16 años y medio de cárcel. Esa es la pena que tendrán que cumplir seis piratas somalíes que trataron de abordar el atunero español “Izurdia” el 10 de octubre de 2012 cuando navegaba por aguas del Océano Índico. El ataque fue repelido por la seguridad privada del barco. Así lo ha dictaminado la Audiencia Nacional (AN) en una sentencia.
A estos seis aprendices de “Jack Sparrow” se les relaciona con el secuestro anterior de dos barcos pesqueros holandeses y dos iraníes. El tribunal de la Sección Tercera de la AN condenó a los somalíes Adawe Yusuf Ali, Abdi Ali Salad, Abdilahi Ise Jama, Yahye Omar Ali Hasan, Ali Mahamed Hirsi y Ali Mahamed Ili a 16 años de cárcel por dos delitos de piratería y un delito de pertenencia a organización criminal.
Los seis piratas, a los que acompañaba un menor, trataron de abordar al “Izurdia”, pesquero dedicado a la pesca del bonito, propiedad de Atuneros Congeladores y Transportes Frigoríficos S.A. (ATUNSA). El “Izurdia” tiene su base en Bermeo, Vizcaya.
El ataque tuvo lugar en pleno mediodía, a las 12.10 del 10 de octubre de 2012. Los condenados se aproximaron al barco español a toda velocidad a bordo de una lancha, abriendo fuego sobre él, empleando ametralladoras RPG’s y fusiles Kalashnikov AK-47, con el fin de aplacar toda resistencia.
El ataque sorpresivo se encontró con la respuesta del personal de seguridad privada, que repelió el ataque disparando unos metros por delante del esquife. Durante treinta minutos, los piratas jugaron al ratón y al gato con el barco español, hasta que se convencieron de que era inexpugnable. Desistieron y abandonaron.
Al día siguiente, en la madrugada del 11 de octubre, el barco de guerra de la Marina Holandesa , el HNLMS Rotterdam, localizó a esa misma lancha a 200 millas náuticas de la costa de Somalia.
El HNLMS Rotterdam estaba actuando bajo el mandato de la Fuerza Naval de la Unión Europea en el marco de la operación Atalanta. Del mismo forma parte la Armada española y su objetivo es detener, prevenir y reprimir los actos de piratería en las costas de Somalia.
El capitán del barco holandés ordenó su detención. Envió dos helicópteros Wildcat sobre la lancha de los piratas, los cuales, en la huída, se deshicieron de todas las armas que portaban arrojándolas al mar. Todo ese proceso fue grabado por los cámaras militares, lo cual constó como prueba en el proceso ante la Audiencia Nacional.
Los siete piratas –seis adultos y un menor- fueron entregados a las autoridades militares españolas y después enviados a España.
La sentencia, de la que ha sido ponente el magistrado Fermín Javier Echarri, no considera creíble la versión de los acusados argumentando que «estaban pescando» cuando fueron detenidos por este buque holandés a tenor de los efectos incautados en su embarcación y de las manifestaciones de los testigos y peritos, que declararon en el juicio que «por esas aguas no suele haber pescadores» pero sí hombres dedicados al «negocio» de la piratería.
A esta actividad se dedicaban los miembros de este «grupo experimentado», muchos de los cuales habían participado en el secuestro de otros buques, según pusieron de relieve estos peritos a tenor de un informe de inteligencia que analizaba las huellas dactilares y los mensajes localizados en los teléfonos móviles intervenidos a somalíes dedicados a este tipo de acciones.
«Todos los acusados formaban parte del último eslabón o del primero de ellos, cronológicamente hablando, de una organización dedicada a la piratería encargada del asalto, abordaje y secuestro de personas y bienes a fin de obtener un beneficio ilícito», señalan los magistrados, para añadir que se trataba de una red permanente, jerarquizada y provista de un reparto de funciones, financiación y armas de guerra para «vencer la resistencia de los obstáculos que pudieran hacerles frente».