Gregorio Peña Díaz sorprendió en su casa a su novia desnuda en la cama con «su colega», Mory Fofana. Quiso darle una lección. Y lo hizo, con ayuda de un amigo militar. A Fofana, ciudadano de color, le aplicaron un correctivo. Lo más visible: le afeitaron las cejas. El Tribunal Supremo ha ratificado ahora la condena de la Audiencia Provincial de Las Palmas: 2 años de cárcel y 180 € de multa.
Fofana se llevó un susto de muerte.
Fue el segundo en el lapso de apenas unas horas. La madrugada del 1 de noviembre de 2011 Gregorio Peña lo había dejado marcharse de su casa tras sorprenderlo en la cama, con su pareja. Fofana sintió su ira cuando Peña soltó un fuerte puñetazo en la pared. Desnudo, como estaba, recogió la ropa y salió de la casa como alma que lleva al diablo.
Sin embargo, pocas horas después, a las 10.15, fue interceptado por Peña y por su amigo, Iván Velázquez, e introducido en un coche. Lo llevaron a un descampado “darle una lección de lo acontecido”, de acuerdo con los hechos probados por la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas, que juzgó a Peña y a Velázquez el 19 de noviembre de 2013 en Fuerteventura.
En ese momento sabían que la novia del primero lo había denunciado por un delito sexual, motivo por el que lo metieron a la fuerza en el coche y lo llevaron al descampado, con la intención de arrancarle una confesión de lo sucedido esa noche. «O me cuentas la verdad o te maltrato y después de llevo a la policía amarrado», le espetaron mientras le ataban las manos a la espalda con cuerdas.
Después le taparon la boca con cinta americana negra y le golpearon por todo el cuerpo de forma leve.
Finalmente, le afeitaron parcialmente las cejas con una maquinilla. Dos horas después lo dejaron ante la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía en Puerto del Rosario.
La novia de Gregorio retiró poco después la denuncia porque resultaba inverosímil. No pudo sostener sus acusaciones.
Fofana contó al médico de salud que lo amordazaron, lo agredieron y le afeitaron las cejas. El testimonio coincidió con lo que contó en su denuncia a la Policía.
En la investigación que los agentes de la ley llevaron a cabo después, encontraron en el maletero del coche utilizado cuerda elástica, cinta americana negra, una bolsa con ganchos y un pasamontañas.
Según contó Fofana, lo que le aplicaron fue un “código militar para que contara toda la verdad”. Velázquez había sido militar y había servido en Afganistán.
Peña y Velázquez tuvieron que responder ante el citado tribunal de un delito de detención ilegal y de dos faltas, una de vejaciones injustas y otra de maltrato de obra.
EL JUICIO
Fofana, el principal testigo de cargo, sorprendió a todos en el juicio. Se desdijo de lo declarado, primero ante la Policía Nacional y después ante el juez instructor. Y contó otra historia diferente que el tribunal tachó después de “absurda”.
La víctima sostuvo que esa mañana se encontraron y decidieron seguir de fiesta, pero estalló una pelea entre ellos. Fofana le dijo a Peña que a su “novia le gustaban los negros más que los blancos”. Lo que le sucedió fue el resultado de la reyerta. Nada más.
El magistrado Secundino Alemán, ponente de la sentencia, calificó la nueva versión de “surrealista” porque Fofana había reconocido que el incidente de la cama había sucedido de verdad.
Era evidente que la víctima había mentido al tribunal y así lo dejó dicho Alemán, que estableció que se tomara declaración a Fofana por un delito de falso testimonio.
Peña y Velázquez fueron condenados a dos años de cárcel y una multa de 160 euros por el tribunal de la Audiencia Provincial.
El Ministerio Fiscal había solicitado penas de prisión más altas: cinco años por la detención ilegal y un año por un delito contra la integridad moral.
La condena ha sido ahora confirmada por la Sala Segunda, que rechazó todos los motivos del recurso de casación presentada por la defensa.