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¿Qué son los «smart contracts» o contratos digitales?

Javier Puyol es abogado y socio de ECIXGroup.Javier Puyol es abogado y socio de ECIXGroup.
| | Actualizado: 04/04/2016 20:03

Los ““smart contracts”, también denominados como “contratos digitales” o “contratos inteligentes” son protocolos informáticos que facilitan, verifican y hacen cumplir la negociación de un contrato sin necesidad de tener una cláusula contractual.

Para BBVA, el término, “smart contract”, hace referencia a cualquier contrato que se ejecuta por sí mismo automáticamente sin que medien terceros entre los participantes individuales.

Los “smart contracts” se describen como programas informáticos en lugar de como un lenguaje legal sobre documentos impresos. El programa puede definir reglas y consecuencias estrictas del mismo modo que lo haría un documento legal convencional, pero a diferencia de los contratos tradicionales, también puede tomar información como input, procesarla según las reglas establecidas en el contrato, y adoptar cualquier medida que se requiera como resultado de ello.

El propósito principal de los contratos inteligentes es permitir que las personas hagan negocios con desconocidos, normalmente a través de Internet, sin necesidad de utilizar un intermediario de confianza.

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La idea es que el software puede automatizar gran parte del proceso, lo que permite hacer cumplir las promesas contractuales sin la participación humana.

Los contratos inteligentes son scripts modulares, repetibles y autónomos que normalmente se ejecutan en un “blockchain” y representan promesas unilaterales de proporcionar una tarea informática determinada.

Estos scripts se almacenan en el “blockchain”, en una dirección específica que se determina cuando se implementan los contratos en el “blockchain”. Cuando se produce un evento contemplado en el contrato, se envía una transacción a esa dirección y la máquina virtual distribuida ejecuta los códigos de operación del script (o cláusulas) utilizando los datos enviados con la transacción.

El “blockchain” garantiza que todo el mundo ve lo mismo, sin que una parte tenga que confiar en que la otra parte sea honrada, pues no se puede falsificar nada de lo que se incluye en el “blockchain”. Podría dar la sensación de que ya no se necesitarán abogados. Pero los “smart contracts” son una evolución del sistema legal, no una sustitución del mismo.

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EL PAPEL DE LOS ABOGADOS PODRÍA CAMBIAR

Consecuentemente con ello, puede afirmarse que el papel de los abogados podría cambiar y pasar de adjudicar contratos individuales a producir plantillas de “smart contracts” en un mercado competitivo. Los argumentos de venta de estos contratos serían su calidad, el grado de personalización que ofrecen y su facilidad de uso. A largo plazo, podríamos ver el surgimiento de mercados organizados de “smart contracts” que, a su vez, se gestionarían totalmente mediante “smart contracts”, cerrando así el círculo.

Dichos contratos pueden estar además codificados de modo que reflejen cualquier tipo de lógica empresarial basada en los datos: desde acciones tan sencillas como votar por una publicación en un foro hasta acciones con un mayor nivel de complejidad, como garantías de préstamos y contratos de futuros, así como acciones sumamente complejas como la fijación de prioridades de pago en una nota estructurada. Un diagrama de flujo para aplicar la lógica empresarial con los contratos inteligentes sería la siguiente:

Tal como señala Wikipedia, los llamados “smart contracts” normalmente también se componen de una interfaz de usuario y a veces emulan la lógica de las cláusulas contractuales En esencia, estos contratos automáticos funcionan como la sentencia if-then (si-entonces) de cualquier otro programa de ordenador.

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Con la diferencia de que se realiza de una manera que interactúa con activos reales. Cuando se dispara una condición pre-programada, el contrato inteligente ejecuta la cláusula contractual correspondiente. Tienen como objetivo brindar una seguridad superior a la ley de contrato tradicional y reducir costos de transacción asociados a la contratación.

Debe reiterarse que la esencia del concepto, al que hace referencia el término “contrato inteligente” o “smart contract” se refiere a cualquier tipo de contrato entre dos o más partes, que es capaz de ejecutarse y hacerse cumplir por sí mismo, de manera autónoma y automática. Además, debe tenerse presente que las partes de un contrato inteligente pueden ser tanto personas como máquinas, lo que abre una ventana al Internet de las Cosas (“Internet of Things” – IoT).

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FUE DEFINIDO EN 1997

Los contratos inteligentes están escritos en código de programación, es decir, son programas informáticos que ejecutan autónoma y automáticamente los términos de un contrato. Todo ello sin la intervención humana en el proceso.

El concepto de contrato inteligente lo definió en 1997 el criptógrafo y jurista Nick Szabo, pero no se había podido llevar a la práctica porque no era posible con la infraestructura tecnológica que existía. Para que se puedan ejecutar los contratos inteligentes es necesario que exista las transacciones programables en un sistema financiero que las reconozca. Y precisamente eso es lo que Bitcoin y su tecnología, y la cadena de bloques (“blockchain”), han hecho posible.

En las décadas de 1970 y 1980 un movimiento informático se propuso implantar los mecanismos de mercado como las subastas o las ventas al campo de la informática. Mientras tanto la criptografia de clave pública revolucionó en aquel entonces lo que era posible en cuanto a seguridad en la red.

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Nick Szabo con su término “smart contracts” pretendía enfatizar el objetivo de llevar lo que el llamaba las prácticas «altamente evolucionadas» de la ley de contratos y las prácticas comerciales relacionadas hacia el diseño de protocolos de comercio electrónico entre extraños en internet. Szabo, inspirado por investigadores como David Chaum, también creía que la especificación a través de una lógica clara, y una verificación o ejecución a través de protocolos criptográficos y otros mecanismos de seguridad digital, podrían constituir una mejora importante sobre los contratos legales tradicionales.

Mark Miller y otros han subrayado la utilización de otro tipo de seguridad como base de los contratos inteligentes, a diferencia de Chaum y otros investigadores en criptografía financiera los cuales ponen énfasis en utilizar protocolos criptográficos avanzados para mejorar la seguridad y la privacidad del dinero digital, la firma de contratos, las subastas y otros mecanismos comerciales.

La mayoría de los anteriormente citados ejemplos, tienen, probablemente líneas de desarrollo independientes, y de hecho muchos defensores ven los contratos inteligentes como el resultado inevitable de muchos esfuerzos independientes para mejorar las operaciones en varias industrias que utilizan la tecnología digital.

HAY VARIOS LENGUAJES

Actualmente, varios lenguajes formales se han desarrollado, especificado o propuesto para especificar las cláusulas contractuales de este tipo de contratos. El IEEE tiene dos grupos de trabajo especializados en contratos digitales, los cuales promueven que esta investigación continúe en el futuro.

El auge de esta tecnología está siendo exponencial y grandes corporaciones de diversos sectores han comenzado a estudiar su aplicación dentro de sus distintos modelos de negocio. Tal como afirma Luis Pastor, la razón de ello se encuentra en una de las características fundamentales de los “smart contracts”, y que hace referencia a que básicamente constituyen términos pactados entre dos o más partes, en los que las condiciones acordadas se ejecutan automáticamente una vez que se cumplen.

Al usar “blockchain” como fuente de información, estos contratos inteligentes pueden son válidos para custodiar activos y garantizan la neutralidad. Pero además de contratos, en un “blockchain”, o “cadena de bloques”, también se pueden registrar otras transacciones de forma fiable: bonos, acciones, registro y transferencia de propiedades y cualquier tipo de derecho u obligación. Incluso titulizaciones totales o parciales. Estas prestaciones son las que han impulsado al sector financiero y bancario a explorar de forma temprana las posibilidades de negocio que ofrece esta nueva tecnología.

¿DÓNDE SE ALMACENAN?

En este sentido, OroyFinanzas.com ha puesto de manifiesto que los contratos inteligentes son scripts repetibles y autónomos que se ejecutan en la cadena de bloques (“blockchain”) y representan promesas unilaterales de proporcionar una tarea informática determinada.

Se almacenan en una dirección específica en la cadena de bloques. Dicha dirección se determina cuando los contratos son compilados y enviados a la cadena de bloques. Cuando se produce un evento contemplado en el contrato, se envía una transacción a esa dirección y la máquina virtual distribuida ejecuta los códigos de operación del script (o claúsulas) utilizando los datos enviados con dicha transacción.

Los contratos inteligentes pueden estar codificados de modo que reflejen cualquier tipo de lógica basada en datos: desde acciones tan sencillas como votar por una publicación en un foro, una compra por Internet, o incluso acciones con un mayor nivel de complejidad, como garantías de préstamos y contratos de futuros, así como acciones sumamente complejas como la fijación de prioridades de pago en una nota estructurada.

Estos serían algunos de los usos que se podrían dar a los contratos inteligentes:

a). Préstamos: podrían almacenarse como contrato inteligente en la cadena de bloques junto con la información de las garantías de la propiedad.

Si el deudor no efectúa un pago, el contrato automáticamente podría revocar las claves digitales que le dan acceso a las garantías.

b), Depósito en garantía: los contratos inteligentes se pueden configurar fácilmente como cuentas de depósito en garantía que hacen un seguimiento del intercambio entre dos partes. El comprador de bienes o servicios transferiría el pago a la cuenta del contrato.

El contrato supervisaría los servicios externos (aplicaciones de empresas de mensajería) y, una vez transferida la propiedad del vendedor al comprador, el contrato liberaría automáticamente los fondos al vendedor. Este sistema podría extenderse a todas las compras realizadas por Internet, por ejemplo, ya que los gastos serían mínimos.

c). Controles de gasto: Las carteras Bitcoin controladas por contratos podrían incluir muchos tipos diferentes de controles complejos, desde límites de reintegro diarios hasta la concesión o la rescisión del acceso a entidades específicas.

La generalización de este fenómeno llevaría a la noción de dinero programable, un tipo de dinero que puede establecerse de modo que se gaste únicamente en determinados tipos de activos, en una zona geográfica, entre dos fechas, etc. y que podría ser usado en empresa privada, instituciones públicas y organizaciones no gubernamentales y limitar con ello la corrupción.

d). Herencias y donaciones: Las herencias podrían automatizarse estableciendo la asignación de activos tras el fallecimiento.

Una vez que el contrato inteligente puede verificar la condición de activación, en este caso el fallecimiento, el contrato entra en vigor y los activos se reparten. También podrían crearse contratos con donaciones para ejecutarse en un determinado momento, por ejemplo, cuando tu hijo sea mayor de edad.

SU APLICACIÓN NO ES SENCILLA

La implementación de los “smart contracts” dista mucho de ser un proceso sencillo debido a importantes problemas relacionados con su definición:

a). Aplicación en el «mundo real».

Los “smart contracts” son simplemente software y como tales se pueden «ejecutar», o mejor dicho pueden administrar el estado de los datos a los que tienen acceso en la cadena de bloques. Pero, más allá de eso, tienen poco alcance. Dentro del futuro previsible ningún tribunal podrá hacerlos cumplir y pocos estarán dispuestos a confiar únicamente en ellos para estructurar todos los términos de una transacción comercial.

b). Flexibilidad.

Los “smart contracts” parecen dar por supuesto que las partes pueden determinar todos los aspectos de las negociaciones al inicio de su transacción. Pero en el mundo real, los contratos acaban a menudo por ser imprecisos, pues lo que sucede después de que las partes lleguen a un acuerdo con frecuencia es imprevisible.

Los “smart contracts” deben tener mecanismos que permitan a las partes modificar sus acuerdos cuando lo deseen mutuamente.

c). Adopción.

Las ventajas más importantes de la adopción de los “smart contracts” se materializan cuando numerosas entidades empiezan a automatizar sus interacciones utilizando “smart contracts” y un bloque de cadenas creado específicamente para la interacción entre varias partes.

Dado que en la actualidad solo un número limitado de personas tienen conocimientos técnicos para desarrollar e implementar sistemas de “smart contracts”, esto supone un verdadero reto.

d). Responsabilidad legal.

Los “smart contracts” plantean un reto importante para las autoridades reguladoras, pues permiten la creación de versiones automatizadas descentralizadas de servicios P2P, como Uber o Airbnb, que conectan a las personas y manejan los pagos sin necesidad de una empresa intermediaria.

Los reguladores se quedarían sin objetivo al que dirigirse porque detrás no hay entidad legal alguna.

Todo ello supone, en definitiva, una importantísima innovación, que abrirá paso a nuevas formas contractuales con los consiguientes problemas jurídicos, que sin lugar a dudas necesitarán una adaptación normativa idónea, a los efectos de poder tutelar adecuadamente las relaciones jurídicas que se van a derivar de su puesta en funcionamiento.

por Javier Puyol.

Javier Puyol es abogado, socio director de Puyol Abogados, magistrado excedente, exletrado del Tribunal Constitucional, exdirector de la Asesoría Jurídica Contenciosa del BBVA, consultor en tecnologías de la información y comunicación, administrador concursal, árbitro y mediador civil y mercantil, profesor universitario y académico de la Real Academia de Jurisprudencia.
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