El ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, ha admitido hoy que llevó una contabilidad b en el PP, pero ha negado que las donaciones realizadas al partido tuvieran relación con las adjudicaciones de obras realizadas por las administraciones públicas en Baleares, o en cualquier otra autonomía.
Así lo ha indicado durante la comisión de investigación de Son Espases en el Parlament, en la que ha comparecido desde videoconferencia desde la cárcel madrileña de Soto del Real, donde se encuentra en prisión, y desde donde también ha lamentado que no le haya podido acompañar su abogado, Javier Gómez de Liaño.
Durante su comparecencia, Bárcenas ha explicado que las donaciones que recibía el PP no eran «a consecuencia de ninguna adjudicación pública», sino que «era una operación por parte de las empresas, de relaciones públicas, de tener buena relación con el partido».
Bárcenas ha apuntado que el interlocutor de estas operaciones normalmente era el extesorero nacional del PP, Álvaro Lapuerta, si bien ha añadido que él también solía estar presente. En este sentido, preguntado por si esta situación se producía en Baleares, ha considerado que el presidente del PP en Baleares «no recibía personalmente ese dinero» porque sería el gerente del partido de cada isla o de la comunidad el que lo gestionaría.
BÁRCENAS: «LLEVAMOS UNA CONTABILIDAD PARALELA»
«El tesorero Álvaro Lapuerta y yo llevábamos una contabilidad paralela durante una serie de años», ha declarado Bárcenas antes de negar que el PP tenga cuentas en paraísos fiscales puesto que «las únicas aportaciones recibidas en el PP han sido aportaciones en metálico, en cuenta corriente, o bien los papeles del PP de anotar aportaciones en efectivos y se lleva una contabilidad paralela en determinados pagos». «Nada de transferencias a paraísos fiscales, las cuentas en Suiza son de Luis Bárcenas», ha manifestado.
En cuanto a Son Espases, hospital del que ha dicho tener conocimiento a raíz de los medios de comunicación y de esta comisión, Bárcenas ha considerado que la relación entre unas donaciones por parte de Villar Mir y el concurso para la construcción del centro se debe a una «casualidad».
«Eso es casualidad, las aportaciones no tenían carácter finalista». «Lapuerta dejaba claro que aceptaba la cantidad pero no tenía carácter finalista», ha declarado antes de explicar que «lo máximo» que podían conseguir los empresarios sería «tomar café» con determinados cargos pero «sin interesarse por nada en concreto».