE, que son los que pueden cambiar las cosas cuando llegan al poder.

[[{«type»:»media»,»view_mode»:»media_large»,»fid»:»27733″,»attributes»:{«alt»:»»,»class»:»media-image»,»height»:»271″,»typeof»:»foaf:Image»,»width»:»480″}}]]

Tenemos una Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882. Todos están de acuerdo en que ha quedado obsoleta. ¿El contencioso de que los fiscales instruyan es el principal obstáculo para su modernización?

Vamos a poner las cosas claras: Nadie tiene interés en eso. ¿Por qué? Porque habría que aumentar la plantilla de fiscales. Darle cierta independencia al fiscal general del Estado. No lo que hay ahora… Jamás va a haber un fiscal independiente. Pero tampoco lo hay en Estados Unidos y sin embargo los jueces de garantías sí lo son.

El problema es que aquí no puede haber jueces de garantías porque no hay tíos que se crean de verdad la función de juez. Hay cuatro.

Los demás son ‘nomefos’. No-meterse-en-follones. Si alguien quiere llegar al Tribunal Supremo, que es la máxima aspiración de 15 personas que llevan lo penal, tiene que hacer muchas relaciones públicas.

La vía de los méritos ya no funciona. Antes sí. Me acuerdo de uno de ellos, Perfecto Andrés Ibáñez, al que estuvieron dándo caña. Era un tío que sabía mucho derecho y acabó llegando al Tribunal Supremo. Ahora, no. Además, el sector de la derecha ha encontrado la ‘piedra filosofal’: El asunto consiste en nombrar a tíos jóvenes.

Porque a un tío joven lo vas a tener cautivo ahí el resto de sus días. Va a estar veinte años. Hasta los 70 años. De tal manera que los que se van a ir jubilando son los hijos de la izquierda. Y nuevamente entramos en el reparto. Y como el reparto es uno a uno… No es ‘se ha ido uno de la izquierda y metemos a uno de la izquierda’. No, metemos a uno de la izquierda y a otro de la derecha. Con lo cual siempre vas a salir teniendo mayoría. 

Así están las cosas y no van a cambiar. Por lo menos en el corto o el medio plazo.

¿Habrá segunda novela?

Estoy en ella, ya. Sí, la literatura me apasiona. Lo confieso. 

Noticias relacionadas:

Lo último en historico

Los abusos sexuales pueden implicar penetración vaginal, anal o bucal, lo mismo que en las agresiones sexuales

Los abusos sexuales pueden implicar penetración vaginal, anal o bucal, lo mismo que en las agresiones sexuales

La Fiscalía pide prisión para los responsables de Manos Limpias y Ausbanc

La Fiscalía pide prisión para los responsables de Manos Limpias y Ausbanc

Andreu estudia si impone fianzas civiles al banco y a una treintena de imputados

Andreu estudia si impone fianzas civiles al banco y a una treintena de imputados

Mas responderá sobre la supuesta herencia oculta de Pujol y el caso ITV

Mas responderá sobre la supuesta herencia oculta de Pujol y el caso ITV

Jueces españoles y portugueses colaborarán en formación

Jueces españoles y portugueses colaborarán en formación