SEXTING, una moda peligrosa

SEXTING, una moda peligrosa

|
04/10/2015 00:00
|
Actualizado: 04/10/2015 00:00
|

Yolanda Díez Herrero, CNP; experta en ciberdelincuencia

Tal como pone de manifiesto Legalitas, recientemente se han filtrado y publicado en redes sociales y varios foros online fotografías personales e íntimas de varias actrices que han sido obtenidas hackeando sus cuentas en la nube.  Debido al efecto multiplicador que tienen actualmente las redes sociales, estas imágenes se han expandido rápidamente a través de Twitter, y la mayoría de los usuarios de esta red ha podido acceder a dichas imágenes queriendo o sin querer. En este sentido, parece muy preocupante que sea tan fácil –aunque sea ilícitamente – acceder a información tan personal e íntima como son fotografías de naturaleza semi erótica.

Pero quizá, más preocupante es aún, como se han adelantado a afirmar algunas actrices, que algunas de esas fotografías hubieran sido borradas hace tiempo de la nube, y el hacker no haya tenido demasiados problemas para hacerse con ellas y posteriormente filtrarlas a la red.

Consecuentemente con ello, y en este sentido, y tal como apunta Paz Lloria, la revolución tecnológica y la facilidad para la realización y difusión de imágenes ha favorecido, como todo el desarrollo tecnológico, la aparición de nuevos hábitos de conducta que pueden venir acompañados, en ocasiones, de consecuencias lesivas para bienes jurídicos importantes, como siempre que se realiza una actividad de riesgo.

Uno de ellos, en los momentos presentes es el llamado “Sexting”, que supone el envío de imágenes estáticas (fotografías) o dinámicas (vídeos) de contenido sexual de mayor o menor carga erótica entre personas que voluntariamente consienten en ello y, que forma parte de su actividad sexual que se desarrolla de manera libre. 

Según señala el INCIBE el término “Sexting” es una palabra tomada del inglés que une “Sex” (sexo) y “Texting” (envío de mensajes de texto vía SMS desde teléfonos móviles). Aunque el sentido original se limitase al envío de textos, el desarrollo de los teléfonos móviles ha llevado a que actualmente este término se aplique al envío, especialmente a través del teléfono móvil, de fotografías y vídeos con contenido de cierto nivel sexual, tomadas o grabados por el protagonista de los mismos.

En la definición de “Sexting”, y en la determinación de qué es y qué no es una práctica considerada como tal, se plantean los siguientes aspectos:

1). Voluntariedad inicial. Por norma general estos contenidos son generados por los protagonistas de los mismos o con su consentimiento. No es necesaria coacción ni en muchos casos sugestión, ya que son contenidos que alguien crea normalmente como regalo para su pareja o como una herramienta de flirteo. Es decir, generalmente el propio protagonista es el productor de los contenidos y el responsable del primer paso en su difusión.

2). Dispositivos tecnológicos. Para la existencia y difusión del “Sexting”, es necesaria la utilización de dispositivos tecnológicos, que al facilitar su envío a otras personas también hacen incontrolables su uso y redifusión a partir de ese momento. De especial importancia son los teléfonos móviles, que permiten a los menores grabar contenidos en cualquier lugar en el que encuentren la intimidad necesaria. Tampoco hay que olvidar la posibilidad de grabar imágenes de contenido sexual con otro tipo de dispositivos diferentes del teléfono móvil. Destacaría en este sentido la utilización de la webcam. Frente a la  intimidad que el adolescente puede encontrar fácilmente en la utilización del teléfono móvil, en el caso de la grabación a través de la webcam juega un papel muy importante la ubicación del ordenador en la casa. Si el equipo se encuentra en una zona común del hogar, y no en el dormitorio del menor, la sensación de privacidad del menor se reduce y por tanto puede suponer un cierto freno a la grabación de contenidos sexuales.

3). Lo sexual frente a lo atrevido. En la consideración de una situación de “Sexting”, el protagonista de las imágenes posa en situación erótica o sexual. Quedarían fuera del ámbito del “Sexting”, por tanto, las fotografías que simplemente resultan atrevidas o sugerentes, pero no tienen un contenido sexual explícito. Sin embargo, es cierto que la línea que separa la carga erótica o sexual de un contenido puede resultar, en ocasiones, difusa.

4). La importancia de la edad. El “Sexting” no es un fenómeno exclusivo de los chavales. También los adultos difunden fotografías propias de carácter sexual tomadas con el teléfono móvil. De hecho, datos de Estados Unidos revelan que la incidencia del “Sexting” entre los adultos es superior a la detectada entre los propios menores: un 31% de las personas de 18 a 29 años han recibido sexts (imágenes con contenido sexual procedentes de una persona conocida), y un 17% en la franja de edad de 30 a 499. Sin embargo, en el caso de los menores concurren una serie de circunstancias, que se analizarán en el siguiente epígrafe, que exigen un tratamiento especial desde el punto de vista jurídico. Por ello esta guía se enfoca específicamente al “Sexting” practicado por menores de edad.

El fenómeno, que comenzó con la aparición de los mensajes de texto se ha ido incrementando no sólo entre adolescentes, sino también entre adultos, convirtiéndose en una práctica tan habitual como peligrosa, por el riesgo que existe de pérdida de control de esas imágenes que afectan de una manera directa a la intimidad, y que una vez en poder de un tercero pueden ser difundidas con la rapidez y multiplicidad que permiten las TICS, lo que trae consigo una mayor intensidad en la lesión al bien jurídico afectado.

A tales efectos deben tenerse en consideración algunos datos estadísticos que dan cuenta de la magnitud del problema actualmente existente.

Por ejemplo, solamente en España, tal como pone de manifiesto el INCIBE, 2 de cada 3 menores de 10 a 16 años (un 64,7%) posee un terminal de telefonía móvil propio. Este porcentaje aumenta con la edad y se generaliza entre los adolescentes (de 15 a 16 años): un 89,2% tiene teléfono móvil. Y además el 88,6% de los menores españoles con móvil entre 10 y 16 años hace fotografías con su terminal, el 48,2% las envía a otras personas, y el 20,8% las publica en Internet.

En Estados Unidos, en la franja de edad de 13 a 18 años, son más chicas (65%) que chicos (35%) los que envían “Sexting” a través de SMS o e-mails.  Los adolescentes de más edad son más propensos a recibir “Sexting”: en EE.UU., el 4% de los niños de 12 años han recibido un mensaje con imágenes sugerentes (desnudos o semi-desnudos) de una persona que conocen. A los 16 años, el 20%. Y a los 17, el 30%. En España, un 4% de los menores entre 10 y 16 años dice haberse hecho a sí mismos fotos o vídeos en una postura sexy (no necesariamente desnudos ni eróticas) utilizando el teléfono móvil. El 8,1% de los adolescentes españoles de 10 a 16 años declara haber recibido en su teléfono móvil fotos o vídeos de chicos o chicas conocidos en una postura sexy.

De igual forma debe tenerse en cuenta que los chavales que envían “Sexting” lo hacen porque alguien se lo pide o por diversión, pero también para impresionar a alguien o para sentirse bien (autoafirmación). Suelen enviarse a su pareja, a alguien que les gusta, a exparejas o a amigos. Y por ello se hace determinante el papel que han de jugar los padres.  

El 59,9% de los padres y las madres de menores españoles de 10-16 años con teléfono móvil considera que sería muy grave si su hijo se hiciese fotos a sí mismo en una postura sexy. El 60,2%, encuentra muy grave que su hijo reciba fotos de chicos o chicas que conoce en postura sexy.

Por ello se recomienda y es imprescindible  que se concience a los jóvenes de la gravedad de determinadas prácticas en el uso de estos aparatos, tanto para las víctimas si ellos son los responsables, como para ellos mismos si sufren esto, como así lo indica Sandra L.  Los expertos en seguridad destacan la importancia de establecer entre padres e hijos unas normas de uso y respeto a los demás, así como enseñar a los jóvenes que “a Internet le cuesta olvidar”. También recuerdan que algunos contenidos o conductas pueden constituir un delito recogido en el Código Penal.

Las autoridades insisten que hay que tener especial cuidado con las fotos, vídeos y contenidos de todo tipo que se comparten en la red, y no difundir información, imágenes o datos a ningún extraño que haya contactado con nosotros. Hacer chantaje o ciberacoso sexual y grabar o difundir imágenes para dañar a terceras personas es delito. Los padres son los que deben dar a sus hijos pautas para el correcto uso de Internet, redes sociales, smartphones y tablets.

Por tanto, Jorge Flores Fernandez afirma que este fenómeno existe, que constituye una realidad constatable que, además, no es exclusiva de los menores de edad. Pone de relieve, tal como señalábamos al comienzo de estas reflexiones, como personas famosas también lo han hecho y se trata de un fenómeno tan global como la propia Red. Y termina preguntándose: ¿Es una moda, es un accidente, es una consecuencia de los tiempos que vivimos? ¿Por qué lo hacen?

La respuesta a estas cuestiones no es en absoluto fácil, ya que es una práctica reciente sobre el que no hay grandes estudios por lo que nos queda la especulación guiada por la observación. Y especulando… pueden confluir una o varios de estos factores:

1. Creen que una imagen en un terminal móvil está segura y no son capaces de proyectar, de imaginar, las variadas formas en que esa imagen puede salir del dispositivo. Un robo, un error, una broma, un extravío… o la voluntad de su propietario.

2. Confían plenamente en la discreción, sino el amor eterno profesado, por parte del destinatario del envío. Carecen de experiencia vital suficiente que les invite a pensar en que las cosas, en la vida, cambian por muy diversos factores.

3. Sienten cierta presión de grupo que les lleva a ganar notoriedad y aceptación en este contexto, el digital, tan importante para ellos. Este factor, añadido a la plenitud hormonal, puede generar combinaciones poco recomendables.

4. Las influencias y modelos sociales distan del recato. La exhibición de relaciones sexuales o desnudos por personas no profesionales, comunes, abundan en la Red. Si pueden ver a cualquier persona anónima en su intimidad a través de la Red, no parece tan grave que uno aparezca de esta guisa. El “desnudeo” es algo común, hasta cierto punto normalizado.

5. Desconocen las consecuencias que para su vida puede llegar a tener el hecho de que esa imagen comprometida sea de dominio público.

6. La natural falta de percepción del riesgo que acompaña a la adolescencia y el espíritu transgresor desencadenan ciertos desafíos. En algunos casos resulta simplemente divertido, en otros, sirve para coquetear o dar otro contenido a una relación.

En la reciente reforma del Código Penal, se han tipificado como un nuevo delito, y en el mismo se determina que será castigado con una pena de prisión de tres meses a un año —o multa de seis a 12 meses— quien, “sin autorización de la persona afectada, difunda, revele o ceda a terceros imágenes o grabaciones audiovisuales de aquella”, siempre y cuando dicha difusión “menoscabe gravemente la intimidad personal de esa persona”. Los requisitos para considerar que se incurre en este delito —que queda recogido en el artículo 197.4bis— son: que las grabaciones hayan sido obtenidas con “anuencia” de la víctima —es decir, la víctima consintió que se le grabara o fotografiara, pero no que se difundieran las grabaciones— y realizadas “en un domicilio o en cualquier otro lugar fuera del alcance de la mirada de terceros”.

Puede ocurrir que alguien suba a la red fotos intimas de una determina persona, sin que se produzca el consentimiento de a misma. Por ello desde Tecnoxplora se aportan una serie de consejos o soluciones con relación al modo de actuar, que son los siguientes:.

1.- Denunciar en internet. Quizá parezca un poco frívolo que este sea el primer paso, pero si cuando se encuentra la foto se está delante de un ordenador, esa será la primera arma. Si tienes Twitter, menciona al perfil de la Policía Nacional (@policia) para alertarles. De inmediato pedirán el móvil de la persona en cuestión por mensaje directo para llamar y ponerse manos a la obra.

2.- Contactar con el webmaster del sitio donde esté la foto. Si la foto ha aparecido en una web de contactos o similares, escribir rápidamente al administrador de la web (la forma de contacto suele estar visible) para solicitar que retiren la foto. En caso de que la foto esté en Facebook, hay que recurrir al apartado específico que esta red social dedica a las denuncias por posibles vulneraciones del derecho a la privacidad. No hay que olvidar hacer estos dos primeros pasos antes de salir de casa. Tambien hay que recordar: en este momento lo que urge es cortar cuanto antes la difusión de la foto en miles de webs, de modo que conviene que la eliminen antes de que llegue a nuevas manos y la difusión se vuelva imparable.

3.- Denúncialo en una comisaría. Aunque hayas hablado con la Policía Nacional por teléfono, no está de más que te acerques a tu comisaría más cercana. La Brigada de Investigación Tecnológica y la Unidad de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil podrán ayudarte.

4.- Denunciar por lo penal… y demandar por lo civil. Si la foto solo la tenía una persona, hay que proceder a denunciarla. Pero seamos francos: no será tan fácil que haya cometido un delito penado por el Código Penal. Dependerá de muchísimos factores (método de obtención de la foto, sitio donde fue hecha, forma de difusión…), pero, si no existe un delito penal, siempre se podrá utilizar el Código Civil o la legislación tuitiva de la intimidad personal  para demostrar los daños y perjuicios que te ha causado la publicación de esa imagen.

5.- Hay que recordar a los graciosos que se pueden meter en un lío. Seguramente se encuentra a más de un indeseable que ya tiene la foto y le parece divertido pasársela a otras personas. Si se da el caso, es procedente la advertencia de que difundir la foto desnuda llevará consigo una serie de responsabilidad en que puede incurrir el autor de tal acción.

6.- No, no eres culpable de nada. Si no se  puede parar la difusión y ahora todo el mundo tiene ya la foto en sus móviles u ordenadores, hay que recordar que la responsabilidad es siempre de la persona que difunde la foto, nunca de la persona que aparece en ella.

Y finalmente tal como pone de manifiesto Santiago Rojas, en el Diario EL PAIS, una persona que ha sido víctima de ‘sexting’ está expuesta de manera inevitable a ser criticado, juzgado y mal interpretado, con un grado indeterminado de rechazo social. Una vez sus imágenes llegan a la red pública el nivel de control se pierde, teniendo que padecer sus consecuencias. Entonces es esencial trabajar en la restauración del bienestar y equilibrio de quién lo está padeciendo.

El trabajo tiene tres ejes fundamentales, que son la recuperación de la autoestima y propia valoración, el apoyo y contención de su pareja y/o grupo familiar, y la búsqueda de disminuir los efectos de los daños causados por la exposición pública de aspectos íntimos y privados. Sin duda, el primer eje del proceso ha de ser acompañado de un profesional de la salud, un psicoterapeuta, que permitirá la elaboración del duelo. 

Este profesional le ayudará a expresar todos los sentimientos que se presentan, que suelen ser una suma de tristeza y dolor emocional, además de rabia por lo ocurrido, que puede ser identificado en una persona o grupo humano, acompañado de autorreproche por su participación de cualquier manera en el hecho. 

También ha de estar presente el temor a lo que pueda pasar, e incluso la pérdida del sentido de su vida, que desde ese momento puede verse comprometida en el ámbito social a cualquier escala. Cada expresión de estos sentimientos en un ambiente terapéutico se convertirá en un desahogo indispensable para disminuir el dolor evitando acciones evasivas o autodestructivas que pueden presentarse de diferente manera, ya sea por evitación social, refugio en alcohol o drogas, e incluso autoagresión, entre otros.

Y por ello, continua este autor señalando que el proceso restaurador llevará tiempo, sin embargo el buen empleo de éste llevará a poder aceptar lo ocurrido y poder vivir con dicha realidad, aprendiendo a continuar su vida muy a pesar de saber que otros piensen de cualquier manera.  La propia autovaloración dará la confianza para volver a afrontar la vida. Este logro se lleva a cabo si se cuenta con el apoyo de su pareja, en caso de existir, y del grupo intimo de personas que de manera real están al lado para poder contener el dolor y recordar todas las fortalezas que las víctimas tienen.

El último eje tiene que ver, por un lado, con el apoyo que los colegios, universidades o lugares de trabajo hagan de manera comprometida en rechazar cualquier acción destructiva, por cualquier medio, dirigida contra la persona involucrada. Por el otro lado, el de ejercer los derechos legales que nuestra constitución Colombiana tiene al respecto.

El gran aprendizaje social es que esta tendencia no es un juego y así ha de ser transmitida a los jóvenes, quienes en su gran mayoría no comprenden el alcance devastador de esta acción. Entonces, como sociedad, necesitamos fortalecer en los colegios la educación sobre la sexualidad, recordando que ésta no solo compete al área genital. También se debe fomentar el respeto a la intimidad propia y del otro, la autovaloración para evitar exponerse, y el apoyo de los adultos responsables y las autoridades.

Es una manera de limitar ésta peligrosa práctica.

Noticias Relacionadas: