Raquel Gago, la policía local imputada en el crimen de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, asesinada a tiros el 12 de mayo de 2014 supuestamente por Montserrat González, podrá recuperar la libertad pagando 10.000 euros. Es la fianza decretada por la Audiencia Provincial de León. Ángela Domínguez opina que la conducta de Gago fue, como menos, «sospechosa».
En tres ocasiones la titular del Juzgado de Instrucción 4 de León, Sonia González, había denegado su puesta en libertad. Fermín Guerrero, abogado de Raquel Gago, apeló a la Audiencia Provincial que, finalmente –y contra el criterio de la Fiscalía y de la acusación particular- ha dado luz verde a su salida de prisión, en libertad provisional.
En la vista celebrada ante la Audiencia, Gago reiteró su inocencia en y explicó que no vio el arma homicida que Triana Martínez había depositado en su coche tras el tiroteo hasta 30 horas después, momento en el que llamó a la Policía. Ante el tribunal, Gago manifestó que “pasaron muchas horas” desde el momento en que recibió, según ella sin saberlo, la pistola, y que podía haberla hecho desaparecer. “Sufrí un bloqueo”, explicó al tribunal.
Para Ángela Domínguez esa explicación no es convincente: “Su conducta es de una frialdad inexplicable y es, como poco, sospechosa. A Raquel la acusa más su silencio y su inacción que sus acciones. Es el personaje más enigmático de este crimen. No se le conoce beneficio alguno por la muerte de la presidenta de la Diputación, pero allí estaba, a dos minutos del lugar del crimen aguardando, recibe una llamada de Triana en los instantes siguientes del asesinato, ambas se encuentran y en su coche se deposita el bolso con el arma del crimen…»
Estos son algunos de los hechos que la inculpan y que motivan el que, aún en libertad provisional, sobre la agente de la Policía Municipal pese una acusación elevada recientemente al grado de asesinato. En su alegato, la propia Raquel Gago ha declarado ante la Audiencia Provincial: «Soy inocente, podría haber tirado el arma y no lo hice»; y sobre este argumento ha insistido su abogado, Fermín Guerrero, en las sucesivas peticiones de excarcelación.
Pero desde la perspectiva de la autora de ‘El crimen de León’, la situación se enfoca de otra manera. «El revólver del crimen es un arma de doble filo para Raquel, de un lado la inculpa, pero de otro puede ser una baza de colaboración con la Justicia».
Mantiene que «deshacerse del arma no hubiera evitado a Raquel el verse inculpada, tanto por las otras dos imputadas que la podrían delatar, como finalmente lo hicieron, como por un testigo limpio e imparcial, el controlador de la ORA que conversaba con ella en el momento del crimen -es su coartada- y que minutos después también observó la llegada de Triana, su saludo a Raquel y cómo dejaba algo -el gran bolso con el arma- en el coche Volkswagen de Raquel Gago».
“Este hecho pudo condicionar su conducta posterior. Porque seguro que el de la ORA lo contaría, tarde o temprano, y ya serían tres testimonios en su contra”, continúa relatando. “Posiblemente, Gago lo pensó mucho, quizá tardó demasiado, y tomó la decisión de entregar el arma. No hay que olvidar que ‘la revelación’ del arma en casa de Raquel se produce escasos minutos después de que la madre y la hija interrogadas en Comisaría, Montserrat y Triana, hayan mencionado en un descuido -que tiene algo de pantomima- que el revólver estaba en manos de ‘alguien que es policía municipal’, explica la coautora.
Domínguez precisa que León es una ciudad pequeña en la que las relaciones personales se conocen y más cuando esas personas en cuestión tienen ansías de notoriedad.
“El crimen de Isabel Carrasco” es un trabajo de periodismo de investigación en profundidad del crimen de la presidenta de la Diputación de León, en el que se hayan todas las claves para comprender lo sucedido.
“Raquel Gago y Triana eran amigas íntimas. Ambas han manifestado que no son lesbianas y que no tenían una relación sentimental”, continúa avanzando. “Lo que te lleva a hacerte una pregunta muy simple: ¿qué beneficio podía sacar la policía local de una conspiración para asesinar a Isabel Carrasco?”, dice la periodista y escritora. “Ese es un misterio todavía por aclarar”.
Raquel Gago siguió con su vida ordinaria tras conocer lo sucedido. Incluso formó parte de la capilla ardiente de Isabel Carrasco, como policía local. “Y es precisamente esta normalidad en las horas posteriores al horrendo crimen del que acusan a su mejor amiga, la que resulta anormal. Como irregular es que no comunicara a sus superiores, siendo policía, que había tomado café con las detenidas esa misma tarde, que había visto a Triana minutos después de la muerte de Carrasco, incluso que olvidara que su amiga le había dejado algo en el asiento trasero del coche».
Otra sombra que proyecta la versión de Raquel es la referida al bolso, «un bolso de gran tamaño con un arma en su interior que no sólo fue depositado por Triana en el asiento trasero del vehículo de Raquel, sino que parece tener dotes de invisibilidad, ya que no fue visto por una amiga que aquella misma noche se montó en la parte de atrás, justo en el lugar donde 30 horas más tarde, de nuevo, sí apareció. ¿Y si no estaba allí y luego sí, quién lo movió?”, añade Domínguez.
“En la investigación del caso ha quedado claro que la policía local no apretó el gatillo, no es autora, pero hay suficiente base para acusarla de encubrimiento. Y la juez de instrucción debe haberlo tenido muy claro para haberle denegado la libertad provisional que ahora le ha concedido la Audiencia Provincial”, terminada diciendo. “En el juicio, espero, conoceremos toda la verdad”.
Raquel Gago abandonó la prisión de Mansilla de las Mulas después de que su familia haya depositado la fianza de 10.000 euros. Sobre las 16.15 horas del jueves, la agente de Policía Municipal abandonó las dependencias penitenciarias, donde permanecía encarcelada desde el pasado mes de mayo. Abandonó el lugar sin hacer declaraciones.